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Los kurdos, ¿aliados cruciales contra Estado Islámico o amenaza terrorista?

ANÁLISIS

Borja M. Herraiz | Martes 11 de agosto de 2015
El PKK se antoja como un actor esencial contra el yihadismo. Por B. M. Herraiz

El imparable ascenso y despliegue de Estado Islámico en Siria y el norte de Iraq a lo largo del último año ha supuesto una reorganización del equilibro de poder en Oriente Medio. El régimen de Baschar Al Assad, que por momentos era el enemigo número uno de Occidente, se ha convertido, con el paso del tiempo, en un mal necesario para detener el avance del yihadismo en una región tan convulsa.

Algo similar pero a la inversa ha pasado con Turquía, que de aliado esencial de Estados Unidos ha pasado a ser acusado de permitir el paso de millares de extremistas de todo el mundo camino de pasar a engrosar las filas de Estado Islámico y, con ello, buscar el debilitamiento de Al Assad.

En este contexto, la comunidad internacional ha buscado reforzar a todo aquel actor que se presentara como un activo en la lucha contra Abu Bakr Al Baghdadi y es aquí donde han cobrado fuerza los kurdos, frontalmente enemistados con el Gobierno de Ankara desde hace más de tres décadas.

Desde sus bastiones en el montañoso noreste iraquí, las fuerzas kurdas han recibido de buen grado la ayuda internacional en forma de material militar y ayuda económica para, en principio, plantar cara a los yihadistas, algo que han hecho con una valentía y eficacia sobradamente demostrada por sus peshmergas, sus tropas de élite, a lo largo y ancho del Kurdistán.

Sin embargo, Ankara denuncia que el PKK, su brazo político y considerado organización terrorista por numerosos países, ha utilizado todos esos recursos para ampliar sus miras e intentar incrementar sus dominios en la zona en busca de su ansiado estado independiente. Esta teoría se ve reforzada con la cadena de atentados perpetrados en las últimas fechas por kurdos en el sureste turco, una región en constante inestabilidad por las fricciones entre las fuerzas de seguridad otomanas y los seguidores del PKK.

Así, el dilema está ahí. ¿Es la comunidad kurda parte de la complicada solución del problema que representa EI o es una creciente organización terrorista que una vez más Occidente, como ya pasó con Al Qaeda y el propio Estado Islámico, ha armado para después ver cómo se vuelve contra sus intereses? Probablemente, ambos escenarios sean correctos.

Por un lado, los peshmergas son esenciales para frenar el avance de las tropas de Al Baghdadi por el Kurdistán, una región con importantes recursos energéticos y enclaves estratégicos sobre los que los yihadistas están deseosos de tomar posesión. Que las tropas kurdas presenten batalla es esencial, y para ello requieren de un equipamiento militar y de un respaldo financiero del que Occidente no puede prescindir si de verdad quiere mermar el poder de EI.

Por otro, los mecanismos de control respecto a qué se hace con toda esa ayuda logística y económica están fallando, pues las facciones kurdas más radicales están desviando su capacidad operativa hacia Turquía en busca del reconocimiento soberano, algo que difícilmente lograrán por la vía de la violencia terrorista.

Cobra especial relevancia el llamamiento a la lucha exclusivamente política, en detrimento de las acciones militares, que realizó en marzo de 2013 el líder espiritual de los kurdos, Abdullah Öcalan, encarcelado desde 1999 cerca de Estambul.

El liderazgo de Öcalan apenas se ha visto mermado durante su estancia en prisión, por lo que su llamamiento a la tranquilidad y al diálogo se antoja como vital para lograr estabilizar el frente suroriental de Turquía, que en las últimas semanas ha cambiado su estrategia y ha reforzado los controles para evitar la incesante llegada de yihadistas hasta el territorio controlado por EI.

La deriva autoritaria del Gobierno de Recep Tayip Erdogan no invita al optimismo en cuanto al diálogo bilateral con la comunidad kurda se refiere. Por tanto, se espera que sean Bruselas y Washington los que calmen los ánimos y llamen a la unidad entre todas las partes en pos de un objetivo común y prioritario a día de hoy: derrotar a Estado Islámico y devolver la estabilidad a la región.

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