Mal se le pone el ojo a la yegua en la Junta de Andalucía a su presidenta tras las declaraciones del exdirector general de Trabajo, Francisco Javier Guerrero. No se puede decir más claro: “¡Por Dios, cómo no iba a conocer Susana Díaz el sistema de ayudas de los ERE!”.
Mucho se ha escrito sobre si es posible que Susana Díaz no supiera nada o sobre la credibilidad de un “personaje” que hablaba sin pelos en la lengua de la droga que consumía con todo el dinero que le llegaba, pero lo que Guerrero ha dicho en voz alta es lo que todo el mundo dice que se sabía desde hace años. Todo esto no hace sino presionar, aun más, a una presidenta que este mismo jueves ha visto cómo se formaba la comisión parlamentaria de investigación sobre la formación fraudulenta en los cursos a parados y trabajadores.
Se le junta el trabajo. Para rematar, Susana tiene que lidiar también con un nuevo caso, “Jeremie”, en el que aparecen el sobrino de Felipe González, el hijo de una expresidenta del PSOE en Andalucía, Amparo Rubiales, y el hijo de Manuel Chaves. Ya se verá…
Y digo yo: ¿Cuánto tiempo puede estar la presidenta andaluza diciendo que no sabía nada de nada de lo que allí se hizo? ¿Sigue la presidenta aspirando a cualquier responsabilidad a nivel nacional?
Ahora, lo que todo el mundo espera es una respuesta contundente de la formación que apoya al PSOE en el Gobierno andaluz. Ciudadanos debe aplicar algo de esa dureza que la que hace gala en la capital. Susana Díaz no es Cristina Cifuentes, pero Albert Rivera sí dice siempre lo mismo de PSOE y PP.
Y vuelvo a preguntarme: ¿Pueden afectar los casos de los ERE y los cursos de formación a Ciudadanos, sostén socialista en Andalucía, de cara a las generales? ¿Cuánto puede perder Rivera con la corrupción andaluza? Por otra parte, ¿cómo explica la formación naranja la diferencia de trato a Cifuentes en Madrid con tanta condescendencia en Sevilla con el PSOE?
No es sólo que la formación de preside Albert Rivera haya ofrecido su apoyo a la investidura de Díaz, es que la presidenta, junto al portavoz de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín, han impedido que las propuestas de la oposición sean debatidas en el Parlamento andaluz.
Rivera, crecido por los resultados en las recientes elecciones catalanas, ha de tener mucho cuidado con que no le explote en la cara el apoyo a un Gobierno absolutamente implicado en casos de corrupción y que, como vemos, cada día son más, a pocas fechas de las generales. No explicar su postura o no mostrarse exigente con Susana Díaz puede empezar a hacer que mucha gente se haga preguntas e intente entender el por qué de este soporte al PSOE andaluz.
Puede, entonces, que todo esto lleve a los votantes desencantados del PP que un día decidieron pasarse a la acera naranja de Rivera, aire fresco de la política, a darse cuenta de que Ciudadanos es una formación socialdemócrata, de centro izquierda con programa económico keynesiano. Y puede, para terminar, que toda esta masa votante vuelva a regañadientes a pensar en azul. Sin mucho ánimo, quizá, pero volverán a optar por el PP.