Opinión

El infierno napolitano

Andrea Donofrio | Domingo 01 de junio de 2008
Nápoles no consigue dejar de ser noticia: los enfrentamientos con la policía de los habitantes del barrio de Chiaiano ante la posibilidad de que fuera ubicado allí un nuevo vertedero han permitido que las portadas nacionales e internacionales confirmasen a la capital campana el protagonismo de los últimos meses. Mientras toneladas de basura se acumulan en las calles de la ciudad, el nuevo gobierno ha aprobado un decreto ley indicando diez nuevas áreas donde poder construir vertederos; estas áreas, enumeradas en el Boletín del Estado, serán consideradas “zonas de interés estratégico” y por lo tanto protegidas por el ejército.

La crisis de la basura es consecuencia de una política nacional deficitaria y de una gestión regional pésima, que han convertido la recogida de la inmundicia en un negocio altamente rentable para la Camorra. La ineficiencia del Estado y la incapacidad administrativa han creado una situación ideal para esta organización criminal que ha prosperado colmando la ausencia de una autoridad estatal. En Nápoles, lo extraordinario se ha convertido en normalidad, legitimando un “vacío jurídico” y obligando hoy en día a plantear “excepciones de derecho” para enfrentarse a la emergencia. La urgencia de actuar hará que los desechos tóxicos serán equiparados con los orgánicos, las reglas de tutela ambiental serán derogadas mientras unos controles sanitarios “favorables” servirán a no alimentar el pánico.

Mientras tanto, nadie quiere un vertedero en su pueblo y los políticos locales tienen miedo a enemistarse con sus votantes; varios municipios ya están en pie de guerra y el probable efecto dominó provocará nuevos enfrentamientos con la policía. Difícil calmar estos egoísmos locales sólo con la fuerza, sobre todo se corre el riesgo de alimentar una imagen “de resistencia” a una clase política autoritaria y a unas fuerzas del orden violentas. La militarización de la situación podría resultar contraproducente: era previsible la existencia de un frente contrario a las medidas gubernamentales, formado por los intereses económicos locales, el endógeno rechazo del área al poder estatal y la influencia de la camorra. Será necesario dialogar con los representantes locales y las fuerzas sociales: dialogar debe significar sobre todo informar, explicar de forma clara ventajas e inconvenientes de construir un vertedero en las zonas seleccionadas. La información es necesaria para tranquilizar un pueblo aterrorizado y que percibe tal ubicación como una degradación, un castigo. Igualmente necesaria serán el pragmatismo y la responsabilidad para enfrentarse a un problema endémico que se esta transformando en tragedia. El populismo o el uso indiscriminado de la violencia alimentan el sentimiento antipolítico; al contrario, una toma de conciencia en contra de todas las mafias podría restituir confianza y contribuir a mejorar la imagen del país. La ola de consenso “apriorístico” a favor de Berlusconi y sus recientes decisiones resulta erróneamente optimista: la aprobación se obtiene sólo a través de los resultados. Paradójico resulta que mientras media Europa se preocupa por la reaparición de una extrema derecha reaccionaria y xenófoba, el Papa se complace por “el nuevo clima que ya se respira en el país”.

El periódico italiano “La Repubblica”, citando el final del libro “Cittá Invisibili” de Italo Calvino, recordaba como según el autor, en el infierno hay dos maneras de sobrevivir: aceptarlo llegando a ser parte de él, hasta no percibirlo más como tal o saber reconocer quien es parte o no de este infierno y darle su espacio. Nápoles parece ofuscada y haber aceptado el degrado ciudadano, la presencia de la camorra, la ausencia de las autoridades, su impotencia. Aun estamos lejos del infierno dantesco, pero entre la basura en llamas y los campamentos de gitanos incendiados, Nápoles se le parece cada vez más: habrá que salir cuanto antes.

TEMAS RELACIONADOS: