Opinión

Las élites contra el pueblo

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 14 de octubre de 2015

Nadie caiga en la tentación de ceder a las imaginaciones del miedo, casi tan absurdas como las de la esperanza, y por supuesto mucho más tristes y penosas. Sin embargo, caemos permanentemente en las sombras más ridículas del miedo y de las esperanzas vanas. Se diría que el ser humano está compuesto de un amasijo de miedos y esperanzas. Yo caigo, un día sí y otro también, en una esperanza muy española. Ya se ha convertido casi en un tópico de lo políticamente correcto, a saber, las élites políticas e intelectuales, nos repiten y nos repiten los tipos bien-pensantes de este reino, son un reflejo más o menos exacto del pueblo, del buen pueblo, español. Falso. Es una mentira fácil de desmontar. Raro es el día que no me encuentre una prueba que me indique que las élites, las sedicentes élites, van por un lado y el pueblo español por otro.

La mayoría del pueblo es trabajador, se dedica con cierta profesionalidad y vocación a su trabajo, paga sus impuestos y, cuando lo requiere la ocasión, participa en una tarea común, demuestra creer en un proyecto en común, o sea tiene una idea y un sentimiento de patria. No creo que pueda extenderse esas actitudes y aptitudes a sus élites: basta ver lo que roban los políticos, las abundantes sentencias injustas de los jueces, la dejación de funciones de los funcionarios, las mentiras que propalan algunos medios de comunicación, etcétera, para hacernos cargo de la verdad que encierra la historia de España: “o lo hace el pueblo o no lo hace nadie”. También el comportamiento indolente que algunos profesionales del periodismo es digno de ser citado como mal ejemplo de ciudadanía: denuncio, sí, la mala retransmisión televisiva del desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre.

Sentí vergüenza ajena de la realización del programa de TVE. Me extrañó que apenas diesen imágenes del público. Del pueblo. Llegué a pensar que había poca gente. Por eso, nada más acabar el desfile, salí a la calle a ver el ambiente. Las grandes avenidas y las calles estaban abarrotadas de personas. Jóvenes y mayores, niños y viejos, familias enteras portaban banderas de España. Miles de personas habían asistido al desfile y se dispersaban pacíficamente hacía sus casas o lugares de ocio. Eran los otros protagonistas del desfile, pero televisión española, la televisión a las órdenes del Gobierno, los había ocultado. Es como si TVE tuviera vergüenza de sacar al pueblo al lado de sus Fuerzas Armadas. Es como si TVE quisiera fracturar el vínculo entre la población y su ejército. Es como si TVE, la televisión del Gobierno, no le gustase el pueblo que sale a celebrar su nación. Las escenas en la televisión del desfile me dejaron mal sabor de boca, sencillamente, porque la realización de la Primera Cadena de TVE sacaba a las Fuerzas Armadas, al Jefe del Estado y al resto de autoridades del Estado, pero, por desgracia, el principal protagonista de la fiesta, el pueblo, no existía para los responsables de TVE. Una vez más, como en múltiples ocasiones, el pueblo soberano de la nación española era dejado al margen, al cabo de la calle, por unas “élites” que no hacen honor a su nombre.