Sábado 12 de septiembre de 2015
La manifestación ayer viernes en Barcelona con motivo de la Diada tuvo una puesta en escena más efectista que en otras ocasiones. No obstante, el espíritu fue el mismo que de estos últimos años: monopolización nacionalista para exigir abiertamente la ruptura con España -o más bien habría que decir “de España”, por cuanto ésta no se entiende sin Cataluña-.
La raíz de este problema hay que buscarla varios lustros atrás, desde los primeros gobiernos de Felipe González. El nacionalismo, que sabe muy bien lo que hace, consiguió no sólo las competencias en materia de educación, sino neutralizar a la lata inspección del Estado y, con ello, impunidad para adoctrinar a su antojo. Durante décadas, generaciones de catalanes se han creído las mentiras del nacionalismo, con la inestimable cooperación de los medios catalanes.
Hoy esas generaciones, las del “España nos roba” se siguen dejando manipular por Mas y Junqueras. No es, pues, toda la culpa de Rajoy o Zapatero; hay que mirar más atrás y evitar que siga pasando. Los gobiernos centrales no han hecho nada para frenar al nacionalismo en Cataluña desde principios de los años 80, y éste es el resultado. O los partidos constitucionalistas hacen un ejercicio de responsabilidad dejando aparte sus siglas o el nacionalismo seguirá fracturando la convivencia, si cabe aún más.
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