Si alguien todavía dudaba de que los medios de comunicación no reflejan ni un atisbo de la realidad de lo que pasa en la calle, que lea la carta abierta de Sebastián Castella. La misiva púbica, fechada el 11 de agosto de 2015, contiene más análisis político y social que cualquier prolijo editorial de los grandes periódicos. El destacado diestro pone de relieve que una sociedad que permite vituperar gratuitamente a una minoría pro taurina, es una sociedad enferma.
Castella expresa su indignación con quien insulta a los artistas del arte más efímero, el arte taurino, y a los seguidores de una tradición milenaria. Castella se indigna con toda la razón porque les llamen“asesinos”a los toreros y a los amantes de la fiesta. Y llega a la conclusión que el oropel del estado“democrático”encubre una realidad donde coexisten ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. No sólo los que forman parte del mundo del toro experimentan este malestar, me permito ampliar esta noción a todos los ciudadanos que no quieren tomar plazas ni calles, ni armar escándalos para demostrar su opinión, su creencia o su afición. El error craso de la clase política es confundir este silencio respetuoso con la inexistencia de estos ciudadanos.
Hace tiempo que los discursos políticos, naturalmente, políticamente correctos alardean de presentar no sólo la mayoría de los ciudadanos sino también a las diversas minorías. Presenciamos, en efecto, fiestas, manifestaciones, marchas de todo tipo de “minorías”(ecologistas, “orgullosos”, “indignados”, “ocupas”, etcétera) "avaladas" por el discurso democrático. Todas las minorías pueden manifestarse, acamparse donde les da la gana y montar los “patios de maravillas”en el centro de la ciudad. Todos tienen derecho a expresarse, a tener su hora de gloria. Magnífico. Asídebe ser la verdadera convivencia democrática: la mayoría rige, pero no atosiga a las minorías.
Sin embargo, eso no es toda la verdad, porque en estos tiempos, supuestamente tan abiertos y democráticos, los periódicos transmiten la fiesta del “orgullo”paso a paso, en vivo y en directo, mientras que las fiestas de la Virgen de la Paloma se contentan con un artículo escueto escondido “de por allí”. En el primer caso los líderes políticos agarran las pancartas y corren que se las pela a la primera fila, pero en el segundo, caso de la señora Carmena, están de vacaciones. Si desalojan a unos ocupas, se pone el grito al cielo y si ellos vulneran los derechos más elementales de los vecinos del barrio, a la seguridad y a las mínimas normas sanitarias, no pasa nada.
¿Queda algún ingenuo que crea que todas las minorías tienen la misma posibilidad de expresión? Permitámonos un pequeño ejercicio de imaginación: la manifestación de los aficionados de las corridas de toros. ¡Surrealista fantasía! No nos engañemos: hay minorías para mimarlas y otras para vilipendiarlas.¿Seráesto el primer augurio del “poder del pueblo”, democrático y libre? En fin, parece que hay minorías protegidas por los poderosos políticos y otras, como la taurina, genuina minoría selecta, que tiene que soportar todo tipo de insultos y barbaridades.