Editorial

Pacto de Estado contra la violencia de género

EL IMPARCIAL | Domingo 16 de agosto de 2015
El repugnante asesinato de Laura del Hoyo Chamón y de Marina Okarynska, a manos presuntamente del exnovio de la segunda, ha llevado a primera plana la lacra de la violencia de género y doméstica, de la que este verano ha habido numerosos y terribles ejemplos. Así, el crimen de Cuenca se sumó al de la mujer que presuntamente degolló a su bebé en Toledo, al del vecino de la localidad alicantina de Villajoyosa que mató a su mujer y a sus dos hijos y después provocó un incendio donde él mismo pereció, o al de parricida de Moraña (Pontevedra) que aprovechó las vacaciones con sus hijas de 4 y 9 años para matarlas el día antes que las niñas tenían que volver con su madre, la exesposa del presunto responsable del crimen. Y no son los únicos casos, pues en la que va de año son más de treinta las víctimas de violencia de género.

La violencia de género y el maltrato son delitos especialmente repulsivos y que lógicamente causan gran alarma social, máxime cuando no parece que disminuyan sino que crecen, e incluso con más virulencia. Cada vez que surge un nuevo caso se suceden las muestras de solidaridad y se hacen votos para que no vuelva a producirse ninguno más. Lo que resulta, sin duda, imprescindible pero claramente insuficiente. Como se ha mostrado insuficiente la ley contra la violencia de género impulsada por los socialistas y aprobada en 2004. Aunque no se dude de las buenas intenciones que la motivaron, hoy es un hecho que no ha resultado la panacea, como quiso plantearse.

Tras los últimos crímenes, ahora es el propio PSOE quien reconoce las disfunciones de esa ley y la urgente necesidad de reformarla y mejorarla. Y bueno es que a la vez el PSOE haya instado al Gobierno a liderar un pacto de Estado contra esta lacra y a que convoque a todas las Comunidades Autónomas para implantar protocolos conjuntos de actuación. Ante la despreciable violencia de género no basta con el lamento. Hay que ir todos juntos contra ella, más allá colores políticos. Y hay que hacerlo con efectividad, y con todos los medios y en todos los campos, no solo policiales y jurídicos -sin duda imprescindibles-, sino también de carácter social y educativo. Especialmente preocupante resulta cómo esta violencia se está instalando entre los adolescentes. La violencia de género es una lacra nauseabunda, pero no debemos olvidar su complejidad que supera explicaciones meramente ideológicas y mecanicistas. Solo así podremos tanto prevenirla como combatirla con la contundencia y la máxima eficacia que exige.