Miércoles 19 de agosto de 2015
No lleva coleta y casi le dobla la edad al original, pero ya se le conoce como el Pablo Iglesias británico. Se trata de Jeremy Corbyn, que ha subido al estrellato en el Partido Laborista y muchos le ven ya como quien conducirá a la formación y en su día optará a ser el inquilino del número 10 de Downig Street. Según parece, este veterano diputado tiene muchas papeletas para liderar al laborismo, pese a que hasta hace bien poco nadie le veía en ese cargo. Ni quisiera sus propios correligionarios a quienes les ha sorprendido enormemente que ahora aparezca como favorito, cuando solo en el último instante consiguió las firmas necesarias para presentar su candidatura. El terremoto Jeremy Corbyn es un fenómeno que está revolucionando el laborismo, muy dolido por su gran descalabro en las pasadas elecciones.
Ese descalabro y la subsiguiente dimisión de Ed Miliband ha propiciado que el populismo de Jeremy Corbyn se abra paso entre el rechazo de pesos pesados del laborismo como Tony Blair o Alan Johnson que ha instado incluso a sus compañeros de filas a terminar con esta locura. Porque, claro, todos aventuran que de llegar Corbyn a la cabeza del partido, el laborismo quedará condenado a una eterna oposición. Y, ciertamente, no parece que los británicos se inclinarían por Corbyn, dadas las premisas que defiende quien, como nuestro Pablo Iglesias, corrió apoyar a Alexis Tsipras y no le hace ascos, sino todo lo contrario, al chavismo. Unos británicos que en las pasadas y recientes elecciones volvieron a votar masivamente a David Cameron, en las antípodas de la demagogia manejada por Corbyn, que, entre otras cosas, promete acabar con la austeridad en el giro hacia la izquierda radical que quiere imprimir al partido. También se declara antimonárquico, está a favor de las nacionalizaciones de sectores estratégicos y, naturalmente, de un mayor intervencionismo estatal. Como se ve, todo su recetario es el que ha traído gran prosperidad allí donde se ha impuesto.
El fenómeno Corbyn se suma a la corriente populista que de una forma u otra quiere hacerse hueco en Europa y que cuando surge, como sucedió en España con Podemos, parece que va a arrastrar. Luego se va desinflando y de momento solo ha llegado al poder en Grecia con los resultados de todos conocidos. Resultados sobre los que ni Corbyn, ni tampoco Pablo Iglesias, han hecho precisamente muchos comentarios cuando no perdieron tiempo en ir a Grecia a hacerse la foto con Tsipras. Aunque no estaría de más que Europa en su conjunto tome nota, afronte y no minusvalore el auge de los populistas que tan bien entonan los cantos de sirena. Con lo ocurrido en Grecia ha sido suficiente.
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