El luso anotó un hat-trick en el accidentado estreno ante el Shakthar. Por Diego García
En Chamartín pareciera que una temporada no sube el telón hasta que arranca la Liga de Campeones. Pues bien, el coliseo merengue se engalanó para degustar la particular atmósfera ritual de la máxima competición que conoce este deporte en su vertiente de clubes. Se cernía la exigencia del debut satisfactorio sobre el nuevo proyecto de Rafa Benítez con la
transición de estilo de juego todavía tierna. Bajo la atenta mirada del Rey Juan Carlos I, el verde acogió el estreno del lavado de cara propugnado en el periodo estival para uno de los candidatos al título
per se. Todavía inmerso en los primeros peldaños hacia la legitimación necesaria para imponer un modelo menos estético y más pragmático.
Apostó el técnico madrileño por reproducir esquema y hoja de ruta de inicio. Modric y Kroos actuarían como red de seguridad y primera salida de pelota con Isco fluctuando y Bale, Benzema y Ronaldo mutando escaños de manera permanente. Esbozo éste con pelota, sin ella debía dominar en ensayo de la
presión elevada, la solidaridad de esfuerzos y el cuidado al ajuste posicional individual para que el colectivo no quedara expuesto a resbalar. La vigilancia tras pérdida y el mimo a la cohesión entre líneas seguían constituyendo la obsesión de Benítez, por delante de presuntas crisis de producción ofensiva. La solidez del equilibrio siempre va antes del escorzo embellecedor.
Mircea Lucescu desplegó en su alineación la mezcla de
seguridad en el trato del cuero y velocidad anatómica que configura un modelo curioso en su Shakthar. El centro del campo salpicado de brasileños, con Fred y Stepanenko como pivotes defensivos, entregaba a la calidad técnica, movilidad y frenesí de Marlos y Alex Teixeira la capacidad creativa. Por delante se establecía el punta referencia Gladkiy, coloso fajador y fijador. La consistencia defensiva, con laterales tendentes a ocupar el rol de carrileros, quedaría a prueba ante el ataque capitalino. Sin complejos, los ucranianos se disponían a crecer con el paso de los minutos y la posesión, pero siempre afilados para cosechar transiciones.
El balance entre la construcción y la destrucción, de nuevo, a examen en esta ilustre visita. Como si de una alegoría de la
situación social del club se tratara.
Arrancó el enfrentamiento pues con planteamientos simétricos. Y lo hizo con los
ucranios tratando de protagonizar la conversación, no sólo discutir el mando del ritmo a través del esférico. El Madrid, por su parte, implementó la querencia por alternar la presión y el repliegue. Así, con precocidad se dibujaría la línea argumental del envite: una pugna por el cuero de tono pausado y con chispazos de efectividad e intensidad en la circulación y robo. El primer tramo se quemó con llegadas de signo local, que aplicaba un afán más ardiente por llegar a la meta oponente.
Isco y
Varane abrieron fuego con sendos remates desviados tras saques de esquina -minutos 2 y 5- y
Azevedo (carrilero zurdo incisivo y pulcro en defensa) cerraba los primeros diez minutos de incertidumbre con un disparo desviado tras ganar la espalda de Carvajal.
Hasta el 20 de partido tomó cierta ventaja en el control del balón un Madrid más vertical de lo esperado. La fluidez de movimientos generaba la consiguiente precisión en la gestación de llegadas y el Shakthar optó por ceder terreno y achicar.
Ronaldo viró al centro abriendo espacios a Isco y Marcelo, obligando a
Benzema a destapar su apartado combinativo y las opciones de remate se dispararon desde el centro o desde la cal. Se abrió, entonces, la tormenta de ocasiones:
Bale ejecutó un taconazo con dirección al poste que Pyatov atajó en el 12; acto y seguido Cristiano recibió en la mediapunta, giró su posición, amagó y cedió al mano a mano que el delantero francés convirtió en regate al meta y definición a las nubes sin oposición; Isco, apostado en el pico del área, desborda y centra al segundo poste para que Ronaldo controle -sacando de eje a su marcador- y conecte al lateral de la red en el 15 de juego. Por último,
Toni Kroos lo intentó desde larga distancia sin éxito para cerrar el esfuerzo.
Se tomó un respiro el bloque español que aprovechó el once de Lucescu al acoger a la pelota y plantear dificultades en la recuperación a un
Madrid que no presionaba de manera sostenida y equilibrada. El resultado sugirió transiciones y posesiones prolongadas de descongestión ucraniana. Álex Teixeira se erigía como el elemento referencial en la purificación asociativa ucraniana, bien secundado por la clase de sus acólitos, que desnudaban las dificultades madridistas para trompicar el manejo visitante aunque adolecían de último pase.
El equipo de Benítez empezaba a partirse, con Isco, Bale, Ronaldo y Benzema desconectados si el Shakhtar superaba la primera línea de presión, cuando el
galés se tumbó en la hierba y pidió el cambio. Éste sería el primer contratiempo en forma de lesión que afrontaría Benítez. Una tesitura que, antes de que diera paso a la entrada en escena de
Kovacic, se vería sorprendida por el error garrafal de Pyatov, que marró la recepción de un centro débil de Isco para el
remate a placer de Benzema. Se abría el marcador en el 28 de partido y en pleno descenso de revoluciones merengue y global.
Con la perla croata en la fórmula el Madrid cambió su piel hacia un
4-4-2 que liberaba a Isco, adelantaba a Modric y dejaba a Kroos cerrando la medular. Se buscaba más posesión para recuperar la sensación de control, con Marcelo y Carvajal sumando piezas a una circulación que se volvió horizontal y anestesia del ya relajado ritmo del choque. Se decretó el descanso después de que Ronaldo perdonara el segundo al no detectar el error en el despeje de un zaguero tras el centro abrasivo de Marcelo. Los guarismos reflejaban igualdad en el manejo de la pelota (52 a 48%) y superioridad madridista en los disparos (10 a dos), argumentos que, amén del triunfo parcial y el amarre del peligro del contendiente, provocaron el continuismo de Benítez, que sólo efectuó su segundo antes de la reanudación por lesión.
Varane dejaba su lugar a Pepe en el segundo infortunio de la noche.
Prolongó el Madrid el color gris de sus posesiones de ritmo congelado e intencionalidad plana, empeñado en el control y no en el intento de ampliar la ventaja. Pero
Stepanenko asestó una patada incomprensible a
Ramos para lesionar al central andaluz y ganarse la
expulsión por doble amarilla. En el 50 de juego se desataba el punto de inflexión. Aguantaría el capitán en el campo ocho minutos antes de ser sustituido por Nacho, tiempo suficiente para contemplar el desmarque de Benzema que le Marcelo, la maniobra que sienta al rival del galo y el remate de Ronaldo a la espalda de Srna que el
colegiado transformó en penalti. Sin piedad, Cristiano ajustició el error arbitral y puso el 2-0 en el 54. Los pupilos de Lucescu amagaron la reacción con el remate desviado de Gladkiy a continuación, pero pronto quedaría a las claras el encierro ucranbiano y el escanso de revoluciones local.
Isco abrió el arreón sostenido con un lanzamiento arriba desde la frontal, explotando el espacio entre líneas que propulsó su crecimiento en trascendencia. Ronaldo apuntalaría el cambio de escena con un libre directo que lamió el larguero en el 60 y la mano de Azevedo en su área y en pugna con Carvajal condujo al segundo
penalti transformado por el luso, que colocaba en la cepa del poste el 3-0 (en el 63), sentenciando el cariz competitivo del partido.
Sin cambios en el bando español, Lucescu optó por dar entrada a
Malyshev -llegador que dispondría de la única opción ucraniana en el segundo acto-,
Kovalenko y Bernard -flecha brasileña, todavía sin pedigree europeo- para sacar del sistema a Taison -apagado-, Marlos -decepcionante sin llegada al área- y Gladkiy -inédito como rematador y como bajador de balones-. Al tiempo,
Benzema pintaba un control de terciopelo en la frontal, que maniataba a su par, y chutaba desviado con 20 minutos de aceleración por jugarse.
El monopolio resultaba ya flagrante y las ocasiones se multiplicaron sin freno ni fisura. La creación proporcionada por Modric, Kovacic e Isco y los huecos de cansancio rival actuaban como motor.
Karim dispondría de un claro cabezazo demasiado elevado –a centro del malagueño-, un remate ajustado sin éxito y una volea suave que sacó Pyatov forzando su anatomía –la mejor jugada del partido con centro vertical de Marcelo y dejada de Ronaldo- para ampliar su cuenta. Algo, esto último, que conseguiría
Ronaldo para sellar su hat-trick al cabecea a la red el rechace del meta ucraniano al chut ajustado de Marcelo en una jugada de pizarra.
Se cerraba la cuenta en el minuto 80. Sólo quedaba espacio ya para el tiro raso de Kovacic en su estreno continental con la elástica blanca y la estirada de póster de
Keylor Navas ante el remate de Álex Teixeira en el descuento. Selló el Madrid sus tres primeros puntos en busca del liderato que pugnará, presumiblemente con el PSG de Di María, con un tono plomizo que, sin embargo, mostró brotes verdes en el control de las variantes defensivas y adaptación de nuevos y viejos nombres a sus presente atribuciones y responsabilidades. Camina hacia adelante con respingo ganador el proyecto de Benítez. Una obra incipiente que acumula ya
cuatro partidos seguidos con la meta propia sin batir. La mejor noticia a estas alturas de calendario.
Ficha técnica:
Real Madrid: Keylor Navas, Carvajal, Varane (Pepe, min. 54), Sergio Ramos (Nacho, min. 58), Marcelo, Kroos, Modric, Isco, Cristiano Ronaldo, Bale (Kovacic, min. 30) y Benzema.
Shakthar Donetsk: Pyatov; Srna, Kucher, Rakitskiy, Azevedo; Fred, Stepanenko; Marlos (Kovalenko, min. 74), Teixeira, Taison (Malyshev, min. 65) ; y Gladkiy (Bernard, min. 83).
Goles: 1-0, minuto 29: Benzema; 2-0, minuto 54: Ronaldo (p); 3-0, minuto 63: Ronaldo (p); 4-0, minuto 80: Ronaldo.
Árbitro: Ivan Bebek (CRO). Expulsó a Stepanenko (doble amarilla: min. 31 y min. 50) y amonestó a Srna (min. 54), Kucher (min. 74) y Malyshev (min. 79).
Incidencias: 66.389 espectadores en el partido de la primera jornada del grupo A de la Liga de Campeones disputado en el estadio Santiago Bernabéu.