Opinión

Historia como diversión

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 15 de agosto de 2015

Las lecturas veraniegas tienen que ser lo menos pesadas posibles, si es que se hacen. Cada vez optamos por más playa y menos lecturas, el libro ya no sirve ni siquiera para protegerse de los rayos del sol. No obstante, los autores todavía albergan esperanzas de poder interesar al publico con sus nuevas aportaciones. Los historiadores no dejan escapar la ocasión y nos brindan sus novedades. Una de ellas es La rebelión de Tupac Amaru (Instituto de Estudios Peruanos, 2015), traducción de una obra del estadounidense Charles Walker. El autor es un destacado estudioso, director del Instituto Hemisférico de las Américas (Universidad de California, Davis); la obra The Tupac Amaru Rebellion fue considerada una de los mejores libros de historia por The Financial Times en 2014.

El libro, agotado en los EEUU, ha creado expectación entre el público hispanohablante. El interés va más alláde la razón anunciada por los periodistas o críticos, a saber, la “insurrección americana contra la autoridad española”que tuvo lugar en el virreinato del Perú, durante 1780 y 1781. Es necesario reconocer que una simple descripción de un día en el virreinato del Perúde aquella época, sin rebelión ni sucesos extraordinarios ya es interesantísima para el lector. Además, la facilidad con la que Walker mueve la pluma es incuestionable: su prosa es fluida, engancha al lector. Mas, cuando le vemos recrear ante nuestros ojos una sociedad efímera, siempre al borde del abismo, siempre bajo el riesgo de romperse, porque aglutinaba a los peninsulares, a los criollos (españoles nacidos allá), a los mestizos y a los indígenas, tenemos que sospechar que Walker tiene ciertos límites intelectuales para entender la complejidad de esa sociedad hispánica. Al autor le cuesta entender el mestizaje cultural, étnico, en fin, político que lleva el Imperio español a esas tierras. Le cuesta comprender, pues, la mezcla de las tradiciones andinas con la cultura occidental, española.

Aunque el libro es una deliciosa descripción literaria de esa época, es más que una novela. Es un libro de historia. Entonces nos queda ver cuál es la visión de Walker de la rebelión de Tupac Amaru. Apartemonos, amigo lector, de los “slogans”como “reconstruye por primera vez la guerra total”o “cambiólos Andes y el mundo atlántico de manera permanente”. No dejan de ser meras fórmulas para atraer al público más amplio. El movimiento de Tupac Amaru es uno de los movimientos más estudiados del siglo XVIII. Su dimensión e importancia política no podía no atraer a numerosos investigadores, no podía no fascinar a un estudioso como Walker.

Walker da una visión algo simplista de la rebelión. Falta contexto histórico. Resalta su carácter “sensacionalista”, cuando en realidad todos los territorios de Hispanoamérica, en la segunda parte del siglo XVIII, vivían un malestar por las reformas borbónicas, que incrementaron los tributos e hicieron las leyes y los controles más rígidos. La rebelión de Tupac es sólo un episodio entre varios, por ejemplo, el mismo año de la rebelión de Amaru, en 1780, el criollo Lorenzo Farfán de los Godos organizóuna sublevación conocida como la rebelión de los plateros. Durante el episodio que tuvo lugar en Cuzco se rebelaron los escribanos, el clero regional, la gente andina, es decir, mestizos e indígenas. De hecho, uno de los jefes del movimiento fue el curaca Bernardo Pumayauli Tambohuacso. Cuando éste último fue apresado, su defensa en los tribunales corrióa cargo de JoséBaquíjano y Carrillo, descendiente directo de los conquistadores del imperio inca y académico de la Sociedad de Amantes del País.

Tampoco Walker ahonda mucho en explicar el carácter de la rebelión de Tupac Amaru. Con certeza muchos investigadores le asignaron el lema: “Viva el rey y muera el mal gobierno”. Las rebeliones de todo el siglo pocas veces fueron antiregalistas, las más iban en contra los poderes locales cuyo comportamiento fue más que cuestionable, añadimos a esto la difícil situación por el aumento de recaudación y asírevelamos sólo algunas de las razones del descontento.

Frente a este panorama multifacético, sumamente intrincado por la cantidad de intereses de varios grupos sociales, Walker se queda en la superficie: la brutalidad de la opresión española y la resistencia del cacique-indígena Tupac. Un tópico. Un lugar común que suelen mantener los historiadores de la corriente políticamente-correcta. Los informes que escribía Tupac Amaru contra las medidas de la administración, van acompañados por otros escritos de los religiosos y funcionarios españoles que descubren sin tapujos la situación penosa de algunas poblaciones. Además, el autor destaca que fue España quien ocultóel nombre de Tupac, ya que éste no es un símbolo de la liberación durante la independencia peruana en 1814, los libertadores, San Martín ni Bolívar, no lo tratan. A Walker no se le pasa por la cabeza lo insensato de evocar a un dirigente indígena por parte de los criollos de pura cepa…En fin, el libro es un buen ejercicio literario, pero cuestionable investigación histórica.