Isidoro Valcárcel Medina ha sido galardonado este jueves con el Premio Velázquez "por una sólida y coherente trayectoria de medio siglo, por la sobresaliente aportación al arte desde el compromiso ético, político y social, habiéndose convertido en un referente crítico en la escena artística contemporánea internacional.”
El premio, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte desde 2002 en reconocimiento a un creador cuya obra sobresale en el ámbito de las artes plásticas, está dotado con 100.000 euros.
Valcárcel Medina (Murcia en 1937) cursó estudios de Arquitectura y Bellas Artes en Madrid. Es uno de los artistas más representativos del llamado arte conceptual. Su arte se relaciona más con las situaciones y la realidad que con la producción de objetos. "Desde su primera exposición en 1962, donde parte de una abstracción que tendía hacia lo elemental, evoluciona rápidamente hacia estructuras constructivas caracterizadas por su simplicidad formal", explica Cultura.
En 1964 participó en el Primer Salón de corrientes constructivas. "Tiempo y espacio son factores presentes en el primer periodo, como demuestran obras como Pinturas secuenciales (1962), y la serie Armarios (1964-1967)". En los años siguientes realizó piezas cada vez más simplificadas en su estructura.
A estos ejercicios siguen otras obras articuladas mediante encuestas, anuncios públicos, fotografías anónimas, exámenes colectivos, diccionarios o grabaciones telefónicas, obras que parten de la recolección y registro de datos y que se enmarcan en el denominado 'arte sociológico'. De este periodo cabe destacar, entre otras: 12 ejercicios de medición sobre la ciudad de Córdoba (1974), Retratos callejeros (Madrid, 1975), El diccionario de la gente (São Paulo, 1976) o 136 manzanas de Asunción (Asunción, 1976).
A partir de los años ochenta se aproxima a la arquitectura, implicándose en las realidades que se derivan, por ejemplo, de la creación de un pantano o del movimiento okupa.
"Su obra ha ido evolucionando desde propuestas objetuales susceptibles de llegar a ser mercancías artísticas hasta una desmaterialización que favorece la aparición de una actitud que transforma la conciencia de la percepción no tanto en obra de arte sino en experiencia de arte. Esta actitud es la que le permite interrelacionar la vida con el arte, y el arte con una reflexión crítica y provocadora de la realidad".