Natalia K. Denisova | Sábado 19 de septiembre de 2015
El Papa Francisco va a canonizar en EEUU al fraile español Junípero Serra el día 23 de septiembre. El acto tendrá lugar en la Basílica de la Inmaculada Concepción, de Washington, un templo católico conocido como uno de los más grandes del mundo, cuyo pórtico Este lleva la imagen del futuro santo mallorquín. La ceremonia se celebrará fuera del recinto, sencillamente, porque su capacidad se ve desbordada por personas que quieren acudir al ritual, o sea quieren participar en un acontecimiento sagrado e histórico. El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, comentó que hubo por lo menos diez solicitantes para cada sitio disponible dentro de la Basílica.
Es significativo que el Gobierno de España ante semejante acontecimiento solo estará representado por el ministro de Justicia, Rafael Catalá. Poca representación para rendir tributo a la memoria del gran fray Junípero Serra y sus acompañantes Francisco Palou y Juan Crespí. Lástima que el Rey no aproveche esta ocasión para rememorar la labor de los misioneros españoles, como lo hizo con el capitán Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín. Serra, Palou y Crespí eran mallorquines y franciscanos del siglo XVIII y dedicaron sus vidas a la evangelización y la exploración de la Alta California. Hoy día nadie sabe sus nombres, excepto unos pocos especialistas o entusiastas de la historia, que en este caso suele coincidir. Ellos acompañaron las expediciones encabezadas por grandes ingenieros, militares y la población civil de españoles de la Nueva y Vieja España. Ellos fueron los fundadores de las poblaciones que hoy día forman parte de los Estados Unidos y copian el modelo español de la ciudad cuyo centro es la iglesia de las antiguas misiones. Los religiosos y militares como Gaspar de Portolá, Fernando de Rivera y Moncado y el cartógrafo Nicolás Costansó son las figuras que más aportaron a la exploración de la Alta California, renombrada después como la Nueva California.
El simple olvido de esta parte de la historia del heroico y difícil avance al norte exige algo más que un recuerdo pasajero. Exige justicia histórica. Sin embargo, el olvido se convirtió en el acicate para que se lanzara todo tipo de vituperios contra fray Junípero por parte de los indigenistas y otras corrientes ideológicas. Según ellos y algunos destrabados políticos, el bueno de fray Junípero trajo la esclavitud y las enfermedades, etc… Absolutamente falso. La Iglesia, pues, defendió la labor de fray Serra diciendo que trajo la fe a la población. Pero, en mi opinión, trajo algo aún más contundente: la civilización. ¿Cuántos ejemplos conocemos en el siglo XX de tribus que se civilizaran? Me atrevo a decir que ninguno. Hoy es preferible dejar a los pueblos indígenas en su estado “natural”, es decir, de atraso. Para ir a investigar sus costumbres como si fueran unos monos en un parque temático. No nos damos cuenta que fray Junípero, sus coetáneos y religiosos de centurias anteriores, hacían lo mismo: estudiaban y apuntaban las costumbres, las lenguas; pero su labor iba más allá: educaban a los indios para que formaran parte de la sociedad occidental y de su cultura. Consideraban injusto e impío dejar a los pueblos nómadas o seminómadas con escasos instrumentos de trabajo y con escaso conocimiento del mundo. Si hoy día la fe está considerada un elemento de ideologización de la población, antes había sido el único modo de garantizar la paz y la convivencia, además de apartar a los pueblos nativos de algunas de sus costumbres como borracheras o la ingestión de alucinógenos.
En fin, sólo me queda recomendarles la lectura de Francisco Palou, quien dedicó a su maestro de filosofía, una Relación histórica de la vida y apostólicas tareas del venerable padre fray Junípero Serra y de las misiones que fundó en la California septentrional y nuevos establecimientos de Monterey, 1787.
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