Opinión

Ayuntamiento de barullo

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Domingo 11 de octubre de 2015

Decían los antiguos que no hay peor tirano que un esclavo gobernando. El pensamiento español ha desarrollado dos conceptos sobre el esclavo. Por un lado, tenemos el concepto jurídico-administrativo: el esclavo es una persona privada de libertad; por otro lado, Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca conciben al esclavo como persona que tiene “necesidad natural de ser regido y gobernado por otros”, por otros más sabios, cuyo gobierno les sería de provecho. Puede parecernos una doctrina inhumana, ya que implica servidumbre, pero no se trata de despojar a uno de sus derechos y bienes, sino de ceder el gobierno a quien sabe ejercerlo. Siglos más tarde, Kant repiensa esta idea, en cierto sentido, la secularizó y re-bautizócomo “la mayoría de edad” o la capacidad del ser humano para ser responsable de sus actos y de sus palabras. El paso decisivo de Kant es responsabilizar a cada uno por su comportamiento.

Esos conceptos tendríamos que utilizarlos para analizar el salvajismo político que ha entrado en algunos ayuntamientos de España. Es urgente analizar las nuevas formas de servilismo civil o de irresponsabilidad política. Los sucesos que contemplamos en Madrid, Barcelona, Cádiz claman al cielo, pero son una pauta para que analicemos qué tipo de personas han llegado al poder. Las noticias que llegan de los ayuntamientos no pueden ser más alarmantes: las grandes ciudades están regidas por “menores de edad”, como diría Kant, o por “esclavos” según Vitoria. Utilizo estos términos sin la menor intención de insultar a nadie, sino con el afán de comprender el fenómeno social y político. Los que rigen los ayuntamientos han conseguido sus puestos, agarrándose de los cuatro pelos de la diosa Fortuna con más fuerza que un tacaño a su tesoro. Aprovecharon la oportunidad, naturalmente, apoyados por el PSOE, cuya irresponsabilidad es para estudiar en los libros de moralidad.

Es la hora de poner pie en la pared y señalar que el espectáculo de los ayuntamientos de la extrema izquierda es lamentable. Sin duda, son personas bastante dignas y apreciables en los círculos bien cerrados de sus amistades, en privado, pero son despreciables en el ágora pública. No pueden ni con las palabras.¿No ha notado, estimado lector, que las palabras salen muertas de sus bocas? No significan nada ni para los que las pronuncia. Mienten sin darse cuenta, ofenden sin darse cuenta, piden perdón sin saber qué implica el perdón. No son responsables de sus palabras porque no son conscientes del significado que adquieren las palabras pronunciadas por una persona que ejerce el poder. Lo propio de los menores de edad.

¡Qué decir de sus propuestas! Hay varios países donde han probado casi todas las medidas que ellos proponen como novedosas. En México y Venezuela cierran el tráfico para los coches para que miles desúbditos tengan la ilusión que viven en un país “desarrollado”. En Rusia hay días dedicados a los súbditos,que no ciudadanos, para que salgan a limpiar las calles y lugares de uso común, porque el servicio público de la limpieza no existe. El equipo de Carmena parece coleccionar estas medidas de los países más desgraciados para aplicarlas en Madrid. Pero lo más significativo de ellos es el miedo que tienen de los símbolos históricos, esconden bustos y se asustan de la bandera nacional. ¿Veremos una bandera de España cubrir el Palacio de Cibeles como antes la de los siete colores? No. Según el discurso siempre difuso de la portavoz del ayuntamiento, la bandera siempre está presente. Falso. La bandera como otros símbolos del Estado son como fantasmas: nadie las ve, pero “están presentes”. En fin, no es una sorpresa que el día 12 de octubre sea una pesadilla para el personal de ayuntamientos.

El error fatal de estos “políticos” por azar, es confundir a los ciudadanos de España con los súbditos de los países que copian. Ni en Argentina, tampoco en Venezuela hay ciudadanos, tampoco los hubo en la URSS. Estos regímenes políticos no pueden gobernar a los ciudadanos, sino manipular a los súbditos, porque éstos permiten que les traten como a los niños, acallando las críticas, dando un poco de comer o sembrando el miedo de que todo podría ser mucho peor. Insisto: los menores de edad son ellos, los ayuntamientos que no saben gobernar, ni siquiera ser gobernados por ser caprichosos, arbitrarios y analfabetos.

¿Por qué los “ayuntamientos de cambio” venden a los habitantes de que su ciudad es tercermundista, pobre y asquerosa? La respuesta es simple: porque ellos no son capaces de gobernar una ciudad de ciudadanos libres, acostumbrados al bienestar, sino de una ciudad de desarrapados, hundida en inmundicias y suciedad. Sólo con este telón de fondo, su “gestión” puede aparecer como adecuada y hasta beneficiosa. El gobierno es pro bono comuni o no es gobierno. Destrozar lo que funciona no es gobernar. Pintar las servilletas tampoco lo es. Lo mejor, aunque imposible, sería que estos menores de edad cediesen a los que saben su dominio del espacio público y la gestión de las grandes ciudades, tomasen conciencia de su ineptitud y se largasen a gestionar sus cocinas y a gobernar sus mascotas. Algo utópico, pido.