Opinión

Aylan Kurdi: una foto para reaccionar

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 03 de septiembre de 2015

Reconozco que soy de los que quedaron estupefactos cuando vieron por primera vez la foto de Aylan Kurdi tumbado en una playa turca y pensaron con una mezcla de ira e indignación que no deberían publicarse este tipo de imágenes. Admito mi error. A medida que la foto se iba haciendo viral me convencía más de que el trabajo de la fotógrafa trascendía y no estábamos ante la mera ilustración de una noticia más sobre el drama de los refugiados.

Sí, mi primer impulso fue de rechazo. No quería verlo. No hace falta llevar varios años trabajando de periodista, viendo fotos de todo tipo y analizando lo que pasa en el mundo, para distinguir una foto especialmente cruel. Cualquiera puede hoy desayunar, comer o cenar con imágenes en la televisión o en la prensa de guerras, con cuerpos inertes cubiertos de ceniza tras una explosión o flotando en el mar, con cabezas separadas a golpe de cuchillo de un pulcro mono naranja o, en fin, con niños “gordos” de inanición con la boca llena de moscas.

Quizá, lo que me sobrecogió, lo que hizo que quisiera negar esa realidad fue ver que este niño de tres años es como cualquiera de los que podemos ver todas las mañanas yendo al colegio o jugando en un parque o en casa diciéndote papá. No había andrajos, pobreza, desaliño, heridas, señales que nos hicieran pensar que eso pasa lejos y ante lo cual estamos ya inmunizados. Aylan tenía sus zapatos casi nuevos, su pantalón perfectamente cuidado, así como su camiseta y su corte de pelo. No había un disparo o los daños de un bombazo, sólo injusticia.

Por la foto sabemos muchas cosas sobre una familia que huye de la guerra y de sus intentos, denegados, de exilio en algún país de los que llamamos primer mundo. Somos conscientes de que no sabemos nada de los miles de niños anónimos que también mueren por las mismas guerras y las mismas causas, pero no nos han importado hasta ahora.

La fuerza de la imagen, esta vez, supera toda explicación escrita y ya hemos visto que su poder también es una realidad porque con ella se han removido almas y es posible, incluso, que se haga algo de una vez por todas para intentar, primero, paliar el drama y, después, buscar soluciones al problema.

Es muy triste que sea necesaria una foto así para que los países reaccionen, pero al menos ya se oye hablar de soluciones que pasan por mandar recursos económicos a unas zonas donde no hace mucho se mandaban tanques y soldados.

Lo único que espero ahora es que toda esta ola de solidaridad, que este movimiento creciente de reconocerse ciudad de acogida, que este impulso de ayudar y querer hacerlo, que la conciencia “tocada” de verdad en lo más profundo por esta tremenda injusticia no se nos pase en dos días y el próximo lunes sólo nos preocupe si el “mega fichaje” de mi equipo de fútbol ha marcado o es un bluf.