EL IMPARCIAL | Domingo 16 de agosto de 2015
Crecen las sospechas de que el Estado Islámico (EI) ha utilizado gas mostaza durante uno de sus últimos ataques en Irak contra las fuerzas kurdas. Según han explicado funcionarios del departamento de Defensa de Estados Unidos, los huestes del califato pudieron obtener el gas en Siria o en Irak, los dos puntos más probables de su origen. En el primer caso, recuerdan que el régimen de Bashar -al Asad admitió en 2013 tener un nutrido arsenal de armamento químico. Aunque se comprometió a destruirlo, nunca se llegó a tener la certeza de que así fuera. En el segundo, se baraja la hipótesis de que se trate de restos de estas armas con las que contaba Saddam Hussein. En cualquier caso, el Pentágono tiene previsto investigar el asunto. Por otro lado, el Ministerio de Defensa alemán asegura que el EI lanzó granadas de gas cloro en la ciudad de Majmur contra los peshmerga, que están realizando una épica batalla para detener el avance de los yihadistas.
La posibilidad de que los fanáticos y sanguinarios miembros del EI emplearan armas químicas es absolutamente verosímil en consonancia con su catadura. Acaba de saberse también que el autoproclamado califa del EI, Abu Bark Al Baghdadi, violó en repetidas ocasiones a la cooperante norteamericana Kayla Mueller, secuestrada, torturada y asesinada por el califato del terror. Como es sabido, el uso de armas químicas, catalogadas por la ONU como armas de destrucción masiva, está prohibido internacionalmente, algo que, naturalmente, al EI le trae sin cuidado. Muy al contrario, las utilizará siempre que las consiga y pueda como un nuevo elemento para aumentar su maligna capacidad de destrucción.
Si se confirman las sospechas, es evidente que Estados Unidos deberá entrenar a quienes combaten al EI sobre el terreno a defenderse de los ataques químicos y proporcionarles material protector. Pero no debería limitarse a eso. Habrá que impedir que el Estado Islámico siga obteniendo armas químicas que en manos de sus bárbaras tropas puede abrir un escenario todavía más terrorífico, pues, por ejemplo, seguro que nada les detendría a extender el lanzamiento de estas armas contra toda población civil que consideren enemiga o cuando menos recurrir a su posible uso como elemento de chantaje para someterla.