Opinión

El ojo negro de España

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

José Antonio Ruiz | Viernes 16 de octubre de 2015
A la hora punta en punto, a punto está de cumplirse, como si fuera una premonición, la profecía mexicana de Dalí, que en cierta ocasión confesó, mientras se atusaba el bigote con el dedo corazón erecto, que no soportaría vivir en un país más surrealista que su propia pintura.

Días de infamia a cuenta de la “democracia” callejera. Intifada catalonide. La borregada como fuente de legitimidad. ¡Viva Catalunya Única e Inmortal! –gritaría el general Sanjurjo. TV3, la televisión del régimen, rinde tributo al NODO, nostálgica del franquismo y del republicanismo bananero. El «ruralismo tribal» (García de Cortázar), no parece tener límites, ni conocer el sentido del ridículo.

Barcelona, rompeolas de todas las Españas, con dos cojones en la frente, los mismos que parece tener la señora alcaldesa para convertirse en censora oficial del Reino. El Ayuntamiento veta la exhibición de una valla publicitaria donde aparece Morante de la Puebla reencarnando al genio de Figueras. La regidora incorregible, esa eminencia, dechado de virtudes y principios teologales, alega como burda justificación de la canallada que el consistorio es contrario a las corridas (de toros) porque ama más a los animales que Cara Delevingne.

A ver si va a resultar que el mito del coño de la Bernarda no es una leyenda urbana que se inventó un trovador mamado, extraviado entre barrancos de la Alpujarra granadina y almeriense, sino un atributo histórico demostrable empíricamente. Ahora que el sexo ha dejado de ser tabú y la revista del conejo ha decidido dejar de publicar fotos de Evas al desnudo, los nuevos caudillos parecen obsesionados con la idea de posar en pelotas.

En una recreación hortera de Novecento, como corderos siguiendo los pasos del cabrero, cuatrocientos alcaldes escoltaron a Arturo enarbolando la vara de mando a la altura del cogote, tal cual majorettes, hasta las puertas mismas del Palacio de Justicia, coincidiendo con el 75 aniversario del matarile de Companys y con la verbena provinciana del Premio Planeta, que ha recaído en un libraco de una colega del mismo Albacete titulado Hombres desnudos. Tots son Mas! No se puede llegar a menos.

Día llegará que muchos de los palmeros que ahora babean al libertador de la triste quijada, que es más de derechas que don Antoñito Maura, el de la Semana Trágica, le darán un abrazo, como Felipe a Barrionuevo y Vera, bajo el dintel de la cárcel de Guadalajara, o mismamente del penal de El Dueso. Es lo menos que merece por azuzar a la turba, que está pidiendo a gritos el desembarco de los antidisturbios en la punta del nabo del Tibidabo.

A otro al que se le ve venir sin necesidad de que se desvista, es al tal Roca, a pelo y a lana, como la rosa de Alejandría: con una mano defiende a la hija del Rey emérito y con la otra le soba el lomo a Irene Rigau, a las puertas del juzgado, donde, como Mas, habían sido convocadas la consejera de Enseñanza y la exvicepresidenta de la Generalidad, Juana Ortega, para explicar su papel en la mascarada del 9 de noviembre, día de vencimiento de opciones y futuros.

Va a ser eso: la culpa la tienen los voluntarios, como en la Barcelona olímpica del 92. A algunos les pasa lo que a la tal Maica, la secretaria de Correa, el de la Gürtel, que va la chorla y se retracta en sede judicial de las acusaciones que vertió sobre Pío García Escudero, el presidente del Senado, alegando que se vino arriba después de empinarse tres tragos que le predispusieron a soltar por su boca «lo que no está en los escritos».

La revolución del tres por ciento no da más de sí, pero hay que ver lo que jode. Toda la dignidad política que queda en Catalunya, si es que acaso queda alguna, debe de estar disuelta en el fondo del foso del castillo de Montjuic como los azucarillos del maestro Federico Chueca. ¡Que sea una de aguardiente!

Semana para enmarcar de aquella manera, en un cuadro barato del IKEA. Arancha Quiroga, la bella presidenta de los populares vascos, mon amour, dimite, acusada por muchos de los suyos de sufrir el síndrome de Estocolmo. Otra damisela, la colega Álvarez de Toledo, se descalifica a sí misma con un artículo en El Mundo titulado «No iré en las listas con este presidente», en referencia a Mariano, que no creo que tuviera ninguna intención de incluirla como candidata por Faes. Una tercera dama, Irene Lozano –me ahorro la rima-, periodista de puerta giratoria como Cayetana, pero en moreno ensortijado, anuncia que irá en las listas del PSOE de Pedrooo, después de haber puesto a parir a Sosa Wagner, el de la pajarita, en otra gloriosa carta donde retratada quedó. Una cuarta señora, Yolanda Barcina, deja la presidencia de Navarra y ficha por Movistar Plus, o sea, por Telefónica, como consejera “independiente”, aun no teniendo ni puta e idea de televisión de pago pues es doctora en Farmacia. Una quinta aguerrida manola, Aguirre Esperanza, vuelve a reivindicarse en el foro de la Villa y Corte, incansable al desaliento: «Yo bailé en El Hormiguero antes que Soraya». Y una sexta columnista, Inma Cuesta, se rebela contra el exceso de retoque fotográfico, aun a sabiendas de que está mejor con Photoshop.

No parece que el abajo firmante tenga vocación de misógino, pero al lado de todas estas señoras, Montoro es un bendito, aunque de vez en cuando, en lugar de tomarse un Lexatín, le da por desahogarse, se suelta la melena y manda un recado a Aznar, el mismo que se bajó del tiovivo y que en lugar de colgar las botas como Raúl y dejar en paz a la tropa, se empeña en seguir dando lecciones al parvulario pepero: «¡No moleste! Estamos operando», eufemismo elegante que evita hacer uso del ¡Váyase usted a tomar por el culo!

España, en Marte, como Matt Damon. El problema no es que los androides sueñen con ser humanos, sino al revés. España como extravagancia, sigue empeñada en saltar al vacío. Y el día menos pensado se va a hostiar. Al tiempo. O sea.