Especial Liga

El Atlético exhibe su capacidad de sufrimiento para no desnudar aristas a su candidatura

JORNADA 5: ATLÉTICO 2 GETAFE 0

Diego García | Martes 22 de septiembre de 2015
Los goles de Griezmann sellaron los tres puntos con más sudor del previsto. Por Diego García

El candidato a volver a ser candidatable para el título de Liga afrontaba este martes una fiscalización de la profundidad de la plantilla y el proyecto. Acuciado por la acumulación de partidos y compromisos y el descenso de descanso y huecos para la desconexión de la columna vertebral, el Atlético disfrutaba del desafío poco glamuroso de no resbalar por mor de las oquedades del vestuario. El bagaje de las rotaciones encontraría en esta visita del vecino sureño la verdadera medida de madurez a estas alturas precoces de calendario. Ganar como obligación, sin preponderar el convencimiento a través del juego, figuraba como único punto de día colchonero.

Diego Pablo Simeone actuó en consecuencia del desafío e introdujo variaciones en su arquetípico once de salida. Siqueira regresaría al lateral izquierdo, Savic acompañaría a Godín, Saúl actuaría como muleta de Gabi en la medular, Carrasco ocuparía el escaño -que no el rol- del lesionado Koke y Óliver y Torres recuperarían sus galones en pos de alcanzar la legitimidad en la titularidad para citas venideras. La hoja de ruta permanecía invariable (intensidad, rigor táctico colectivo, fuego en el robo y frenesí en la salida) pero la inclusión del extremo portugués abriría el campo para la movilidad de los puntas. La presencia del 10 novel aseguraría mejor manejo del cuero y menos verticalidad. Jackson debía esperar, de nuevo, una oportunidad desde el banquillo.

Fran Escribá desembarcó a su endeble bloque en la ribera del Manzanares con la intención de puntuar y esquivar el mal arranque de ejercicio (tres puntos de doce). Colocó el técnico un sistema defensivo físico con el apoyo de Juan Rodríguez y Medrán (anatomía y calidad en la distribución) para cerrar su esquema de repliegue y transición con Pedro León apostado en una banda, Lafita en la otra , Víctor en la labor bregadora-llegadora por el flanco central y Scepovic como punta de lanza y referencia para el desahogo. La pretensión exigía aguantar el tipo ante una posible mecha incendiada local como aperitivo y crecer en seguridad y convicción con el paso de los minutos para, con una buena lectura de las debilidades y cansancio rojiblancos -peaje continental diferencial-, trazar de pinchar con el paisaje despejado.


Pero no cumplirían este desideratum los pupilos de Escrivá. Con el duelo todavía en la fase de acoplamiento de los esquemas y las intenciones, rápido se esbozó el cariz que se extendería durante buena parte del primer acto: se desarrollaría un juego de presión y repliegue mutuo que dejaría a los jugadores del Cholo en buena posición para cosechar de los errores en la circulación y cierre visitantes. Así, sin ceder tiempo, el Atlético adelantó las líneas de presión y se encontró con el dulce sabor del gol tempranero. Un despeje precario a la salida de un saque de esquina llegó a las botas de Gabi. El mediocentro chutó y Griezmann, que pasaba por ahí, cazó la pelota para controlar, girar su anatomía –en soledad en el centro del área- y cruzar hacia la red con una volea venenosa. Con sólo cuatro minutos de envite los azulones sufrían el primer revés de complicada digestión.

Creció en envergadura el duelo con los sureños sin cambiar el rictus. Es más, buscaron la incomodidad de un Atlético trompicado en su salida subiendo los vatios en el achique. Se estableció el parangón de fragor y pericia tras robo con los locales brillando e imponiendo su discurso en lo uno y lo otro. Saúl batía líneas explotando el espacio de Griezmann en la mediapunta –promocionado por la posición pegada a la cal de Carrasco- al tiempo que Medrán y Rodríguez acumulaban pérdidas. El francés repetiría intento en el siete a través de un slalom vertiginoso y en transición que culminaría con el chut a las manos de Guaita.

Disfrutaba el bloque colchonero del aroma de la superioridad posicional, de sensaciones y del tempo entregado a una intensidad en el repliegue que jugaba con la altura de sus líneas y negaba la posesión a un Getafe timorato en el cierre, que brindaba espacios para la llegada de segunda línea y por el carril central y, para su desgracia, no representaba amenaza alguna en ataque por adolecer de respuestas en ataque. Pedro León, inoperante, tendía a virar hacia el centro para aprovechar el recurso azulón del pelotazo ingrato a Scepovic y la búsqueda de la segunda jugada. Todo ello sin éxito.

No cesó el ritmo abrasivo de la imprecisión en salida de los visitantes y Saúl -sobresaliente en su adaptación al mediocentro- hizo botín con un robo que Carrasco cruzaría en exceso desde el pico del área en el 17. La concentración atlética pintaba de rojiblanco el tono de la confrontación gracias a la actitud depredadora que se merendó el nervioso –con balón- centro del campo getafense. Lafita abrió el fuego de los pupilos de Escribá en el 27 de partido con un disparo desde larga distancia que atajó Oblak, desperezándose, sin problemas.

Se disparaba el choque hacia el intermedio con el campo inclinado hacia la meta de Guaita aunque la producción de ocasiones rozaba el mínimo. El Atlético negaba las situaciones de riesgo a su rival al implementar una vigilancia tras pérdida excepcional y alimentaba su cortejo del cuero con Óliver disfrutando de libertad de movimientos -aunque impreciso en la circulación-, Saúl y Gabi dibujando asociaciones horizontales que Siqueira y Carrasco traducían en desborde construyendo superioridades en la prolífica banda izquierda. Mezclaba por entonces el conjunto rojiblanco horizontalidad y verticalidad.

Pero afrontaría la batalla su último tramo de primer tiempo con un descenso palpable de ritmo ofensivo local. El ardor en la implicación defensiva permanecía inalterable aunque el desempeño global bajaba enteros en una suerte de respiro que engordaría el ego visitante, acelerado en busca del empate en esta grieta antes del descanso. Ritmo pausado y trompicado en la posesión pero concentración en el cierre por parte de ambos equipos. Guerra de guerrillas en el centro del campo con los locales tomando un respiro en el esfuerzo. Así, el desequilibrio en el mando cedió enteros. Alzó las líneas y la personalidad el Getafe y arribaron sus primeras opciones claras con Scepovic como protagonista. La primera tomaría cuerpo en una falta lateral que calculó mal Juanfran para el control y chut desviado del punta balcánico -todo ello desarrollado en un ejercicio malabarista sobre la línea de fondo-. La segunda, generada por una pérdida del fallón Óliver en campo propio, sobrevendría en el mano a mano súbito que el delantero cruzaría con potencia desde el pico del área para la reacción certera de Oblak en el 40.


Quedó decretado, pues, el parón y la reanudación con deberes para ambos técnicos. El sabor con el que el Getafe había entrado en vestuarios debía incentivar la valentía en pos de la igualada -por convencimiento de su carácter factible- dejaba a los colchoneros pendientes de reacción, ya que se empezaba a adivinar el plomizo color del resbalón. Sin embargo, mantendría su tonalidad pareja en posesión y sensaciones del duelo hasta el ecuador de segundo acto.

Si bien la creación de situaciones de remate de ambos contendientes no ascendió, el partido se replegó hacia la incertidumbre del cara a cara en el reparto de escaramuzas en la medular. Subiría el nivel de concentración sin pelota y se templaría la velocidad en la asociación, lo que situaba el envite en el territorio del balón parado o los fogonazos en cambio de ritmo. Así, con la pelota cada vez mejor cuidada por los visitantes y el repliegue cada vez más encerrado de los locales, llegarían los primeros intentos infructuosos y las rotaciones. Simeone entendió que el equipo necesitaba aires renovados y sacó del césped a Óliver, Carrasco y Torres para dar entrada a Tiago (efectivo como taponador y elemento de fluidez), Correa y Jackson. No cambiaba el pelaje rojiblanco -con el luso en rol de cohesionador en el achique, la perla argentina en la labor de desequilibrio desde el perfil izquierdo y el papel referencia aérea y en profundidad del rematador cafetero-. Escribá introduciría en la fórmula a Wanderson para eliminar al ausente Pedro León.

Y el partido entraría en el intervalo previo al epílogo con un ascenso de pulsaciones local en busca de la sentencia. Los tres peones de la medular potenciaban el despegue en transición de los tres puntas y la llegada en estático de los laterales. De este modo se desató la tormenta de llegadas atléticas, pero, antes, en el 62, Pedro León rozaría las tablas. La subida de líneas de los pupilos del Cholo dejó espacios para el imprevisto tras robo, una tesitura que lanzó la contra efervescente conducida por Víctor que culminó el extremo murciano con un remate que lamió el poste en el mano a mano.

Reaccionó el conjunto local sin modificar su movimiento de presión y opresión para que las oportunidades aparecieran. Correa subía el telón en el 65 con un chut desviado tras el mal despeje en otro saque de esquina; Saúl probaba suerte desde la frontal por vía de una asistencia en estático de Griezmann en el 70; Jackson cabeceaba desviado a continuación al centro de Gabi; y Correa, el más activo en transición, cerraba el capítulo en el 77 con una muestra de su habilidad en la finta y un disparo que no dibujó en ángulo preciso.

Abrazaría el partido su último cuarto de hora bajo un paisaje inesperado: los getafenses arrinconaban al bloque del Cholo en una pulsión de coraje que le entregó la posesión y los espacios para la contra a los rojiblancos. Entraron en escena Álvaro Vázquez y Bernard y manejaba el cuero de manera horizontal el sistema de Escrivá, con el Atlético juntando líneas de manera firme y tratando de sobreponerse al cansancio acumulado. Jackson y Correa -excelso en el baile con su par- actuaban como desahogo dentro de un esfuerzo agónico que negaría el botín a los azulones y recogerían rédito a los locales, desprovistos de cosecha por el error en el último pase. Una transición conducida por el tridente llegaría al desmarque del colombiano que, tras controlar, cedería al remate en soledad de Griezmann en el segundo poste para la certificación de los sufridos tres puntos.

Ganó en estadística un Atlético que supo sobreponerse a la gélida exigencia de la primera marea de partidos de la temporada. No enamoró en su faceta artística pero sumó sudor y astucia para evitar que llegara a la orilla un equipo desprovisto de pegada que, por el contrario, no le perdió la cara a su ambición a pesar de la escasez de ocasiones generadas. Murió con las botas puestas el Getafe y sonrió, tras regatear a los imprevistos, el proyecto de Simeone que todavía no tiene afinado el cierre de partidos a través de la posesión -no así el pedigree ganador, bien afilado- y la calidad de su plantilla post-veraniega.



Ficha técnica:
Atlético: Oblak, Siqueira, Godín, Savic, Juanfran, Gabi, Saúl, Óliver Torres (Tiago, min. 63), Carrasco (Correa, min. 45), Griezmann y Fernando Torres (Jackson Martínez, min. 56).
Getafe: Guaita, Damian, Vergini, Alexis, Vigaray. Juan Rodríguez (Bernard, min. 81), Medrán, Pedro León (Wanderson, min. 69), Victor, Lafita (Álvaro Vázquez, min. 79) y Scepovic.
Goles: 1-0, minuto 4: Griezmann; 2-0, minuto 89: Griezmann.
Árbitro: Álvarez Izuierdo. Amonestó a Siqueira (min. 1), Juan Rodríguez (min. 35), Gabi (min. 39), Tiago (min. 72) y Lafita (min. 79)
Incidencias: 50.000 espectadores en el partido de la quinta jornada de Liga disputado en el estadio Vicente Calderón.

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