Opinión

El chanclismo como filosofía

TRIBUNA

Enrique Arnaldo | Jueves 03 de septiembre de 2015

El chanclismo es al verano, lo que el chandalismo es al invierno. Es una forma de ser, de sentir y de vivir, una filosofía seductora que progresa a pasos agigantados por su innegable capacidad de sumar adeptos. El gregarismo se impone, la pasión por la uniformidad arrasa.

El chanclismo nació en un barrio remoto de una ciudad arrasada por una temperatura que trasvasaba los números altos del termómetro. Alguien se preguntó, como Sócrates, “¿cuántas cosas existen que yo no necesito?”, y empezó a desprenderse de capas y formalismos. Y todo quedó reducido a la camiseta de tirantes, los pantalones pirata dos tallas más y las chanclas de tiras en forma de aspa.

Orgulloso sastre de sí mismo, llegó a la cita con los colegas que, como él con gafas reflectantes, le expresaron su admiración incondicional y corrieron a imbuirse de la misma apariencia. El chanclismo empezó con buen pie. Pronto acudieron de los demás barrios a tomar nota y a la misma velocidad llegaron las chanclas a las tiendas de los chinos. El glamour se expande siempre a ritmo supersónico.

El chanclismo es el chonismo masculino, escribió un articulista escéptico y esmirriado, incapaz de vislumbrar la filosofía minimalista que encierra. Las grandes marcas de ropa comenzaron a diseñar camisetas recortadas al hombro de cualesquiera colores y llenas de leyendas en inglés. El uniforme admitía variantes incluso con bañadores de patillas, pantalones semicortos o tipo jugador de baloncesto, taparrabos y, en su versión más sofisticada, con la adición elegante de unos calcetines blancos en los que descansaban las chanclas. Lo más in es complementarlo con una bandolera discreta colgada a lo Daniel Boone.

El chanclismo no se redujo en los parques y jardines o en las terrazas de los barrios. Empezó a arrasar en las discotecas de música explosiva, por supuesto en las playas, pero alcanzó también a los cruceros y al todo incluido. Se convirtió también en imprescindible en los aviones, en los que se alzó como en hábito de moda desposeerse de las chanclas para que los pies disjuntos disfrutaran aún de más libertad.

El chanclismo es una filosofía del antiolor, del antisudor que entiende que olores y sudores deben compartirse, como patrimonio común que son. A todos pertenecen y no a sus dueños.

El chanclismo venera cualquier música que no sea chill-out. El chanclismo es Ketchup a borbotones, es Telecinco, las bolsas de ganchitos. El chanclismo es el lenguaje tuneado de cuatrocientas palabras y doscientos dejes. Adora la masificación, la cerveza cinco estrellas, el barriguismo sin complejos. Son los chanclistas una suerte de fofisanos que representan el mundo feliz huxleyano.

¿A qué esperas?