Gota a Gota/ FAES. Madrid, 2015. 180 páginas. 15 €
Por Alfredo Crespo Alcázar
Hablar de Konrad Adenauer implica hacerlo de una de las personalidades políticas más significativas, en cuanto que sobresalientes, del pasado siglo. Su figura y legado se ha extendido hasta nuestros días, teniendo dignos herederos, como Helmut Kolh y Ángela Merkel. Por tanto, un primer acierto del autor y de la editorial está relacionado con los criterios de oportunidad y necesidad. En efecto, en momentos como los actuales, con superávit de líderes políticos cortoplacistas, conviene tener presente el modus operandi de aquéllos otros menos mediáticos pero probablemente más constructivos, como el que nos ocupa.
Asimismo, que Ricardo Martín de la Guardia se haya encargado de este trabajo supone garantía de rigor científico. Esta característica la apreciará el lector a lo largo de las casi 200 páginas de que consta el libro, con una extensa parte dedicada a bibliografía. Optar, como hace el autor, por seguir un criterio cronológico en la narración, facilita la lectura. Al respecto, cabe establecer una diferencia entre el primer capítulo (en el que el perfil personal de Adenauer copa buena parte del mismo) y los cuatro restantes, centrados en su trayectoria política.
Igualmente, la obra resulta completa porque no tiene como objeto exclusivo analizar el rol de Adenauer en el proceso de construcción de la Comunidad Económica Europa y de la República Federal Alemana(RFA), sino que a partir de estos dos hechos, Martín de la Guardia explica el escenario, nacional e internacional, en el que se desenvolvió el protagonista. Como resultado hallaremos un certero y riguroso análisis de las relaciones entre Francia y Alemania o de aquellas que mantuvo el político alemán con los diferentes Gobiernos de Estados Unidos posteriores a 1945, más estrechas con la administración de Eisenhower que con la de Kennedy.
En íntima relación con esta idea, aparecen desarrolladas algunos aspectos, como, por ejemplo, la importancia que para Adenauer tenía la OTAN como organización garante de la seguridad en Europa occidental frente a la amenaza comunista procedente de la URSS. Este temor era compartido por los conservadores británicos, como Churchill o Duncan Sandys. Para el canciller alemán, que su país se integrara en las organizaciones supranacionales era una forma de recuperar gradualmente la soberanía.
Adenauer concedía una importancia superlativa a las cuestiones de seguridad y defensa, de ahí su decepción cuando la Asamblea francesa no aprobó la Comunidad Europea de Defensa (CED). Esto, a su vez, motivó que el político alemán adoptara un “perfil bajo” en la Conferencia de Messina, cuya finalidad era relanzar el proceso de construcción europea, actitud diferente a la que adoptó cuando se estableció la CECA. Aún con ello, el europeísmo no lo perdió y, por ejemplo, entendía que la integración europea debería estar abierta a todos los países y no ser, en consecuencia, un proyecto cerrado y limitado exclusivamente a sus miembros fundadores. Este objetivo no lo vio cumplirse mientras vivió debido al veto del general Charles de Gaulle a la primera solicitud de entrada de Reino Unido.
El contexto interno alemán también aparece ampliamente explicado en la obra, en particular, la creación del partido de Adenauer (la CDU) y las relaciones mantenidas con la principal fuerza opositora, el SPD. En este sentido, sobresale la imagen negativa que el canciller tenía de la socialdemocracia alemana (extensiva al laborismo británico) y en particular de sus dos líderes (Kurt Schumacher y Erich Ollenhauer).
En definitiva, un trabajo muy oportuno en la que precisión metodológica y dinamismo narrativo se fusionan en un todo homogéneo capaz de combinar economía, política e historia, acercándonos el pasado para comprender el presente.