Plaza & Janés. Barcelona, 2015. 448 páginas. 19,90 €
Por Alejandro San Francisco
Esta novela, como muchas otras en la historia Chile, comenzó el 11 de septiembre de 1973, día de cambios dramáticos cuyas consecuencias se proyectarían en el tiempo. Aquella jornada acabó la “vía chilena al socialismo” y comenzó un régimen militar que se extendería por más de dieciséis años. El sueño de juventud del autor terminaba en pesadilla.
Roberto Ampuero era entonces un joven comunista, militante de la Jota, convencido de que la revolución proletaria traería cambios y bienestar para sus compatriotas. La jornada del “11” la vivió con el dolor propio de la derrota, de saber de los compañeros que quedaban en el camino y de la muerte del presidente Allende, así como también con la necesidad de buscar refugio. Poco después el Partido Comunista le pidió que dejara Chile, porque tenía información sensible. Así llegó el joven a la República Democrática Alemana, (RDA), un país que era una de las expresiones de los socialismos reales en Europa, donde conocería la realización histórica de sus sueños de juventud. Era enero de 1974. Su vida en la RDA es la historia que cuenta Roberto Ampuero en Detrás del Muro, una mezcla de recuerdos y ficción, o mejor todavía en palabras del autor, una “novela de mi memoria imprecisa”, por donde circulan amigos, amores, trabajos, centros de adoctrinamiento, militancia partidaria, momentos de liderazgo político, certezas no dispuestas a claudicar, seguidas de dudas incapaces de perseverar en la contradicción entre lo que se piensa y lo que se vive.
Parte de la historia de este libro es complementaria a otra novela publicada hace algún tiempo por Ampuero, Nuestros años verde olivo, que hemos comentado para El Imparcial, y que se refiere a la historia de sus años en Cuba y el desencanto con la Revolución Cubana al experimentar en carne propia la vida dentro de la dictadura de Fidel Castro, rodeado de la miseria y falta de libertad que soportaba el pueblo cubano durante años. Por lo mismo, aunque no sea una fórmula obligatoria, conviene leer ambas obras como si fueran una continuidad, y vale la pena.
Para una persona que había recibido formación sobre las bondades del comunismo en una lejana democracia burguesa de América Latina, llegar a la RDA era una gran oportunidad que debía aprovechar. Conocer el desarrollo ineluctable de la historia, saber que todos los males serían superados y que se construiría tarde o temprano el socialismo, porque así lo decían las leyes científicas del materialismo marxista, era el anticipo de la victoria que se creía con fe y se vivía con la devoción de quien estaba incluso dispuesto a dar la vida. Sin embargo, las historias no siempre son tan continuas, la libertad humana puede chocar con las pesadas estructuras de las clases sociales y la dictadura del proletariado, la capacidad de rebelión sigue viva aún en las circunstancias más adversas. Fue lo que le sucedió precisamente a Ampuero a medida que pasaban sus días y años detrás del Muro de Berlín.
En una ocasión se le ocurrió hacer la pregunta prohibida: “¿Qué te parece el Muro?”, una de las vergüenzas más visibles del régimen comunista. Tuvo otra conversación compleja con un amigo, quien también mostraba cierta libertad incompatible con el sistema al que estaba consagrado: “De solo haber visto el Muro y este espectáculo, uno sabe que el socialismo nació jodido, que esto jamás debió haber sido parido por Stalin, porque jamás superará en prosperidad ni democracia a Occidente”. Ya se estaban horadando sus convicciones de juventud, y el futuro no se veía fácil para el joven (todavía) comunista.
Quien describió muy bien el proceso sicológico que vivía Ampuero había sido el cubano Ulises Cienfuegos, quien le dijo: “Has permitido que surjan grietas en tu dique ideológico, y por eso no podrás detener tu desplome como revolucionario”. Era una definición bastante verídica del proceso que sufría el joven chileno, quien mostraba signos de agotamiento y pesadumbre: “Vivir en un país socialista es habitar en un espacio congelado en el tiempo, donde la historia ha sido abolida y ya no hay sorpresa, sino solo una enervante monotonía”.
En una ocasión visitó un Museo del Holocausto, y también el cuartel general de la Stasi, la sobrepoblada y omnipresente policía del socialismo alemán, y se dio cuenta de que el siglo XX le hablaba allí “con su lenguaje del horror sobre ambos totalitarismos”. En esa historia los comunistas tenían un largo catálogo de crímenes, horcas y paredones, desde Lenin a Fidel, desde Stalin a Mao. Algún amigo, su compañera de turno, quizá una autoridad, le manifestaron la preocupación por sus desviaciones, pero tuvieron escaso éxito.
Si se quiere perseverar en la adhesión al socialismo real hay que huir de las preguntas peligrosas o complejas, y no hay que buscar respuestas que signifiquen una abdicación. Por lo mismo las que se hacía Ampuero eran el preludio del abandono de su ideología de juventud. Por ejemplo, la inquietud sobre por qué querían huir los alemanes orientales que tenían salud y educación gratuitas, incluso dispuestos a superar un Muro donde quizá se encontrarían -como tantos- con la muerte. Nada era gratuito en el socialismo, en realidad, porque se cobraba con deberes de lealtad y respaldo político, de obediencia y silencios, de lo contrario el ciudadano, también los chilenos en el exilio, serían considerados malagradecidos por reclamar contra un Estado que les daba todo.
Tarde en la historia, cuando el Muro se acercaba -ante la ignorancia universal- a su improvisada muerte, Ampuero logró realizar labores profesionales de periodista en Alemania Occidental, en la convicción de que “nadie regresa al socialismo”. Menos en el caso del joven que, siguiendo la fórmula de Semprún y Octavio Paz, no estaba dispuesto a entregarle su presente al comunismo a cambio de que éste le entregara el futuro. Más bien quería vivir la libertad en tiempo presente, inmediato, sin procastinaciones ni compras a futuro.
Detrás del Muro, a la larga, es una novela de varios capítulos de lucha interior entre la ideología y la realidad, que muestra en el ámbito político que la pasión por la libertad es más grande cuanto más se ha sufrido con las dictaduras.