Editorial

Lula Da Silva en Buenos Aires: los populismos se tocan

Viernes 11 de septiembre de 2015

La agencia de calificación de riesgo Standard & Poor’s ha rebajado la nota de Brasil a “bono basura”, lo que resulta un grave revés más en la mala situación por la que atraviesa el país, con su presidenta, Dilma Rousseff, cayendo en picado en las encuestas, la galopante crisis económica y la gran trama de corrupción de Petrobras. En estas circunstancias, el expresidente Lula Da Silva ha anunciado su vuelta a la política. Difícil es que el líder del Partido de los Trabajadores (PT) traiga nuevas ideas cuando su formación es la que lleva gobernando años y no precisamente de manera positiva para la nación. Sin embargo, es muy posible que ese regreso amortigüe su añoranza de sumergirse en actos de sabroso sabor populista.

Para ir abriendo boca y darse un baño de fieles consumidores de demagogia, Lula Da Silva ha ido presto y encantado a Buenos Aires a inaugurar un pequeño hospital en un humilde municipio bonaerense, bautizado por Cristina Fernández como “Presidente Lula”, y a apoyar al kirchnerismo ante los próximos comicios. El acto de inauguración se convirtió en una apoteosis del populismo, en el que no faltaron los ataques de Cristina Fernández a Europa aprovechando de manera miserable la enorme tragedia de los refugiados: “Yo no quiero parecerme a países que dejan morir chicos en las playas” dijo la presidenta argentina sin el menor empacho.

Da Silva, Cristina Fernández y el candidato oficialista Daniel Scioli, para el que Da Silva tampoco escatimó elogios, se unieron en una sentida loa a la cumbre del Mar del Plata de 2005, en la que Néstor Kirchner, Hugo Chávez y el propio Lula Da Silva torpedearon el Área de Libre Comercio de las Américas por considerarlo un instrumento del imperialismo norteamericano. Postura a la que también se sumarían otros dos conspicuos representantes del eje bolivariano y afines como son Rafael Correa y Evo Morales, quien, por cierto, también ha acudido a respaldar al kirchnerismo.

Sin embargo, aunque los populismos se toquen, la realidad es terca y en los países en los que se impone no se instala precisamente el bienestar y el progreso. Aunque con ventaja, el kirchnerismo no las tiene todas consigo en las elecciones del próximo 25 de octubre, pero a Cristina Fernández le va mucho que salga vencedor para que no se investiguen las sombras que pesan sobre ella. Por eso no sería de extrañar que después de Lula Da Silva -que participará en algún acto más-, y Evo Morales se incrementara el desfile de líderes populistas en apoyo, como ha dicho Da Silva, del “compañero Scioli” y de la “compañera Cristina”.

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