Keylor Navas resultó decisivo disimulando los agujeros de concentración. Por Diego García
Se planteaba una tarde presuntamente plácida en el castizo Paseo de la Castellana. El saque de honor efectuado por el pequeño Zaid, gesto culmen de la reacción futbolística a la tragedia y de enternecedor reflejo iluminador en el rostro del ilusionado refugiado, susurraba una atmósfera de lucimiento y comodidad en la visita al Bernabéu del Granada, protagonista pasivo del pretérito 9-1 y manita individual de Ronaldo. El luso tenía en su mano autografiar otra página histórica en el club capitalino superando el registro goleador de Raúl y el Madrid, complaciente, vislumbraba la opción de reforzar su crecimiento y presionar al Barça en este arranque liguero. Tan sólo la acumulación de infortunios -Ramos, Bale, Danilo y James figuraban en la lista de deberes del departamento médico- y la resaca continental parecía entrometerse en el horizonte. Pronto se asimilaría que el
sparring no iba a asumir tal rol con facilidad.
Rafael Benítez reprodujo el esquema e idea de juego que protagoniza sus primeros pestañeos al volante del coloso español. Kroos, Modric e Isco definían una medular de doble atribución, secundada en fase ofensiva por Marcelo y Carvajal y culminada por la movilidad de Ronaldo, Benzema y el inédito Lucas Vázquez -que dispuso de su alternativa en detrimento de Jesé-. Varane y Pepe cerraban la zaga con Keylor Navas asentado en la titularidad con carácter irrebatible. En cuestión quedaba la intensidad sin balón y la intención y eficacia de la presión, todavía poco engrasada y coordinada como para insertara como un movimiento natural dentro de los automatismos. La vigilancia a las transiciones y el ardor en la circulación y repliegue marcarían el devenir de esta cuarta jornada para los merengues.
Ramón Sandoval apostó de inicio por un sistema puntiagudo, sabedor de las flaquezas locales. Incluyó en su idea de robo y salida a dos extremos frenéticos como Édgar y Success. El Arabi actuaría como referente inteligente y faro para el respiro. Por detrás serían Javi Márquez, Rochina y Krhin los encargados de la primera salida y la labor de corte de las líneas de pase centrales. Los laterales pospondrían su tendencia atacante al aspecto del duelo. Explicó el técnico en la previa que no sentirían complejo alguno para jugar de tú a tú al candidato a todo lo que juegue. De su diseño se deducía la querencia por el contragolpe para convertir la utopía en realidad. Puntuar en Chamartín era una opción.
Arrancó el envite con el Madrid manejando el cuero en una desconcertante mezcla de horizontalidad y verticalidad forzada, como impaciente. Los andaluces, por contra, anunciaban con precocidad el cariz de su disposición: combinarían el repliegue extremo con la presión a toda cancha para desconectar la fluidez y comodidad en la posesión madridista. Y lo conseguirían imponer a lo largo de todo el primer acto. La batalla por la preeminencia en el centro del campo se tornó en un argumento secundario para los visitantes. Tenían claras sus bazas: orden y salida. No obstante, Marcelo se vio obligado a despejar
in extremis la primera contra seria con centro al segundo poste de Edgar en el siete de juego.
El ritmo del enfrentamiento mostraba valores templados salpicados por tramos de verticalidad cercana al frenesí impreciso. Fruto de este paisaje el Madrid no conseguiría dominar el tempo del juego casi nunca. El Granada achicaba aguas y encontraba a El Arabi -soberbio en la labor de aguante del cuero y distribución- para disparar contragolpes que castigaban la cohesión local y encuadraba tarde a Modric y Kroos. Edgar y Success se proclamarían como verdaderos puñales para el temple del favorito. Al tiempo, Pepe cabeceaba a las manos de Andrés en el 12 e Isco cabalgaba una contra, a continuación, que Benzema culminaría con un chut centrado en los primeros estertores capitalinos.
Isco, jefe de operaciones con Lucas en banda, Benzema y Ronaldo apostados arriba y Modric y Kroos en la medular, lideró la escasa producción en estático. Un envío entre líneas del malagueño en velocidad dejaba a Ronaldo en mano a mano para la reacción brillante del meta en el 18. Como respuesta, la amenaza latente nazarí tomaba cuerpo en la pérdida de Marcelo -desacertado en ambas facetas del juego- que entregó al desborde de Success la opción de conectar con El Arabi. E marroquí contactaría su remate con la red pero el colegiado abortaría el susto decretando un polémico fuera de juego.
A pesar del mayor volumen de intentos locales, la intensidad pertenecía a un Granada perfectamente asentado en el escenario y con la capacidad para indigestar la circulación al centro del campo merengue. Ronaldo probaba suerte a balón parado desde 28 metros para que el mal despeje de Andrés condujera al remate de Lucas desviado por el meta en la oportunidad más nítida hasta el intermedio. Acto y seguido, en el 23, Isco enviaba a los cielos un chut desde la frontal a la salida de otro córner. Pero los de Sandoval, despojados de cualquier tipo de pánico escénico, rebatieron con otra acción de pizarra que Krhin cabeceaba a las manos de Keylor en el ejemplo paradigmático de la diferencia de concentración: remató sin oposición una falta lateral que pilló al repliegue madridista mal parado.
Hasta el descanso adelantaría líneas el valiente bloque andaluz. No sólo habían cortocircuitado con ayudas y hasta seis obreros en la medular -colapsando el centro- sino que se lanzaban hacia la confirmación del campanazo. Navas reaparecía en su uniforme de salvador al tapar el desmarque de Success en el centro del área -retratando el compromiso de Marcelo- en el 38 y Lopes cerraría el tramo final con un disparo muy desviado tras otro robo en campo local. Por el camino Isco culminaría la primera asociación venenosa y rápida del Madrid -minuto 41- con un remate cruzado que lamió el poste.
El duelo presentaba la incomodidad suma para un Madrid que empezaba a pecar de impaciencia, enmarañado en su tosca distribución de la pelota y los movimientos sin balón. La vigilancia de las contras rivales y la activación sin pérdida flaqueaban, conduciendo a los visitantes a la ganancia de confianza. Rafa Benítez debía mover ficha aunque prefirió no sustituir nombres y sí modificar actitudes. Salió el conjunto madrileño con otro brío en el arranque de segundo acto, adelantando líneas y buscando posesiones que arrinconaran a los andaluces. Ronaldo subió el telón en el 45 con un remate que atajó Andrés y cimentó el cambio de escena con un disparo tras centro de Lucas que no encontró portería en el 50.
Sin embargo, en cada transición granadina padecía el centro del campo madridista. Modric y, sobre todo, Kroos, eran superados con facilidad por la anatomía de Edgar y Success, generando situaciones de desasosiego que rompían el ritmo pretendido. Este último gozó de un mano a mano que taponó con su salida Keylor tras otra acción sublime de El Arabi, que controló en vuelo y sirvió en bandeja el 0-1. Pero, cuando las líneas del Madrid, fracturadas, empezaban a pasar factura de manera seria, un saque de falta rápida llegó a las botas de Isco para que el malagueño centrara con terciopelo para que Benzema abriera el marcador en el segundo poste. En el 54 de partido respiraba el congestionado Bernabéu, sin lograr encontrar certezas pero con un golpe de mano que insuflaría más calma a su imprecisa elaboración.
Reaccionó Sandoval mandando a sus laterales mutar la piel a la de carrileros, adelantando las líneas de presión para ahogar a salida blanca y cambiando el gesto para redoblar la apuesta. Rafa Benítez no modificó su ordenanza y los suyos aplicaron simétrico movimiento confeccionando un panorama con dos equipos afanados en el achique de terreno y dejando espacios a la espalda. Ronaldo cabeceaba a las manos de Andrés la enésima llegada a balón parado en el 58 y El Arabi aprovechaba en el 59 la pérdida de Benzema en campo propio para sentar a dos rivales y forzar una nueva salida provicencial de Keylor.
Entró entonces el duelo en una suerte de punto de inflexión. El Madrid aceleraba sus combinaciones y la presión pasaba factura a los visitantes, en claro descenso físico. Rober Ibáñez sustituiría a Success y Kovacic haría lo propio por Kroos -fútil en su labor defensiva, superado por el físico visitante-. El croata respaldaría la circulación y apoyaría a Modric en el cuidado del equilibrio e Isco, en el centro, explotaría la mediapunta en sus mejores minutos. No cesaba de intentarlo Ronaldo, desplegando un ramillete de opciones locales. Abrió fuego dibujando un lanzamiento raso desde larga distancia que obligó al meta a ejecutar una estirada de foto; Varane cabecea arriba el consiguiente córner; y Modric cerró el intervalo esbozando en el 65 un pase profundo al desmarque del luso, que cruzó cerca del poste.
Rochina dejaba su lugar a Fran Rico, Nico López entrada por Édgar -muy cansado- y Benzema hizo lo propio dejando espacio a Cheryshev. Ambos técnicos percibieron la necesidad de oxígeno para afrontar el epílogo de un duelo que de disparaba al novena a través de posesiones horizontales merengues. La batalla quedaba reducida al último esfuerzo de un rendido Granada -físicamente hablando- y a la capacidad del Madrid para superar su tedio para decidirse entre cerrar el duelo con el segundo tanto o con la extensión de su monopolio del cuero. Modric encontraría un mal despeje de Andrés para que el canterano ruso gozara de la última opción en el 83 de partido. Casemiro entró en acción por Isco -mejor en el segundo tiempo, en la mediapunta y con espacios- y el entrenador madridista decidió el rumbo de los suyos. Moriría con las botas puestas el rocoso conjunto de Sandoval, que elevó su presión en grado sumo y terminó por arrinconar a todo un Real Madrid que se afanaba por no resbalar y arrancar los tres puntos de un presunto trámite. La pérdida de Pepe, producto de la eficaz presión visitante, concedió a Márquez una falta frontal sin consecuencias que cerró el partido. Esquivó el segundo clasificado uno de esos agujeros de concentración que sentencian candidaturas sorteando la notable exigencia impuesta por el digno Granada. La tarde, que parecía pronosticar el homenaje, casi culminó con tormenta después de un envite replegado en sí mismo. La mejor noticia en este lado madrileño, de nuevo, un resultado que coloca al meta
tico en registros históricos de partidos acumulados sin encajar.
Ficha técnica:
Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Pepe, Marcelo; Kroos (Kovacic, min. 61), Modric; Lucas Vázquez, Benzema (Cheryshev, min. 79), Isco (Casemiro, min. 84); Cristiano.
Granada: Andrés Fernández; Lopes, Doria, Lombán, Biraghi; Javi Márquez, Krhin; Success (Rober Ibañez, min. 60), Rochina (Fran Rico, min. 66), Edgar (Noci López, min. 77); El-Arabi.
Goles: 1-0, minuto 54: Benzema.
Árbitro: Martinez Munuera. Amonestó a Édgar (min. 34), Isco (min. 42), Márquez (min. 69) y Krhin (min.79)
Incidencias: 64.000 espectadores en el partido de la cuarta jornada de Liga disputado en el estadio Santiago Bernabéu.