Opinión

Las dos Cataluñas de Arturo Mas

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 23 de septiembre de 2015
Miren ustedes por donde el fregado catalán nos viene bien a todos. Si el día 27 sale cara, pues a freír espárragos los que tanto anhelan cruzar el Niágara en bicicleta, que diría Juan Luis Guerra. Si por el contrario, sale cruz, pues el señor Mas se marchará a Suiza donde un franco ya no son 14 pesetas, sino que ahora son 0,91 céntimos de euro. ¿Y el resto de sus acólitos? -se preguntarán-, pues quedarán a merced de la incuria por los tiempos de los tiempos.

De manera que lo mejor para todos es que el próximo día 27 no se escatime en urna ni un solo voto, ojalá todo el censo desfile y los catalanes españoles con oficio de cordura depositen su futuro con el firme convencimiento de que esta trola de ser independientes no significa en absoluto entrar al día siguiente del sufragio en Shangri-La, ya saben, aquél utópico paraíso perdido donde la felicidad era permanente y cuyos habitantes eran casi inmortales.

Permitan que me quiebre de la risa si a pesar de todo prevalece la tozudez con la copla esa de la soberana emancipación, porque puestos a sospechar, si el resultado desemboca en un tratado de independencia, también habrá que hacer el esfuerzo de imaginar a una población de unos 7,5 millones de habitantes vagando entre las cuatro paredes de una Cataluña aislada del resto del mundo como si de un foco bubónico nos hubiera devuelto al siglo XIV en plena Edad Media. Por activa y por pasiva sabido es que ningún organismo internacional les va a reconocer como estado de nuevo cuño, como tampoco lo harán los principales empresarios, los grandes bancos y los inversionistas que mueven beneficiosos intereses. Tampoco nadie dentro del marco de la legalidad va a considerar esta maniobra de manera distinta a la de un ataque febril del señor Mas pretendiendo con ello emular al caudillo Aníbal Barca, pero claro, para esta historia ya no quedan elefantes como los de entonces, ahora Europa es una sola e indivisible.

Dicho esto, naturalmente que todos tenemos derecho a soñar, estaría bueno, lo que sucede es que algunos se duermen antes de poder conseguirlo. Y esto es lo que le sucede al iluminado de turno (en este caso el señor Mas) que interpreta los sueños delírium trémens a costa de la sedación que viene sometiendo a Cataluña durante todos estos años con el capricho ese del independentismo. Y claro está, los sueños, sueños son, pero en algunas ocasiones la propia somnolencia te hace confundir la realidad. A un conocido mío le sucedió algo parecido, se despertó entre noche y al sentarse sobre la cama metió los pies en el orinal y creyó estar en Venecia. Por eso conviene estar muy despierto cuando lo que se pretende es viajar más allá de la propia representación onírica.

A estas alturas de la historia nada nuevo que demostrar cuando se han vertido tantas falacias. El daño ya es irreversible para un pueblo que vive su futuro más incierto por culpa de quienes alimentan el monstruo de la necedad. Son estos, precisamente, quienes pueden arrastrar a los otros catalanes que en cientos y cientos de miles de personas conviven con el único plácet de sentir Cataluña de la misma manera que lo hacen con Cantabria, Extremadura, Asturias o Becerril de la Sierra. Son los mismos catalanes que no odian, que toleran y respetan, que además no entienden la inquina que les inculcan hacia los demás pueblos de España. En definitiva, son los que no quieren dejar de ser españoles porque unos incongruentes y mediocres regidores fantaseen con dominar el mundo negando la mayor a diestro y siniestro. Lo que está a punto de suceder, si no lo remedian las urnas, no es otra cosa que la quiebra humana de la sociedad catalana y lo peor de todo, el apartheid para los miles y miles de otros catalanes sin complejos. En definitiva, dos cataluñas en una sola.

En fin, si al final de este ejercicio separatista el resultado colma los deseos de cuantos insurgentes así lo anhelan, no cabe otra que cerrar las fronteras de la convivencia, levantar un gran monumento que simbolice a cuantos catalanes españoles quedan atrapados al otro lado de la muralla y acostumbrarnos a convivir con la versión de este nuevo muro de la vergüenza. Una última consideración, Don Arturo, si esto sucede, usted pasará a la historia de los ídolos de barro.

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