Todos los intentos de Arturo Mas por conseguir apoyos internacionales a su propuesta de independencia producirían una enorme carcajada de no ser porque se está jugando con las ilusiones de mucha gente, porque se ha engañado, se han creado estructuras de corrupción y se quiere romper España, llevándose a Cataluña a no se sabe muy bien qué tipo de estado, desde luego fuera de la Unión Europea. Un juego peligroso que solo beneficia a quienes todo lo pueden perder, porque mucho han ganado en estos tiempos, réditos que en algunos casos se alojan en cuentas numeradas de paraísos fiscales.
Noventa millones se ha gastado Mas en buscar apoyos más allá de nuestras fronteras, sin éxito. Un tiro de tres puntos que no se ha colado en el aro.
Un discurso institucional del día de la Diada para hacer propaganda de una opción independentista, que la propia Junta Electoral ha reprobado. Una falta personal más para Arturo Mas.
Una entrevista en la BBC (
entrevista completa, o
los dos minutos del KO) en donde un periodista, Stephen Sackur, le sacó los colores a Raül Romeva (nacido en Madrid, 12 de marzo de 1971). Un KO en toda regla. Es cierto que el número 1 de la candidatura independentista ante los ataques del periodista británico solo podía oponer sus sonrisillas cada vez que era “tocado” en el argot de la esgrima. También es verdad que el nacionalismo catalán está acostumbrado a los medios y periodistas “amigos” que viven de los fondos de la Generalitat catalana que en muchos casos revierten en Asamblea Nacional Catalana (ANC), instrumento del independentismo desde 2012. Pero en este caso, con un periodista de verdad, el independentismo acabó por los suelos.
Arturo Mas hasta ahora ha jugado un partido casi sin rivales, por pasividad o incluso complacencia de los políticos españoles, entre los que sobresale el anterior presidente de gobierno español, con los rivales desunidos y los árbitros mediáticos comprados. No soy el único que creo que durante años se dejó crecer el proceso independentista. Algunos para obtener un mejor tratamiento fiscal, otros para mantenerse en el poder en Madrid y, otros para hacer negocios aunque tuvieran que pagar el 3% o el 5%. También son responsables los políticos nacionales que han mirado para otro lado o han permitido el chantaje nacionalista que por unos votos en las Cortes españolas obtenían más y más competencias y dinero. Ha faltado un acuerdo claro y rotundo del PP y el PSOE en temas de Estado. No se trata de decir quien ha sido más temerario y corto de miras, pero en todo caso han jugado a la política con minúsculas. Los medios de comunicación, el contrapoder, en Cataluña se encuentran subvencionados por la Generalitat y hechos como el editorial conjunto publicado en el 2009 de los medios catalanes a favor del Estatut para presionar al Tribunal Constitucional son síntomas que el pluralismo informativo brilla por su ausencia. Son árbitros excesivamente caseros.
Sin embargo, el precipicio de la independencia ha puesto nervioso a más de uno y muchos se han puesto a jugar contra el independentismo. Aún falta coordinación, un proyecto común de España, unas normas de solidaridad y colaboración, un dejar la política partidista por una política común y un diálogo para llegar a todo ello. Sin olvidar lo esencial, a los ciudadanos y sus problemas.
Los refuerzos para el equipo de España también han llegado del extranjero: Obama, Merkel, Cameron, la Comisión Europea e incluso el periodismo serio y responsable de la BBC han desvelado a donde lleva la independencia y los tejemanejes del nacionalismo más preocupado por desarrollar el independentismo que por gestionar bien la sanidad o la educación.
Al equipo de España se ha unido la Banca que se ha manifestado en contra de la independencia. La Caixa y Banco de Sabadell han informado que de proclamarse la independencia dejarían de tener su sede en Cataluña. Es cierto que un gran número de los grandes empresarios se han manifestado contra la independencia, aunque otros siguen apoyando a Mas. Me gustaría encontrar una lista de ellos que se esconden detrás de las llamadas “entidades empresariales” (Pimec, Cecot, FemCat y Círculo Catalán de Negocios) que apoyan el derecho a decidir. Más que nada para que yo pueda “decidir” que productos catalanes compro y uso, aquellos de quienes no se avergüenzan de ser españoles. No se trata de un boicot a los productos de empresarios independentistas, simplemente no quiero que mi dinero pase a engrosar las arcas independentistas. Hemos podido conocer a alguno de los empresarios pro-independencia, como Javier Ferrero, accionista de referencia de Nutrexpa que produce Cola Cao, Nocilla, Paladín, Okey y Mesura. En el lado español sobresale José Luis Bonet, presidente de Freixenet que sufre en Cataluña un boicot por declarase español. Por cierto, las pasadas Navidades en mi casa compramos y consumimos el excelente cava Freixenet y, no bebimos más por los controles de alcoholemia y porque la familia asturiana promociona la sidra achampanada.
Aquellos que sabemos lo que podemos perder los españoles y los catalanes, nos hemos puesto a animar a nuestro equipo. Catalanes universales que demuestran con esfuerzo y sudor su valía, juegan en la selección española. Ellos son a los que admiramos, por eso el mejor juego y ejemplo es el de Pau Gasol. Mucho me temo que en el partido de baloncesto contra Francia, algunos independentistas se mordía las uñas cada vez que Gasol metía una canasta o conseguía un rebote. Nuestra victoria en el Eurobasket ante Lituania es el mejor ejemplo de lo que podemos hacer. Nuestros catalanes universales han demostrado que todos unidos conseguiremos más, que desparramados. Mis felicitaciones a la Selección Española de Baloncesto. Me siento orgulloso de vosotros, seáis catalanes, madrileños, canarios… porque lo importante es que habéis luchado y ganado por España
PS. Disculpen los lectores el gazapo de colocar las elecciones catalanas en noviembre. Así lo hice en mi artículo anterior:
Después de las vacaciones: la reentrada política. Muchos me han escrito para señalar mi error, pero si el magnífico Pau Gasol a veces yerra, ¿cómo no me voy a equivocar yo?