Opinión

El Papa Francisco y Laudato si

TRIBUNA

Alejandro San Francisco | Martes 01 de septiembre de 2015

Este lunes 31 de agosto asistí a un extraordinario evento académico en la Pontificia Universidad Católica de Chile, a propósito de la última encíclica del Papa Francisco, titulada Laudato si, sobre el cuidado de la casa común. En ella participaron Jaime Antúnez, Director de Revista Humanitas(organizadora del evento), el Rector de la UC Ignacio Sánchez, el Decano de Sociología Eduardo Valenzuela, y un invitado estelar que dio la conferencia magistral: el ex Presidente de la República Ricardo Lagos Escobar.

Esto último tiene un valor especial, considerando lo que señaló el propio invitado: es una persona que, además de ser socialista en términos políticos, no tiene el don de la fe en el plano religioso. Esto no le impide conocer e intentar comprender el pensamiento católico contemporáneo en temas de interés general y que tienen relación con el bien común de la sociedad. Y junto con ser una actividad puntual, se trata de una cultura de diálogo entre creyentes y no creyentes, lo cual si es bien llevado, puede conducir a consecuencias positivas para la sociedad en su conjunto.

El ex Presidente Lagos puso algunos énfasis interesantes: la Encíclica aborda temas que cubren todos los campos que enfrenta el ser humano en un contexto de cambio de época; señaló que Laudato si se debe convertir en un documento crucial para el siglo XXI, como lo fue Rerum Novarum para el siglo XX; que el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, por lo cual la crisis ambiental y la humana es una sola. Adicionalmente, como quizá no podía ser de otra manera, el ex gobernante enfatizó que el Papa destacaba la primacía de la política sobre la economía, en un mundo en que cada vez aparece como dominante un paradigma tecnocrático.

En realidad, vale la pena leer y pensar acerca del documento del Papa Francisco, que es un regalo para todos los hombres y mujeres del mundo. Como suele ocurrir en este tipo de encíclicas, representa un llamado especialmente dirigido a los católicos, pero que resulta también relevante para personas que sin compartir la fe tienen interés en conocer el pensamiento católico y su aporte al desarrollo de la cultura contemporánea.

El texto del Sumo Pontífice es parte del Magisterio Social de la Iglesia, y se trata de una invitación urgente "a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta" (n. 14), considerando el consenso en torno al "preocupante calentamiento del sistema climático" (n. 23). Muchos de estos problemas se han producido por "el comportamiento irresponsable" de los propios seres humanos (n. 6). Al respecto son muchos los factores que contribuyen a generar problemas ecológicos y sociales: la cultura del descarte, la indiferencia hacia los problemas, la persistencia de la pobreza, el crecimiento desmedido y desordenado de las ciudades, la exclusión social, las injustas presiones internacionales a los países en desarrollo, la "desmesura antropocéntrica", la cultura del relativismo, la explotación sexual de los niños, el abandono de los ancianos, la maximización de las ganancias a cualquier precio.

Sin perjuicio de todo esto, el Papa Francisco rechaza la posibilidad de que exista un determinismo que condicione las conductas humanas o anticipe la destrucción inexcusable del planeta o la mantención de todos y cada uno de esos problemas. Para esto propone el desarrollo de un "nuevo estilo de vida" y la necesidad de cambiar el modelo de desarrollo. Al respecto plantea que "es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral" (n. 112). Todo esto requiere avanzar hacia "una valiente revolución cultural" (n. 114), que ponga a la ciencia y la tecnología en su debida dimensión, que implique poner a la persona humana en el centro del desarrollo social, en un progreso con valores.

Esta primacía de la persona tiene manifestaciones variadas, todas valiosas y complementarias: la necesidad de luchar contra la pobreza en que todavía viven muchos seres humanos, implica rechazar la cultura del descarte que sufren muchos enfermos o personas minusvaloradas socialmente, el valor del trabajo como parte central de una ecología integral, la inviolabilidad de la vida humana y la incompatibilidad de "la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto", el amor social como "clave de un auténtico desarrollo".

A esto se le deben añadir, necesariamente, ciertos principios fundamentales del orden social promovido por el Magisterio Social de la Iglesia. Entre ellos destaca, en primer lugar, el concepto de bien común, "un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social" (n. 156), que presupone el respeto a la persona y a sus derechos básicos e inalienables. También la subsidiariedad, que reclama "el desarrollo de diversos grupos intermedios". No puede faltar la solidaridad y la opción preferencial por los más pobres, que implica considerar el valor del destino común de los bienes y la exigencia de una solidaridad intergeneracional, así como una responsabilidad con los pueblos que lo necesitan.

Finalmente, entre los muchos otros temas que se pueden y deben considerar, valgan un par de palabras sobre la economía y la política, ambas cruciales para el desarrollo de los pueblos y la promoción del bien común. En el primer caso, se requiere una economía abierta "a los principios éticos" (n. 189), que contemple nuevas regulaciones en la actividad especulativa financiera y en la riqueza ficticia. Asimismo, el Papa destaca que "es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial" (n. 129).

También hay algunas reflexiones especialmente valiosas en relación a la política, que en diferentes momentos aparece en su justa dimensión, reclamando que no puede haber economía sin política, pero no de cualquier tipo, sino una que piense con visión amplia, una "sana política". El tema se resuelve de la siguiente manera: "La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana" (n. 189).

Estos son algunos de los aspectos principales de Laudato si, publicada el 24 de mayo del 2015 por el Papa Francisco. Una obra que manifiesta una clara continuidad con el pensamiento de diversos Sumos Pontífices, pero que también tiene el sello propio del Cardenal Bergoglio. En este caso debemos saber que nada reemplaza la lectura efectiva del documento, con la mente abierta y dispuestos a aprender y comprender. Se trata de una invitación hecha a los católicos, pero que resulta valiosa también para quienes no lo son, como demostró el Presidente Ricardo Lagos en su exposición en la Pontificia Universidad Católica de Chile.