Sábado 31 de mayo de 2008
Esta semana se hacía pública una encuesta del CIS, la primera tras las elecciones del 9 de marzo, en la que se puede apreciar una fuerte caída de la intención de voto de los populares. Si se celebraran elecciones ahora mismo, el PP se haría con el 37,6 por ciento de los votos, 2,5 puntos por debajo del porcentaje real obtenido en los comicios del 9 de marzo, mientras que el PSOE, por su parte, se mantendría con el 43,6 por ciento. En resumen, la diferencia entre ambos partidos ha aumentado en seis puntos. A primera vista, puede interpretarse como un argumento más que sumar a los de los críticos a Rajoy. Sin embargo, si volvemos la vista atrás, no parece tan mal dato.
Hace cuatro años, el PP perdió con el 37,71 por ciento de los votos, frente al 42,59 por ciento de los socialistas, con casi cinco puntos de diferencia. El barómetro que se realizó posteriormente –el equivalente al publicado estos días- registró que la distancia entre ambos partidos aumentó en 10 puntos: el PSOE subió al 45,8 por ciento y el PP cayó al 35,4 por ciento. En aquel entonces, el desgaste de la derrota en las urnas —habitual en todos los partidos que pierden unas elecciones— ‘costó’ a los populares cinco puntos más de diferencia respecto al PSOE que el de este año. Conclusión: con los datos en la mano, resulta difícil aventurarse a decir claramente que el dato hecho público es una muestra más de la mala gestión de Rajoy.
Tras una derrota electoral, todos los partidos sufren un desgaste. En el caso de los populares, éste fue mucho mayor en 2004 -desde el punto de vista electoral- que este año. Dicho esto, es necesario señalar que los políticos y, muchas veces, los medios de comunicación caemos en la tentación utilizar las encuestas como oráculos infalibles y, lo que es peor, tendemos a interpretar sus resultados objetivos para adaptarlos a la realidad de la forma que más convenga. Para los adversarios de Rajoy, la caída que señala el CIS es una prueba más de la incompetencia del presidente popular. Para sus defensores, una prueba de que, más allá del lógico desgaste que produce una derrota, en comparación con 2004, los electores no están tan decepcionados. Con los mismos datos, dos realidades opuestas. ¿Quién sale ganando aquí? El Gobierno, que sigue manejando el país a sus anchas sin que exista el control de una oposición más ocupada en resolver sus asuntos internos que en pedir cuentas y vigilarlo. Y, en la suma final, se deteriora el sistema y perdemos los ciudadanos –independientemente del color de nuestro voto
TEMAS RELACIONADOS: