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Cameron Díaz: “Me lancé a la ola en lugar de saltar sobre ella"

la entrevista

Domingo 01 de junio de 2008
¿Una se acostumbra a estar siempre “en boca de todo el mundo”?
Si tuviera que hacer caso a las quinielas, que se hacen en todo el mundo sobre el tema de mi boda, ya habría perdido la cuenta de las veces que he pasado por el altar. Cuando lo haga de verdad… no se va a enterar nadie hasta que todo haya pasado.

Así que de boda… ¡nada de nada!, ¿no?
Llegará el momento, porque quiero formar una familia, pero ahora estoy feliz con la vida que llevo, bastante al margen de la curiosidad pública… Esa es mi vida privada…

Algo difícil de conseguir cuando se disfruta de una fama tan desmedida…
Cuando no estoy en el plató soy una persona normal, de la calle… y como tal me comporto. Evito acudir a fiestas sociales, a los lugares a los que acude la gente de Hollywood y, por supuesto, a esos sitios que sé que están “dominados” por la prensa. Con ésto te quiero decir que se puede convivir armónicamente con la fama si pones un poco de interés…

…Y si consigue que la respeten
Yo siento que llevo una relación armónica con los chicos de las prensa. El apoyo que me han dado, durante todos estos años, ha sido muy importante para mi promoción y fama… por eso no sería justo reconocerlo, pero sí es cierto que cuando traspasan esa barrera entre “el personaje y la persona” la armonía se vuelve más complicada.



¿Soñaba con esto cuando sólo era una joven modelo?
¡Ni en la más desorbitada fantasía! El azar tuvo mucho que ver con mi evolución profesional... Yo creo que posar y actuar, en el fondo, son la misma cosa. Cuando posas, en cierta medida, estás interpretando… y, en las películas, nunca eres tú misma. La modelo depende de la dirección de un fotógrafo y su papel es el traje que lleva.

¿Fue fácil asimilar el paso de modelo a actriz con naturalidad?
Yo era una auténtica ignorante, en todo lo que se refería al cine, cuando me propusieron hacer “La máscara”. Tomé la decisión de arriesgarme y nunca me he arrepentido. Me lo pasé estupendamente rodando esa película y, desde ese día, no he dejado de divertirme en este trabajo.

¿Dónde estuvo la clave?
¡En ser una insensata! (risas) Pero me salió bien. Me dejé llevar por las circunstancias, me lancé a la ola en lugar de saltar sobre ella, aún a riesgo de estrellarme contra las rocas….

¿Nunca tiene miedo al fracaso?
La posibilidad de que las cosas no salgan como una quiere siempre está ahí, pero el miedo impide que mucha gente desarrolle su talento... o tenga una vida mejor. Yo no quiero temerle a la vida, quiero vivirla en intensidad, lo mejor posible… y sacarle todo el provecho que pueda.

¿Es duro ser siempre la “guapa de la película”?
Ha sido más difícil demostrar el talento pero, desde el principio, me propuse rechazar papeles decorativos, de chica dulce... Alguno he hecho, pero alternándolo con otros desafíos, que son en los que quiero fortalecer mi carrera. Quiero que el cine sea mi trabajo fijo y que la gente me acepte como actriz. Atrás queda la modelo y la cara bonita…

¿Alguna vez ha “volado por su cabeza” la sombra de la duda?
Cuando decidí dejar de ser modelo lo hice sin pensar, es verdad… pero algo me decía que no me iba a equivocar. Me gustaba posar y todo lo que “se cocía” alrededor de ese trabajo, pero no tenía ni idea de qué iba a ser de mí cuando me cansara de tanta pose. Mis compañeras no tenían ni idea de qué iban a hacer con su vida cuando todo acabara. Yo, por lo menos, puedo decir que soy actriz y, por eso, me siento afortunada.

¿Piensas en “qué va a pasar mañana”?
¡Para nada! Me gusta vivir al día y no preocuparme por lo que me tiene guardado el destino. Muchas veces pienso la suerte que tengo por como me han ido saliendo las cosas. Nunca he querido intervenir en el destino, porque pretender cambiarlo es absurdo. Así que, desde muy joven, me he abandonado a mi suerte y espero a ver qué pasa.

¿Cómo es esa Cameron a la que la gente no tiene acceso?
Muy normal. Si hicieras un agujero, en las paredes de mi casa, me verías hacer una de mis aficiones favoritas: ¡untar pan en salsa de carne! Me encanta el pan. . . . mucho más que la carne. Y me pego unos atracones de patatas fritas que ni te imaginas…

¿Y dónde “mete” todos esos excesos?
En este cuerpo que Dios me dio... Hasta en el tema de la comida puedo ser distinta, porque me excedo con frecuencia y no engordo ni un gramo. Lo que ves es cien por cien. No hay nada de quirófano ni de dietas milagrosas…

Así que, en su tiempo libre… ¡a asaltar la nevera!
Y a escuchar música, que es algo que me encanta. Yo crecí con el “rock and roll” que escuchaban mis padres. Recuerdo que mi padre siempre escuchaba a Led Zeppelin a todo volumen, mientras leía un libro o veía baloncesto en la televisión... ¡Mira que es difícil!, pues lo conseguía. Tenía una colección increíble de discos, por eso escuchar música en mi casa se convirtió casi en un ritual. Me encanta conducir con la música “a toda pastilla” y cantar…

Dicen que los zapatos es otra de sus adicciones confesables…
Me gustan una barbaridad…. incluso más que mojar el pan en la salsa de carne (risas). No sé la cantidad de pares que tengo en mi armario. Me encanta ir de “shooping” y las tiendas de complementos son mi verdadera debilidad. Aunque, también tengo que decirte, que tengo muchos que me regalan los diseñadores. Es una de las cosas buenas de este trabajo.

¿Es una “fashion victim”?
Me gusta la moda y compro moda, pero de “fashion victim” ¡nada de nada! Yo visto sólo aquello que me gusta y que va con mi estilo. Eso de ponerte encima algo porque “se lleva” no es algo que me motive mucho. Aunque no te lo creas, no soy una compradora compulsiva y tampoco me muero por las firmas. Me gusta la ropa buena, pero si encuentro algo que me seduce en un mercadillo ¡no lo dudo! Me gustan las compras, pero puedo pasarme meses sin gastarme ni un dólar... ¡aunque no te lo creas!

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