Editorial

Energía solar e intereses creados

Lunes 12 de octubre de 2015
En pocos aspectos de la economía tienen los ciudadanos la sensación de estar pagando las decisiones de otros como en la energía. Las facturas de la luz se han disparado en los últimos años, en parte por el aumento de los precios internacionales que acompañaron a los primeros años del siglo, pero sobre todo a la decisión del gobierno de apostar, de entre todas las fuentes energéticas, por las más caras.

Cada fuente energética tiene sus ventajas, y de hecho el hombre ha pasado de recalar principalmente en la biomasa a recurrir al carbón y, últimamente, al petróleo. A medida que cambian las necesidades humanas y la tecnología, el hombre ha recalado en distintas combinaciones de energías para sus propósitos. Esos cambios tienen una cadencia natural, pero desde la política se ha apostado por acelerar la llegada de las fuentes renovables. Pisar ese acelerador es extremadamente caro como puede comprobar cualquiera sólo mirando la última factura.

Es lógico que el gobierno se plantee una rectificación. Ésta ha de ser lógica y ordenada, y debe acompañarse de una labor de pedagogía frente a la demagogia volcada desde hace años. Lo que no acaba de tener sentido es el giro que le ha dado a la regulación de una de estas energías renovables, la solar fotovoltaica. Se ha producido un desarrollo tecnológico importante en las baterías, de la mano de una importante compañía automovilística californiana, que hace más atractivo para ciertas viviendas el uso de placas solares. Esto permitiría que estas viviendas e instalaciones no sólo generen parte de la energía que consumen, o toda ella, sino que hagan contribuciones netas a la red. Pero para éstos, el gobierno ha creado un nuevo gravamen que castiga esa aportación al sistema.

Según un reciente informe elaborado por Ren21, el 59 por ciento del aumento neto de capacidad de generación en 2014 se corresponde con las energías renovables, con el viento, el agua y el sol como protagonistas. Las inversiones que se realizaron en los últimos años en la energía solar, motivados por los altos precios del petróleo (eclipsados recientemente por una nueva abundancia), han permitido que los costes de generación lleguen a ser competitivos frente a otras fuentes, en ciertas regiones. De acuerdo con un informe de British Petrolium será plenamente competitiva en 2035, y será la energía renovable que más crezca hasta 2040, según la Agencia Internacional de la Energía. De modo que no se le puede dar la espalda.

Si el fomento de las energías renovables a costa de los consumidores es una decisión antieconómica, este freno fiscal a la energía solar es contradictorio, perjudica de nuevo a los consumidores, y parece diseñado para proteger intereses más poderosos. El Gobierno ha sido advertido de todo ello, pero no ha rectificado. Es lamentable que sea así, pues da la impresión de plegarse a los intereses creados, parciales, frente a los generales, precisamente en vísperas de unas elecciones generales. Si quiere dar una impresión contraria, su comportamiento debe acompañar su discurso.

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