Especial Liga

La jerarquía y el compromiso disparan la confianza del Madrid en Bilbao

JORNADA 5: ATHLETIC 1 REAL MADRID 2

Diego García | Miércoles 23 de septiembre de 2015
Los pupilos de Benitez impusieron su calidad igualando la contienda en intensidad. Por Diego García

La atmósfera propia de la rejuvenecida catedral del balompié patrio actuó como maestra de ceremonias de un enfrentamiento de altura. En liza una de las visitas que mayor indigestión genera al coloso madrileño y las urgencias de un bloque llamado a ascender en ambición, que cuenta con tres puntos de doce posibles en este arranque de ejercicio. Madrid y Athletic dibujaban, sobre el papel, un despliegue de fiscalización mútua: los locales exigirían concentración en el repliegue, músculo en la brega y eficacia en la elaboración de ocasiones; los visitantes, por contra, escudriñarían el grado de madurez y consistencia colectiva e individual del renovado vestuario bilbaíno. Todo ello bajo el paraguas de la rivalidad y el aliño del duelo de estilos.

Ernesto Valverde apostó de inicio por la vertiente física de su exuberante plantilla. Sentó la lucidez con el cuero de Eraso y Lekue para tratar de colapsar la medular a través del ritmo que lance transiciones puntiagudas. Con Beñat como cerebro exclusivo, San José, Raúl García, Susaeta y Sabin Merino habrían de tejer una red de seguridad que disparara, tras robo, el avance de filas y la búsqueda de alimento para los llegadores. Aduriz repetía como referente inspirado que aguarda los cebos de los extremos. La altura de Balenziaga y De Marcos -carrileros o laterales según la necesidad- marcaría la permisividad de los rojiblancos para con la tenencia del esférico madrileño. La pulsión competitiva se equilibraría con la endeblez en el orden de repliegue.

Rafael Benítez no dudó en modificar el esquema para ajustar la idea de juego a las áridas ausencias (Ramos, Bale, James y Danilo). Así, acompañó a Modric y Kroos de dos artistas disfrazados de obreros, Isco y Kovacic (la gran sorpresa), que adelantarían su escaño en fase ofensiva. Entendió el técnico español que no necesitaba en primera instancia la cohesión y brega que añade Casemiro ante el cariz de la batalla. Ronaldo y Benzema debían exhibir movilidad. De manera simétrica, la valentía de Marcelo y Carvajal examinaría la grupal. El Madrid sufría una prueba de fuego precoz a la fluidez del proyecto, sobre todo en la asociación, concentración y la activación tras pérdida.

Con este mapa de situación subió el telón el primer obstáculo capital que se cruza en el camino merengue (un mapa que, escorzo de la fortuna, coincidía en contemporaneidad con el 4-1 abrasivo que padecía el Barça en el averno vigués). Se desató desde el primer suspiro el paisaje que dibujaría el primer acto: el Athletic trazaba una presión a toda cancha, con la zaga adelantada y el Madrid, ahogado en ocasiones, buscaba imponer su discurso en la charla y explotar los espacios que dejaba la oleada de intensidad de la medular vasca. El robo y pase vertical supuso la hoja de ruta de los locales al tiempo que los visitantes mezclaban horizontalidad –incómoda- y envíos en profundidad.


Isco se liberó de la línea de cuatro para llegar en segunda opción mientras que Kovacic, Modric y Kroos se apoyaban en los laterales para generar superioridad y mantener el tipo en el cortejo del balón. En medio de esta bella confrontación de estilos y variantes de riqueza táctica, Isco condujo una transición que culminó Benzema con un chut cruzado, que no hizo diana, como apertura de las hostilidades. Varane cabeceaba fuera el saque de esquina posterior ahondando en lo prolífico de la creación de ocasiones.

El ardor mutuo en el intento por imponer la preeminencia del estilo físico o técnico condujo a terrenos de incertidumbre y imprecisión. La exigencia resultaba máxima en una cuadratura de ritmo asfixiante. Raúl García respondía con un lanzamiento desviado tras el despeje defectuoso de Varane, en la primera posesión larga bilbaína, y se desató un flujo creativo con concreción hacia los palos que se estiró hasta la media hora de juego. Reaccionó al intento inicial vasco Benzema a través de una volea que no encontró el larguero después de la peinada de Ronaldo –minuto 13- y profundizaría en el modelo el luso con una falta desde 35 metros que no inquietó al meta local –minuto 18-.

Pero, con el duelo inmerso en el intercambio de punzadas y la investigación de fisuras, sobrevino el punto de inflexión que marcaría el cariz del envite. Con el Madrid solidificando el movimiento de presión con las líneas juntas y adelantadas San José se dispuso a ceder a su portero en área propia. Benzema detectó el intento y lo interceptó para batir a un Iraizoz en salida desesperada. El error tétrico del central reconvertido a mediocentro sbrayó un efecto doble: bocanada plomiza al esfuerzo solidario bilbaíno y deflagración de calma y seguridad a la circulación madrileña. Se descompensaba la igualdad en el 19 de partido.

Y se descompuso el bloque de Valverde. Perdió el horizonte ofensivo y tendió a la cesión de metros a causa del shock. Aprovechó el Madrid para regar la cosecha ante el escenario y, con asociaciones veloces y temple en el manejo posicional, encontró el camino hacia la portería oponente: un envío largo de Modric a Benzema condujo al despeje de la zaga y volea que cazó Ronaldo para la reacción de Iraizoz en el 21; el punta luso no conectaba el segundo gol al centro de Marcelo por centímetros en el 22; Kovacic tomaba el relevo en el 23 con un centro que esbozó una contra de tres para tres que culminó con un disparo desviado en acción individual Ronaldo; la mejor combinación visitante del partido, que pasó por las botas de Cristiano, el centro de Isc y el control impecable de Benzema sin espacios, se zanjó con el disparo de Kroos que dibujó la trayectoria hacia la cruceta sin encontrarla –minuto 28-.

Degustaba cierto sabor a comodidad un Madrid dominante en las dos facetas del juego. El cuero era suyo por mor de la calidad impuesta sobre la potencia anatómica y la actitud en repliegue. Sólo cazó el Athletic una contra que Merino cabeceó desviado en este intervalo. Sin embargo, en los últimos 15 minutos antes del intermedio, el equipo vasco aceleró y se desperezó para mantener una presión valiente que zafó el peso del golpe. Así, la travesía en pos de la anestesia merengue empezó a trompicarse en plena caída de vatios y el rival bilbaíno no rifaba la posesión, una situación que intercalaba verticalidad con pausa.

Arribó el descanso con tiempo para que Iraizoz calmara a los suyos sacando el remate de Kovacic en una combinación frenética. El balón salió del perfil izquierdo para besar los pies de Isco, que cedió a Benzema en apertura a Carvajal. El centro del lateral al segundo poste condujo a la cesión de Ronaldo para el remate del croata en el punto de penalti en el 37. Pepe cabecearía fuera una jugada de pizarra y Navas despejaría el testarazo del astuto Aduriz en el 40. Aún Gorka tendría en sus guantes otra acción providencial para negar al gol a Matteo tras otra transición volátil tejida entre Ronaldo y Benzema con el Athletic tratando de arrancar el descanso ante la ruptura de sus líneas. Debía recomponer la figura Valverde y respirar el Madrid. Los datos ofrecían un 61% de posesión madrileña y un balance de 4 a 16 en ocasiones generadas (con 1 a 5 en tiros a puerta). El monopolio capitalino resultaba palpable cuando la intensidad admitía parangón.

Arrancó el segundo acto con el ascenso de revoluciones bilbaínas, desplegados con ambición sobre el césped en el segundo acto. No negó la cara a los riesgos que supone adelantar las líneas ante el Madrid y los frutos frente al respiro merengue no tardaron en tomar cuerpo. Lo hicieron, en primera instancia, al galope de una contra y chut desde media distancia de Aduriz –omnipresente- que Keylor sacó con complicación en el 50. Los pupilos de Valverde buscaban superioridades para alcanzar el centro al área desde la banda ante un Madrid en repliegue que prolongó la intención de imponer la bajada del ritmo a través de la posesión.

Creció el rigor físico que exigía el tempo del Athletic ante un conjunto, el visitante, cansado, remolón y agazapado por el ardor local. Las posesiones duraban menos y el juego madrileño se torno vertical en busca de contras al espacio. Una tesitura de empuje vasco que confluyó en el empate. El balance defensivo precario del Real Madrid potenció el robo y salida de Laporte en el fallo de colocación de Marcelo, Kroos y Pepe. El centro que ideó Susaeta desde la derecha fue rematado de manera soberbia por Sabin, apostado en el palo largo. Se rompía la inercia imbatida de Keylor Navas y el club de Bilbao recogió el premio al fogoso esfuerzo de intensidad colectiva. Llegaban las tablas en el 68 con un paisaje de incertidumbre patrocinada por la imposición del tapete vasco.



El Madrid, que mantuvo su idea a tenor de los pliegues que ofrece el espesor táctico que trabaja Benítez, reaccionó tomando el cuero como obligación ofensiva, y no contemporizadora, ante un Athletic que se negaba a bajar el pié del acelerador. Fue entonces cuando arribaría la dentellada final. Un fallo en la concepción posicional de Balenziaga entregó hectáreas de avance a Isco. El malagueño, guarecido en el rincón derecho, dibujó un centro raso que Benzema inyectó en la red de Iraizoz. Penalizaba con veneno el Madrid, de nuevo, la inconsistencia bilbaína. Y el partido quedaba desequilibrado antes de su epílogo.

Respondió Raúl García con un cañonazo desde media distancia que se fue arriba como avance de lo que llegaría. Los pupilos del Txingurri adelantaron líneas de manera definitiva y buscaron el asedio, abanondándose a las asociaciones en banda para buscar a sus rematadores en el punto de penalti. Benítez movió ficha con presteza incluyendo en la fórmula a Casemiro –por el iluminado Benzema- y Jesé –por el agotado Isco-. Quería el técnico madrileño apuntalar un triple pivote de retén abriendo espacios de contragolpe con la velocidad del canario y la conexión intermedia de Kovacic. De este modo consiguió el equipo visitante amortiguar la carga en banda rival y deslabazar en fango la claridad coyuntural de las llegadas ajenas. Lucas Vázquez también sería de la partida –por un notable Matteo- aunque su labor resultó intrascendente.

Se aproximaba el duelo hacia el minuto 90 con el Madrid intentando, nuevamente, congelar el ritmo a través de posesiones largas. Sin embargo, el brío decidido de un Athletic espoleado por la entrada en el verde de Fran Rico, Sola e Ibai –por San José, Beñat y Susaeta-, no remitió. Los rojiblancos sacrificaron claridad terrestre para entregarse al paradigma de centro al área en busca de sus rematadores. Por este conducto llegarían los remates de Aduriz, Raúl García y Sabin. Todos ellos sin éxito. La superioridad anatómica imponía su ley ante un bloque capitalino que respiraba con dificultad en el achique. Tan sólo un desborde de Ronaldo con disparo demasiado cruzado en el 84 permitió oxigenar a los suyos del ejercicio de concentración y solidaridad de esfuerzos y ayudas que desembocó en los tres puntos finales.

Triunfó el guión de Benítez en lo estadístico y en los apartados de confianza y seguridad. La visita confirmó las expectativas y el Athletic murió con las botas puestas, exigiendo una exhibición de jerarquía en la combinación y de capacidad de agonía en el repliegue y contención. Sobrevivió el Real Madrid a esta prueba de madurez en virtud de la solución de algunas de las flaquezas pretéritas: la desconexión en tramos del partido, la ruptura entre líneas como resultado de la falta de compromiso colectivo y el fondo de plantilla en los roles destructores. Así, San Mamés permite tomar impulso a un candidato al título que duerme feliz, líder, ante el sonrojo barcelonista, ahogado en el agujero negro de su endeblez defensiva. Victoria prestigiosa para un proyecto que todavía ha de legitimar su pedigree y al que debe seguir preocupando más su rocosidad defensiva que su pericia artística y anotadora.





Ficha técnica:
Athletic: Iraizoz; De Marcos, Etxeita, Laporte, Balenziaga; San José (Rico, m.72), Beñat (Sola, m.84); Susaeta (Ibai, m.78), Raúl García, Sabin; y Aduriz.
Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Pepe, Marcelo; Kovacic (Lucas Vázquez, m.89), Kroos, Modric, Isco (Jesé, m.72); Cristiano Ronaldo y Benzema (Casemiro, m.80).
Goles: 0-1, minuto 18: Benzema; 1-1, minuto 68: Merino; 1-2, minuto 70: Benzema
Árbitro: Mateu Lahoz. Amonestó a Ronaldo (min. 49), Pepe (min. 56), Beñat (min. 63), De Marcos (min. 66) y Kroos (min. 78), Ibai (min. 81) y Raúl García (min. 90)
Incidencias: 43.387 espectadores en el partido de la quinta jornada de Liga disputado en el estadio San Mamés.

TEMAS RELACIONADOS: