Entrevista a Federico Veiroj, director de 'El Apóstata', Fipresci en San Sebastián. Por L. Crespo
EL APÓSTATA
Director: Federico Veiroj
País: Uruguay-España
Guión: Álvaro Ogalla, Gonzalo Delgado, Nicolás Saad, Federico Veiroj
Música: Lorca, Eisler, NoDo, Lisabö, Prokofiev, Morente
Reparto: Álvaro Ogalla, Marta Larralde, Bárbara Lennie, Juan Calot, Kaiet Rodríguez, Andrés Gertrudix, Joaquin Climent, Álvaro Roig y con la participación especial de Vicky Peña.
Sinopsis: Comedia dramática que repasa las cicatrices de un joven que desea emanciparse de aquello que se escapa de su control, a la vez que dispara contra sí mismo y con un afán cínico en algunas cuestiones de fe, de culpa y de deseo.
Entre la comedia madrileña de los ochenta, el surrealismo y el drama social se mueve
El Apóstata, el tercer largo de
Federico Veiroj que ha venido a ratificar al cineasta como una de las promesas más firmes del cine uruguayo contemporáneo tras el éxito en los circuitos festivaleros internacionales de sus dos primeros trabajos,
Acné (2008) y
La vida útil (2010). Y es precisamente en un festival,en uno de los grandes, donde la película ha empezado su historia de amor con el público, un romance que Veiroj espera que se extienda a las salas españolas a partir de este viernes. Era la tercer vez que el realizador acudía a San Sebastián, la primera en Sección Oficial, y no ha salido nada mal parado:
El Apóstata ha recibido en el festival donostiarra la Mención Especial del Jurado y el premio de Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci).
En
El Apóstata, el protagonista y la chispa de la que surgió el proyecto tienen nombre propio:
Álvaro Ogalla, amigo personal y compañero de Veiroj durante los años en los que el uruguayo trabajó en la Filmoteca Española, en Madrid. Fue su propia experiencia en el intento de abandonar la fe católica la que inspiró al cineasta, que se sirve de esa base en torno a la infinita burocracia que requiere la apostasía para crear una película que, tal y como cuenta en una entrevista con El Imparcial,
transciende del hecho en sí de apostatar. En realidad, ese proceso para dejar de figurar como católico en las bases de datos de la Iglesia es una excusa para contar, en un primer nivel de profundidad, a un personaje perdido, torpe, como un niño encerrado en el cuerpo de un adulto que, rondando la treintena, no ha terminado la universidad, que trabaja apenas unas horas dando clases al hijo de una vecina, con la que mantiene una tensión sexual palpable, y que está enamorado desde la más tierna infancia de su prima. En una segunda capa, escarbando un poco más y con una sutilidad apenas perceptible, la cinta habla de España, de su historia, de su idiosincrasia y del peso que en ella tienen religión y familia como estructuras que conforman la tradición y la sociedad españolas y, en un grado u otro, calan en cada individuo crecido y educado en el país.
De ese trasfondo histórico que Veiroj quería rezumar dentro de una comedia dramática más o menos ligera, de su intención al rodar una cinta que guarda una complejidad estilística considerable y de las esperadas reacciones del público habla el cineasta uruguayo en su
vídeo-charla con este periódico: