Opinión

Guantánamo. El asunto pendiente de Obama

TRIBUNA

Cristina Hermida | Martes 25 de agosto de 2015
A pesar de que Barack Obama prometió que cerraría Guantánamo en caso de ganar las elecciones en 2009, la prisión sigue todavía abierta y por ello son muchos los que se consideran defraudados por el incumplimiento de esta promesa electoral. De hecho, desde el inicio de su mandato, quedó grabada en los norteamericanos esta frase: “Vamos a dar ejemplo no solo con palabras, sino con hechos”. Ese ímpetu inicial del presidente norteamericano se vio reflejado en que uno de sus primeros actos oficiales, en enero de 2009, fue firmar una orden ejecutiva para cerrar el centro en el plazo de un año, prohibiendo las torturas y los abusos en el penal. Sin embargo, fueron muchos otros complicados asuntos y problemas dentro de la administración del presidente los que obligaron a dejar relegado este tema, pasando de considerarse prioritario.

Pues bien, según declaraciones recientes, Obama no quiere acabar su mandato sin demostrar ante la opinión pública que es un hombre de palabra y, en consecuencia, no dejará que sea su sucesor en la Casa Blanca en enero de 2017 quien se ponga la medalla del cierre de esta célebre cárcel; “célebre”, desgraciadamente, por encontrarse sus presos en una especie de “limbo jurídico”, al no haber tenido derecho a abogado, a ser juzgados, a mantener contacto con familiares y al impedirse para ellos, entre otros derechos básicos, la aplicación del principio de la presunción de inocencia.

Como han denunciado diversas organizaciones internacionales, Guantánamo constituye una afrenta para los principios internacionales en materia de derechos humanos puesto que la mayoría de sus presos, supuestos enemigos de EEUU tras la invasión de Afganistán y el inicio de la llamada “guerra contra el terror”, nunca han sido acusados formalmente ni juzgados. Y ello a pesar de que la Corte Suprema estadounidense decidiera, hace más de un lustro, que los detenidos tenían el derecho constitucional a una vista a la mayor brevedad posible para cuestionar la legalidad de su detención.

El New York Times reveló en su día que además los presos eran sometidos a tratos crueles e inhumanos a través de técnicas de agotamiento físico, que los privaban de sueño, situaciones de aislamiento prolongado, alimentaciones forzosas en casos de huelga de hambre, exposición a temperaturas extremas, sometimiento a interrogatorios de más de 20 horas diarias durante 50 días, enfrentamiento a perros adiestrados para provocar el pánico y a castigos corporales de suma dureza y gravedad. De hecho, en 2011, el Gobierno norteamericano reconoció expresamente que se habían infringido estas torturas a los reclusos. Por lo que no es de extrañar que algunos presos optaran por suicidarse en el penal, lo que tampoco resultaba nada fácil.

Los métodos de Guantánamo quedaron también al descubierto en 2011, a través de los papeles de Wikileaks, en los que se revelaron las fichas secretas de 759 presos, entre ellos, adolescentes, enfermos psiquiátricos, o ancianos, no relacionados en modo alguno con la yihad pero que habían sido capturados y sometidos a tortura con el fin de conseguir información a través de ellos.

A la vista de todos estos precedentes, se puede entender mejor la responsabilidad que recae ahora sobre Lisa Monaco, asesora del presidente en antiterrorismo, y sobre el jefe del Pentágono, Ashton Carter, por ser ambos los encargados de defender en el mes de septiembre en el Congreso un nuevo plan para conseguir el cierre de esta cárcel, conocida como la “prisión de los horrores” que, por si no se recuerda, abrió sus puertas hace ya más de una década –nada menos que 13 años- en el sureste de Cuba para detener y aislar, fundamentalmente, a los que se consideraban sospechosos de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El plan que se baraja ahora dentro de la administración de Obama es conseguir que los presos puedan ser trasladados a cárceles en Estados Unidos, como la militar de Fort Leavenworth (Kansas) y la de Navy Brig en Charleston (Carolina del Sur), lo cual seguramente inquiete a los habitantes de estas zonas por el presunto alto grado de peligrosidad de los reclusos.

En mi opinión, no le va a resultar nada fácil a Barack Obama conseguir que el Congreso, con mayoría republicana, vea con buenos ojos el levantamiento de restricciones a los traslados de presos, y posiblemente el presidente de Estados Unidos se vea obligado a ceder en puntos difíciles para los demócratas, generándose con ello aún más tensión dentro de su administración. El senador republicano John McCain ha manifestado, por ejemplo, que está a favor del cierre de Guantánamo pero, como contrapartida, exige garantías para asegurar que estos presos no adquieran derechos adicionales.

En 2003 se computaban en Guantánamo 600 presos de muy variadas nacionalidades, de los cuales hoy quedan sólo 116, según fuentes oficiales. De ellos 52 reclusos han sido considerados excarcelables, ante la falta de pruebas en su contra, pero el problema reside en encontrar un país que los acoja. Bien es verdad que el gobierno norteamericano se ha ocupado de ir enviando paulatinamente prisioneros de vuelta a su país de origen o a terceros países. Y así, por poner un ejemplo, Uruguay recibió como refugiados a seis ex detenidos de Guantánamo en el mes de diciembre de 2014. Según algunas fuentes, el hecho de que haya mayoría de presos yemeníes se ha convertido en uno de los mayores obstáculos para el cierre de la cárcel puesto que el país de origen goza de una situación gravemente inestable y violenta que dificulta el traslado de sus nacionales y además las repatriaciones se han ralentizado por las sospechas de que un miembro yemení de Al Qaeda fuera el responsable del intento fallido para explotar un avión estadounidense en la Navidad de 2009.

De los casi 8000 hombres que se calcula han estado recluidos en Guantánamo, solo siete han sido declarados culpables y por ello serán enviados ante un tribunal militar, entre los que se encuentran, por cierto, los cinco acusados por los atentados del 11 de septiembre.

Obama ha demostrado su gran valía como presidente sobre todo en los últimos tiempos y su interés en no pasar inadvertido ante el tribunal de la historia. El acercamiento a Cuba ha sido un paso verdaderamente histórico pero todavía más creo que lo sería volver a poner a Estados Unidos como país modelo del sistema democrático mundial en el que los derechos humanos básicos quedan protegidos por encima de todo. Ojalá esta reiterada promesa se cumpla antes de acabar su mandato: “Este debe ser el año en el que el Congreso elimine las restricciones sobre la transferencia de prisioneros y vamos a cerrar la prisión de Guantánamo, porque estamos luchando contra el terrorismo, no solo con la inteligencia y las acciones militares, sino siguiendo fieles a los ideales de la Constitución, sentando un ejemplo para todo el mundo”.

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