Plaza y Janés. Barcelona, 2015. 352 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 11,99 €
Por Jorge Pato García
Hablar de Isabel Allende es hablar de la verdadera pasión por los personajes, pocos autores en la actualidad son capaces de generar tanto interés en el lector sobre cuál va a ser el devenir de su vida a lo largo de la novela que estemos leyendo. No ha pasado ni un año desde la última entrega de esta autora chilena, El juego de Ripper, y de su mano volvemos a San Francisco, la que podría ser la más extravagante de las grandes ciudades norteamericanas, por romper con el estereotipo estadounidense y tener ese toque bohemio, hippie y reivindicativo que conserva hasta nuestro días.
Nadie puede albergar alguna duda respecto a si habrá o no un contenido romántico en esta novela, ya desde que conocimos a Allende con La casa de los espíritus es una constante, pero que va tintando de diferentes matices en cada nueva entrega, haciendo que siempre sean historias frescas, siempre apasionadas y por supuesto evocadoras.
En esta ocasión nos situamos en una residencia de ancianos, Lark House, pero no es una residencia de ancianos al uso, tiene todo la esencia de la propia ciudad en la que se ubica. Pocas normas, menos restricciones, una organización básica para poder atender debidamente a los residentes y la total libertad de poder abandonar el lugar en cualquier momento, ya que la puertas del centro permanecen abiertas durante el día, es decir, una residencia de ancianos alejada de los estereotipos que todos tenemos en mente. Y allí es donde Irina Bazili comienza a trabajar, e incluso donde purgar parte de su cargo de conciencia por no haber sido una nieta ejemplar, ahora tiene la oportunidad, aunque sea con extraños, de preocuparse por esos residentes como si cada uno de ellos fuese su familia.
Irina a llegada Lark House, recibe pocas instrucciones de su superior, claras y concisas, pero a pesar de ello siempre todo lo que se convierte en orden tiene un halo que nos invita a saltárnoslo. Vivirá todo tipo de experiencias, incluso será cortejada por uno de los ancianos residentes, con un desenlace dramático. Pero la verdadera y principal historia se desarrolla con una residente, o clienta, como le gusta llamar al director del lugar a sus moradores.
Después de un incidente en el que queda demostrado el buen hacer de Irina recibe la propuesta de ser la secretaria personal de Alma, una distinguida clienta de Lark House, y será este punto en el que se entremezclen dos romances. Uno el que ocurre en el tiempo presente entre el nieto de Alma y su nueva ayudante. Y otro en el pasado, el que se descubre de un modo casual y que da nombre a la novela, el romance entre Alma e Ichimei, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y las terribles consecuencias que para esta historia de amor tuvo la represión sufrida por los japoneses durante esos años en los Estados Unidos.
De nuevo amor, de nuevo pasión, de nuevo Isabel Allende.