La obra de Edvard Munch despierta en el espectador sensaciones encontradas que conducen de la vitalidad que emana de su rica paleta cromática a la angustia y la ansiedad de los temas en los que basa su trabajo.
Es esa exploración espiritual que hace el artista noruego a través de sus pinturas la que justifica el título Arquetipos de la exposición del Museo Thyssen, pues alude a toda representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad. Y eso es lo que, precisamente, hace Munch insistentemente en su producción pictórica, en la que no solo hay pintura, sino también un número considerable de xilografías y de bocetos y dibujos realizados con lápiz litográfico.
Nacido en 1863 y fallecido en 1944, su vida artística fue contemporánea de las nuevas corrientes pictóricas que se abrieron paso a principios del siglo XX, y en las que sin embargo no es fácil clasificarlo aunque cita el expresionismo en sus escenas fantasmagóricas, como en Bajo las estrellas, de 1900-1905, o el fauvismo en el uso expresivo del color, como en Verano en Kragero, de 1911. Tampoco hay que pasar por alta ciertos recursos compositivos tomados de la pintura religiosa como así parece apreciarse en las mujeres que lloran, que remiten a María Magdalena, como también ocurre en el retrato de una mujer pelirroja cuyos cabellos, por corte y tono, citan el modo de representar los de la discípula de Jesucristo.
La comisaria Paloma Alarcó aporta más detalles en el catálogo de la muestra sobre sus influencias: “A lo largo de toda su vida, Munch mantuvo una estrecha relación con los ambientes literarios y, desde el umbral de su carrera, creoó una mitología de los tiempos modernos en estrecha sintonía con la literatura y el pensamiento de sus contemporáneos. Su arte germinó a través de una peculiar mezcla de tradiciones artísticas, corrientes literarias progresistas y especulaciones esotéricas, sin olvidar los mitos de las tierras del norte”.
Esa mitología de los tiempos modernos de la que habla Alarcó la tradujo Munch en temas sobre los que trabajó profusamente: la melancolía, el amor, el desamor, la enfermedad, la muerte, la mujer, el desnudo o las escenas nocturnas.
En torno a estos temas ha sido dividido el recorrido de la exposición, que incluye un dibujo de El grito fechado en 1895, dos años después de terminar la versión al óleo sobre lienzo; hoy una de las obras de arte más fácilmente identificable, lo que invita a pensar que una exposición de Munch sin una referencia a esta pintura, conservada en la Galería Nacional de Noruega, sería una apuesta arriesgada, más si se atiende a la cantidad de merchandasing que ha diseñado el Thyssen inspirado en este dibujo a lápiz de pequeñas dimensiones.
Si bien, el museo busca en esta exposición romper con los estereotipos vinculados al artista, según explica Jon-Ove Steihaug, otro de los comisarios: “Se ha construido una imagen de artista deprimido, enfermo, alcohólico, solitario y psicológicamente perturbado que tuvo una infancia desgraciada y odiaba a las mujeres. […] Fue un artista-empresario muy productivo y de gran éxito que consagró fervientemente su vida a lo único que consideraba su verdadera misión: crear una obra de gran altura y ser respetado como artista. A esa meta subordinó todos los demás aspectos de su existencia”.
Información sobre la exposición:
Lugar: Museo Thyssen
Fechas: del 6 de octubre al 17 de enero
Horario: de lunes a domingo de 10:00 a 19:00 horas / sábados de 10:00 a 21:00 horas
Entrada: 11 euros