Domingo 30 de agosto de 2015
Las encuestas sitúan a SYRIZA como virtual ganador de los próximos comicios, aunque por un margen muy estrecho. Así, la ventaja sobre el partido conservador Nueva Democracia pasa de los 15 puntos que llegó a tener en mayo a los escasos 1,5 actuales. Por su parte Unidad Popular, escisión por la izquierda de SYRIZA, apenas sí alcanzaría el 3 por ciento mínimo de sufragios que dan acceso a un parlamento del que quedaría fuera el actual socio de Tsipras, Griegos Independientes.
Todo ello dibuja un panorama sumamente incierto para el futuro inmediato de Grecia. Parece claro que quien gane las elecciones va a tener difícil formar gobierno, y aún más conseguir la estabilidad que tanto necesita el país. Gran parte de los votantes de SYRIZA lo son más por clichés ideológicos o nacionalistas que por convicción real de que el partido de izquierda pueda sacar a los griegos del caos en que Alexis Tsipras ha convertido sus vidas.
Porque es precisamente Tsipras el causante de esta situación. Su dimisión es una mezcla de huída e incapacidad disfrazada de victimismo. Ojalá sirva al menos para escenificar el fracaso de quienes utilizan el populismo y la demagogia como modelo de gestión. El poco capital que había en Grecia ha huido en masa desde que Tsipras puso en marcha sus “recetas”, y las condiciones de este tercer rescate son más duras de lo que podría pensarse en un primer momento, fruto de la desconfianza que inspiraba el gobierno saliente. Quien venga después debería tener muy presente esta herencia para hacer justo lo contrario y evitar que el país se siga hundiendo.