Sociedad

Crónica religiosa. Menos palabras y más acción

CRÓNICA RELIGIOSA

Rafael Ortega | Domingo 06 de septiembre de 2015

Es lo que pedimos ante la situación de los refugiados. Por Rafael Ortega



Es lo que pedimos a todos ante la dramática situación de los refugiados. Ha bastado una fotografía para remover la conciencia hipócrita de muchos. Esperamos que la retina de los políticos no se cubra con las cataratas de los intereses partidistas.

Ahora todo son declaraciones de unos y de otros y promesas de acogidas. Aquí solo quiero recordar la nota que la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española ha hecho pública hace unos días y que decía textualmente: “Hace dos años, ya pedimos al Gobierno desde la Conferencia Episcopal, sin obtener respuesta, la acogida en España de algún grupo de refugiados sirios. Reiteramos nuestra petición de la más amplia generosidad en este momento, para la acogida de quienes piden refugio y acogida de manera urgente. Pedimos también la comprensión y colaboración de todos los ciudadanos, a la vez que ofrecemos la de nuestras comunidades y centros de acogida. Los cristianos tenemos por razones humanitarias y evangélicas un especial deber de justicia y caridad, distintivo de nuestra condición”.

Más claro, agua. O lo que es lo mismo menos palabras y más acción. La situación, como todos sabemos, es dramática. Nadie abandona su hogar, su pueblo, ciudad y nación porque quiere. La necesidad económica y las guerras hacen que unos salten vallas y otros suban a trenes con destinos inciertos. Personalmente no sabría explicar a niños que me preguntaran por el “porqué de esta situación”.

No podemos cerrar los ojos en esta “Europa cristiana”, aunque lo apunte algún político centroeuropeo. No debemos consentir que a las personas se las marque como antaño en el antebrazo, aunque esta vez sea con un rotulador. Si en más de una ocasión hemos gritado “Europa se tu misma”, hemos querido decir que nuestro viejo continente tiene la obligación de ser faro y guía de civilizaciones. Por eso no podemos permitir que nos apaguen la luz, que nos quedemos sin baterías.

La trágica muerte de un niño en una playa turca, espero, que haya servido para volver a ponernos las pilas.

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