Opinión

Conversación en Aixerrota

AL PASO

Juan José Solozábal | Martes 11 de agosto de 2015

Esta vez no hemos quedado en casa, como ocurrió la última hace varias años con tus “acompañantes” aguardándote abajo. Te asomaste al ventanal que da a la placita recoleta de las acacias, donde durante años permaneció un cartel electoral anunciando la candidatura de Mario Onaindía. Curiosamente han reformado el pavimento, también, repetidamente la fachada del bar de enfrente, pero el afiche se mantuvo a pesar de los inviernos y las calamidades. Te llamó la atención en el salón vintage de los sesenta de la casa el cuadro, algo cubista, que representa, de modo figurado, Ollauri, y del que no me desprendería por nada del mundo, aunque fuese cierta la afirmación que algunos han hecho sobre la realización a distancia del paisaje.

Nos veremos en Aixerrota (el Molino) y pasearemos un rato. Dejaremos el cementerio marino al lado y enfilaremos hacia Punta Galea y aun más lejos, camino de Azkorri. De regreso recuperaremos fuerzas en el Maitena. No hablaremos de política, aunque sí del País, como siempre, precisamente de su realidad constitutiva, paradójicamente de naturaleza espiritual, que trasciende a los datos o hechos concretos que percibimos. La desconexión entre la realidad aparente y el fondo de las cosas determina la superficialidad de muchos análisis, en los que, por lo demás faltan perspectivas esenciales. El resultado, vienes a pensar, es la levedad de los debates, cuando no la manipulación y la preterición de determinadas cuestiones de los mismos.

Muestras tu sorpresa, por ejemplo, por la falta de discusión sobre cuestiones filosóficas o teológicas, esenciales para encontrar sentido a nuestra existencia: pero este tipo de planteamientos son considerados excentricidades o desbarres ideológicos, admitiendo sin mayor cuestionamiento la objeción kantiana a la religión como señal de infantilismo intelectual. Señalas escandalizado que el tema a debate sobre el papa Francisco sea exclusivamente política, acerca de las relaciones entre el poder y la iglesia, pero en realidad la reflexión teológica es inexistente. Me dices que estás leyendo sobre el misterio de la Trinidad y me recomiendas Was am Karfreitag wirklich geschah (lo que realmente sucedió el Viernes Santo). En realidad, te digo, el aporte religioso al debate espiritual sigue siendo considerable, como lo prueba la centralidad de la idea de dignidad de la persona en el constitucionalismo de nuestro tiempo, y que es inseparable de la contribución cristiana-por ejemplo la obra de pensadores católicos como Maritain o Dürig-según se pone de manifiesto en el libro de Somek, Cosmopolitan Costitutionalism.

Conoces, como pocos, la Iglesia Vasca, no solo en sus protagonistas actuales sino en algunas de sus figuras ya pasadas. Hablamos de los tiempos de Jose Ignacio Tellechea y de Anton Artamendi, también de otra gente que ha pasado por el seminario o a los que conociste mientras estudiaste teología en la suiza Friburgo, con los padres blancos, en la route de la Vignettaz en la parte alta de la ciudad. Después, tras una estancia en San Sebastián, que incluyó tu duro paso por la comandancia de la Guardia civil en el Antiguo y seis meses en Martutene, cursaste estudios en Münster. Te señalo que don Miguel de Azaola residió en Friburgo, cuya biblioteca del instituto de federalismo que dirige el maestro de los constitucionalistas suizos Thomas Fleiner, has frecuentado también tú. Acabamos conversando, me parece que sin llegar a conclusiones claras, sobre el rigorismo religioso vasco. Azaola señalaba su vertiente moral, dada la troncalidad del sistema hereditario.La orientación misionera del prototipo ignaciano, apunto, que miraba a la vez adentro y al mundo, propició la importancia de la organización en la orden, inseparable de su eficacia ejemplar.

La insustancialidad del debate público que singulariza de modo especial al caso vasco frente al común español, puede tener una de sus causas en la dificultad para asumir la pluralidad a la que es reacio el nacionalismo: pero la misma es indefectible. En el salón de actos del ayuntamiento de tu pueblo diversos cuadros celebran a los hijos ilustres del mismo: estos son el fundador en América de una ciudad, como sucede en Durango o en Mundaca o ocurría de modo comparable en Pasajes con Blas de Lezo; un secretario de hacienda de la época de los Borbones (en otros sitios no faltará un general carlista); o un contribuidor, como tu hermano, a las letras vascas. Tampoco vas a encontrar mucha comprensión si denuncias, con una agudeza que me sorprende, la situación de la Universidad del País Vasco, en un lugar anormalmente bajo en el ranking de las universidades españolas(dice el Informe del BBVA). Me parece que es muy importante la reflexión sobre la Universidad, cuya carencia tuvo, a mi juicio, una trascendencia innegable en la percepción de los problemas del País Vasco y en concreto sobre las oportunidades de la violencia en nuestra historia reciente. Dejamos de lado en la conversación esta cuestión sobre la formación de la elite vasca sin verdadera Universidad, escorados los estudios superiores hacia las carreras técnicas y con una orientación profesional muy marcada en el caso de la institución de Deusto. Hoy la recuperación de la Universidad no podrá verificarse de modo sustancial sin una rectificación del modo de acceso al profesorado, que en el presente tiene efecto a través del sistema de acreditación cuyos resultados a la larga van a ser sumamente negativos, produciendo una consolidación del actual modelo que entre otros males está cerrando el acceso a la docencia a muchos jóvenes valiosos, causando un injusto perjuicio a esta generación e infligiendo un daño de reparación difícil a la propia Universidad.

Crees y lo dices con tu característica lucidez que resulta insoportable para muchos (tu siempre haciendo amigos, te han dicho alguna vez: hi beti lagunak egiten; a otros con parecida intención seguramente les han señalado como “pájaro que vuela libre”) que la recuperación nacional requiere la asunción consecuente de la verdadera relación económica con España, que está establecida en estos momentos en términos inaceptables. Como se deduce del monto del cupo y las prestaciones de la Seguridad social, la balanza se inclina llamativamente hacia el lado de Euskadi. Hay fórmulas, sin negar la mayor-el reconocimiento constitucional de la especificidad- de recuperar el equilibrio. Lo que faltan son las ganas.