Un artista tan original como olvidado, apodado 'El Divino' y de nombre Luis Morales, merecía una exposición monográfica que contribuyera a la recuperación de su figura como parte fundamental de la historia del Renacimiento español. Ha sido este propósito el que ha llevado al Museo del Prado a dedicarle una muestra con la que se ha propuesto “inscribirlo en el siglo XXI y estudiarlo críticamente”, en palabras de Miguel Falomir, director adjunto del museo.
Morales, nacido en 1510 o 1511 y fallecido, probablemente, en 1586, fue a mediados del siglo XVI el pintor de mayor actividad en la zona de Extremadura influido por la pintura italiana y flamenca, pero también con referentes nacionales como Alonso de Berruguete. En su obra se percibe la huella del manierismo y del realismo del Barroco en su gusto por los contrastes lumínicos y la carga emocional de las escenas representadas.
Aislado de los grandes centros de producción, como ha recordado Miguel Zugaza, director del Prado, su trayectoria pictórica la dedicó exclusivamente al género religioso y, sobre todo, a cuatro temas: Virgen con el Niño, Cristo portando la cruz, Ecce Homo y la Piedad.
La devoción que emana de sus pinturas fue una garantía de éxito para el pintor, que gozó de la gloria económica y profesional en sus años de producción, aunque más adelante fue “ninguneado cuando no censurado”, según Falomir.
El historiador Antonio Palomino fue el primero en referirse a él como 'El Divino', aunque como recuerda el director adjunto del Prado, ese apelativo había sido utilizado por primera vez por Vasari para referirse a Miguel Ángel, aunque como alter ego de Dios por su capacidad creativa. Nada que ver con la connotación que utilizó Palomino, quien describe así al pintor por el contenido religioso de sus obras, que pueden contemplarse en la exposición en un montaje cuya atmósfera de quietud ahonda en la espiritualidad de lo mostrado.
Su seña de identidad, dice Ruiz en el catálogo de la muestra, fueron las imágenes de pequeño formato y repetida temática devocional. Si bien, como otros pintores del siglo XVI, también trabajó el retablo, técnica representada en la muestra por piezas como La Resurrección o El Calvario, recientemente donadas al museo por Plácido Arango. “Durante 50 años, y ayudado por su taller, realizó una veintena de retablos y obras de altar, de las que han quedado pocos ejemplos porque han sido destruidos o dispersados”.
La influencia de artistas italianos como Rafael o alemanes como Durero es posible percibirla en la factura de las obras, sobre todo en las Vírgenes o en composiciones como La Vírgen del pajarito, una de sus obras maestras. Asimismo, es interesante constatar el carácter innovador de Morales como se aprecia en La Virgen con el Niño escribiendo, un tema infrecuente, o en Cristo, Varón de Dolores, en la que el pintor dibuja a Cristo en actitud pensativa llevándose la mano al mentón al estilo de El pensador de Rodin. “Es una composición muy excepcional rara vez vista en otros artistas y seguramente influida por Durero”, comenta la comisaria a este periódico.
La “enorme belleza” de su pintura devocional, dice Ruiz, facilitó que se convirtiera en un pintor comercial, aunque no por eso de menor calidad pues la comisaria destaca la gran espiritualidad de su obra, el l cuidado puesto en la elección del soporte – roble báltico- ,el tratamiento técnico y o la construcción minuciosa.
Las 19 obras de la colección del Prado están acompañadas de las donadas por Arango y otras 35 procedentes de museos nacionales e internacionales, coleccionistas privados e instituciones religiosas.
Habitualmente, cuenta Falomir a EL IMPARCIAL, están expuestas una decena de obras de Morales en la colección permanente mientras que el resto se encuentra en los almacenes o en depósito. En los últimos 20 años, el Prado ha adquirido diez pinturas, la última La oración en el huerto (1560-1570), que ha sido incluida en la exposición.
Información sobre la exposición:
Lugar: Museo del Prado
Fechas: del 1 de octubre al 10 de enero
Horario: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas
Entrada: 14 euros (incluye la entrada a la colección permanente)