Prólogo de Carlos Zanón. Traducción de Joaquín Jordá. Anagrama. Barcelona, 2015. 192 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 9,49 €
Por Carmen R. Santos
“Mientras leía, Terrier se llevó el pulgar y el índice a la cara y se alisó las cejas con gesto maquinal. Luego arrojó el periódico al suelo del DS, apagó la luz y se pasó la palma de la mano por la frente como para desarrugarla. Durante un instante dio la sensación de estar reflexionando. No parecía experimentar ninguna emoción. Tal vez algo de pena. Probablemente reflexionaba: en efecto, su rostro estaba tenso”. Este es uno de los momentos en los que Jean-Patrick Manchette describe a su criatura, Martin Terrier, protagonista de Caza al asesino, titulada en el original francés La position du tireur couché. La noticia de la que da cuenta el diario y que está leyendo Terrier es el asesinato, después de ser violada y torturada, de una joven cuyo cadáver descubrió la asistenta al llegar a su apartamento. Esa joven, Alex, fue la última amante de Terrier. Sin embargo, Terrier “no parecía experimentar ninguna emoción”. En verdad, sentir emociones no es lo que le caracteriza.
Martin Terrier es un frío, meticuloso y muy eficaz asesino a sueldo que no hace preguntas a los que le encargan los crímenes. Solo ejecuta con gran precisión. Por eso quizá su jefe, una misteriosa organización, llamada “La Compañía”, no quiere que abandone su “trabajo” como pretende Terrier, que rehúsa el último encargo. Y quizá también porque aunque Terrier no hace preguntas conoce muchos secretos. La Compañía le pide que actúe una vez más y que luego le dará luz verde para retirarse facilitándole la vida. Pero Terrier tiene otros planes. No porque le haya sobrevenido un repentino ataque de mala conciencia o arrepentimiento -como tampoco ningún escrúpulo muestra La Compañía-, sino porque está empeñado en comenzar una nueva vida, en la que lo primero que hace es ir a buscar a su primer amor, Anne Freux, que prometió esperarle, pero no lo hizo. Ahora está casada, aunque quizá no felizmente, y, en cualquier caso, está aburrida de su existencia burguesa. Se va con Terrier (no se busque en la historia ribetes románticos al uso), y comienzan un periplo en el que nada sale como estaba previsto, mientras el dinero se evapora, les persiguen con saña y los cadáveres se amontonan.
Caza al asesino es uno de los títulos mayores de Jean-Patrick Manchette (Marsella, 1942-París, 1995), maestro indiscutible del neopolar, movimiento que en los años setenta del pasado siglo impulsará una renovación de la novela negra francesa. Con toques pulp, en la obra de Manchette están presentes todos los ingredientes del género, como la violencia y la denuncia: “La buena novela negra es una novela social, una novela de crítica social, que toma como anécdota historias de crímenes”, manifestó el escritor francés que militó durante un tiempo en la extrema izquierda y en la Internacional Situacionista, si bien con una posición muy personal, alejada de simplificaciones.
Como muy personal fue su cultivo del neopolar, imprimiéndole un perfil existencialista de honda desolación -no es por azar que Caza al asesino empiece y termine cuando “es invierno y de noche”-, que encierra un punto de ironía, negra ironía, al ofrecernos personajes como el de Martin Terrier y su patético recorrido desde su condición de gélido sicario hasta la de camarero borracho que es objeto de mofa: “Al acabar la noche, algunos jóvenes se divierten a veces invitándole a beber, de manera que el hombre se entrega a sus excentricidades. Ha llegado incluso a subirse a una mesa para imitar el ladrido del perro, que mezcla con grandes arias de ópera”. Y ello con un estilo impecablemente behaviorista, que bebe sobre todo de su admirado Dashiell Hammett.
Esta breve pero impactante narración de Manchette ha inspirado dos películas. En 1982, Le Choc, dirigida por Robin Davis y protagonizada por Alain Delon, y este mismo año The Gunman, de Pierre Morel, con Sean Penn encarnando a Terrier. Esta última se ha titulado en nuestro país Caza al asesino, y ha dado pie a esta recuperación de la novela, que acoge en su cubierta un fotograma del filme. Recuperación, con un esplendido prólogo de Carlos Zanón, que bienvenida sea para acercarnos de primera mano a su autor, máxime cuando la hace poco estrenada película no ha obtenido precisamente una recepción entusiasta.