Opinión

Día Mundial sin Tabaco

Domingo 01 de junio de 2008
El pasado fin de semana se celebró el Día Mundial Sin Tabaco, una droga socialmente tolerada pero intensamente adictiva, que causa 5 millones de muertes anuales en todo el mundo. En esta ocasión, la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha centrado su campaña en instar a los Gobiernos a que prohíban la publicidad de marcas de tabaco, que en su mayoría está dirigida a los jóvenes. El objetivo es concienciar a los jóvenes de que el tabaco está lejos de esa imagen glamorosa y ‘cool’ que las tabacaleras pretenden transmitir. El tabaco no sólo es un vicio desagradable para los fumadores pasivos, sino que, hoy por hoy, sigue siendo la primera causa de muerte evitable entre los españoles. Cada año 50.000 personas mueren víctima de alguna enfermedad causada por su consumo y la calidad de otros tantos millones se ve mermada por afecciones relacionadas con el fumar.

Cada vez que salta a los diarios una información sobre cualquier mínimo indicio riesgo de la salud pública relacionado con la industria alimenticia, por ejemplo, se crea un clima de histeria colectiva. Lo hemos visto recientemente con el absurdo amago de crisis con el aceite de girasol, y hace años cuando saltó la alarma en relación a las vacas locas, que apenas causó tres muertes. Sin embargo, aún existen millones de fumadores que no acaban de convencerse de que las muertes que causa el tabaco son muchísimo más numerosas que las causadas por el consumo de drogas ilegales, o los accidentes de tráfico. Según fuentes del Ministerio de Sanidad, de cada mil muertes que se producen en España, 151 se deben al consumo de tabaco, 15 a accidentes de tráfico, 4 al SIDA y apenas una a las drogas ilegales. Eso, sin contar el grave perjuicio que supone el humo del tabaco para aquellos que no fuman, los conocidos como fumadores pasivos.

Uno de los grandes hitos de la primera legislatura de Zapatero, junto con la puesta en marcha de medidas claves para reducir la siniestralidad vial, ha sido la legislación antitabaco que, contra viento y marea –pero con razón- aprobó Elena Salgado siendo ministra de Sanidad. El tabaco es un problema de salud público y, como tal, no debe haber distinciones partidarias en su lucha. Por ello, la tozudez de Esperanza Aguirre, negándose a acatar en la Comunidad de Madrid la legislación que impone el Gobierno al respecto es muy criticable. Aún queda mucho para que España se ponga al nivel del resto de los países europeos, pero en los últimos años se han logrando grandes avances. Poco a poco se va concienciando a la sociedad de que el tabaco es una auténtica epidemia de terribles consecuencias contra la que hay que luchar con todos los medios posibles. Y gran parte de los avances logrados en este terreno es de justicia reconocérselo al Gobierno de Zapatero.

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