Me he encontrado con mi viejo profesor salesiano en la playa. Ha sido un encuentro emocionante. Él ya muy mayor me ha pedido que le ayudase a entrar en el mar, que estaba un poco revuelto. Al estrecharle la mano me he dado cuenta de nuevo, de todo lo que me enseñó cuando este entonces joven inexperto, quería comerse el mundo.
La familia era una constante en la enseñanza salesiana “lo más importante” nos decían, y ahora este viejo salesiano me ha recordado esas palabras, al mismo tiempo que me indicaba las del Rector Mayor de la Congregación salesiana, el español Ángel Fernández Artime, que este pasado jueves ha dicho que “la familia está hecha de rostros, de personas que aman, hablan, se sacrifican por los otros y defienden la vida a toda costa. Uno se hace persona estando en familia, creciendo con mamá y papá, respirando el calor de la casa, verdadero nido y cuna de la vida. Es en la familia donde recibimos el nombre y, por tanto, nuestra dignidad. La familia es el lugar de la amistad, de los afectos, el espacio de la intimidad, donde se aprende el arte del diálogo y de lacomunicación interpersonal”.
Una reflexión que me ha recordado mi viejo profesor en el agua, rodeados de familias, que disfrutan de este verano caluroso. Ha sido durante un “buenas noches”. ¿Te acuerdas Rafael de los “buenas noches”? Como no voy acordarme. Todos los días los salesianos despiden a sus alumnos con “un buenas noches”, que no son otra cosa, que pequeñas reflexiones sobre lo cotidiano. Una herencia del fundador, San Juan Bosco.
Ahora su décimo sucesor, el Rector Mayor, durante la fiesta de apertura del VII Congreso Internacional de María Auxiliadora, que se celebró este jueves en Turín, con motivo del bicentenario del nacimiento de Don Bosco, nos ha hablado de que el fundador de los salesianos supo del valor supremo de la familia con el “optimismo en todas las situaciones, la resistencia en los momentos de desdicha, la capacidad de recuperarse después de los reveses, la alegría siempre y a pesar de todo, el espíritu de solidaridad, la fe viva, la verdad y la intensidad de los afectos, el gusto por la acogida y la hospitalidad; todos los bienes que había encontrado en la familia y que le habían construido esa forma de ser, hasta ser ese Don Bosco que todos admiraban y todos buscaban”.
Mi viejo profesor, Ya sentado en la arena de la playa junto a ji familia me ha vuelto a decir que “para nosotros, hijos de Don Bosco, la familia es una realidad constitutiva de nuestra vida y de nuestra misión”. Todo esto me lo decía mi viejo profesor cuando al lado nuestro dormitaban varios jóvenes que habían pasado la noche en un festival de música que se celebra en un pueblecito cercano.