Opinión

Vendimia contra Oktoberfest

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 17 de octubre de 2015

En otoño siempre se reproduce la batalla entre el vino y la cerveza. Yo opto por el primero. Ahí va mi argumento. Es un brindis por el vino y con el vino. La agricultura es arte sofisticado. Más difícil todavía si es cultivada como un negocio. Para prosperar es imprescindible el conocimiento y la paciencia, la tenacidad y la fuerza, además de mucha suerte, esa suerte que proporciona las condiciones climáticas propicias para el cultivo de una u otra planta. Del duro trabajo y del azar depende la cosecha, que fácilmente puede echarse a perder o dar abundantes frutos. La agricultura requiere dedicación diaria durante todo el año. Pero sería exagerado caer en el pesimismo. La labor es ardua, pero grata también. Es precisamente ahora, en el mes de octubre, una de las más agradables épocas para los agricultores y especialmente para los viticultores, que recogen las cosechas. La vid se libera de sus frutos que prometen convertirse en vinos generosos, sean blancos, tintos, espumosos, dulces o secos…

La Vendimia es una celebración de historia milenaria que pierde sus raíces entre las ruinas del Imperio Romano. España, que supo aprovechar los mejores avances de aquella civilización, no echó al olvido una tradición tan popular. Las vendimias se celebran por todo el país empezando por la última semana de agosto en Requena, pasan por Valdepeñas, el primer productor mundial de vino, por Jerez de la Frontera, Ribera de Duero, San Mateo de Logroño, La Rioja alavesa, Rueda, Toro… Numerosas localidades albergan los pasacalles, verbenas, muestras y catas, mercadillos medievales o contemporáneos de productos regionales y trajes tradicionales. Todas esas manifestaciones en torno al vino son un festín para el paladar y, sin duda, son motivos de reflexión para el historiador y el etnógrafo. Difícil, si no imposible, es conocer al pueblo sin participar en sus fiestas.

Hablando del carácter de la Vendimia es menester distinguirla de otra fiesta, la Oktoberfest, que hoy está en auge de popularidad. La Oktoberfest no puede jactarse de tan larga tradición: proviene de unágape, organizado para los vecinos de Múnich con motivo de la boda del rey Ludwig con la princesa Teresa, celebrada en 1810. Al año siguiente, junto a una carrera de caballos, se organizó una feria agrícola, pero la tradición no cuajó, sufrió muchas interrupciones causadas por los conflictos militares y por las epidemias. Como un festejo que siempre atraía masas, desgraciadamente ha sido objetivo prioritario de actos terroristas. Hoy día la celebración se ha expandido por todo el mundo gracias a la industria cervecera, siempre al acecho de cualquier ocasión para aumentar el consumo, y por la propia naturaleza del festejo que no tiene más rituales que juntar mucha gente y tener los locales bien provistos de viandas y cerveza.

Por su parte, la vid y el vino han creado toda una cultura popular y científica. No es suficiente el vino y el yantar para la fiesta. Lo imprescindible es el conocimiento tanto de la planta y su fruta, como del vino y el vinagre. La vertiente científica de la fiesta se refleja, por ejemplo, en las visitas que nos ofrece el Real Jardín Botánico, en Madrid, hasta diciembre. El público se pondrá al corriente de la investigación que lleva a cabo el Consejo Superior de Investigaciones Científicas sobre la vid y el vino.

El vino para España siempre fue importante, pero en la época moderna esa relevancia ya queda reflejada en las ordenanzas de Hernán Cortés de 1524, redactadas poco después de la toma del Tenochtitlán, donde después de trazar las obligaciones militares de los moradores de la Nueva España dice lo siguiente:“Ítem: que cualquier vecino que tuviere indios de repartimiento sea obligado a poner con ellos en cada un año, con cada cien indios de los que tuviere de repartimiento, mil sarmientos, aunque sean de la planta desta tierra, escogiendo la mejor que pudiere hallar; entiéndese que los ponga e los tenga prestos y bien curados, en manera que puedan frutificar; los cuales dichos sarmientos, pueda poner en la parte que a él le pareciere, no perjudicando a otro; e que los ponga en cada un año, como dicho es, en los tiempos que conviene plantarse, hasta que llegue en cantidad con cada cien indios, cinco mil cepas; so pena que por el primer año que no los pusiere o cultivare, pague medio marco de oro aplicado como dicho es; e por la segunda, la pena doblada; e por la tercera, pierda los indios que asi tuviere.” No olvidemos que, aparte de ser una bebida grata al paladar, el vino es un elemento clave para las ceremonias religiosas. Las ordenanzas de Cortés unen con una costumbre ambos lados del Atlántico, donde en tierras lejanas la vendimia brota como la Fiesta Nacional en algunos lugares, por ejemplo, en la provincia Mendoza, Argentina.

Mientras la vid se aclimataba poco a poco en tierras lejanas, en la Península el siglo XVI fue prodigioso para la ciencia y cultura. Un rápido recorrido de los tratados de aquella época muestra la riqueza extraordinaria del pensamiento y la belleza áurea de la lengua española. El cardenal Cisneros, gran colaborador de la reina Isabel, reformó varios campos del saber, entre ellos la agricultura en general y la viticultura en particular. El Cardenal encargó al talavereño Gabriel Alonso de Herrera (ca.1470-1539) un tratado sobre las labores agrícolas y acertó en el encargo, porque la Obra de Agricultura (1513) es una de las muestras más tempranas y más logradas del tratado científico escrito en español y no en latín. El autor así explica su elección de la lengua: “mal se podían aprovechar dello [del libro] las gentes labradoras, que apenas saben qué cosa sean letras, estando en otro lenguaje que a ellos es del todo ageno..." Muchos filólogos consideran este libro una obra maestra desde el punto de vista estilístico. La prueba de su éxito son 14 ediciones en el siglo XVI, 5 en el XVII y 3 en el XVIII, sin contar las numerosas traducciones divulgadas por toda Europa en latín, italiano y, por supuesto, en francés.

Gabriel Alonso de Herrera amplía las ediciones de 1528 y 1539 con la información sobre los problemas económicos de la época. He aquí donde topamos con las típicas quejas de un buen español: “Mas en España es la gente de poco cuidado, que por la mayor parte no se saben aprovechar sino de lo que naturalmente se nace, […] No sé si lo hace alguna mala constelación que tenemos los españoles o poco cuidado de lo venidero”. Una de las mejores ediciones es del año 1818, está disponible en la página web del Real Jardín Botánico. Si el lector abre el libro II En que trata qué tierras, aires y sitios son buenos para las viñas… encontrará toda una enciclopedia vitivinícola que trata de los linajes de vides, los sarmientos, “el arte de podar” y “manera de escavar”, “maravillosos secretos para enjerir las vilas” y precauciones para ingerir los vinos ya que “en grandes cuantidades es ponzoñoso, amengua las fuerzas, enflaquece los nervios, mata el calor natural”.

La tradición marcada por la Obra de Agricultura fue aprovechada por los ilustrados del siglo XVIII y los científicos del XIX, que quedaron maravillados por la precisión de las observaciones de Herrera. No da para menos: Herrera fue uno de los felices escritores que lograron unir lo práctico y lo teorético de la agricultura. Para los experimentos y observaciones le servía su jardín granadino, que gozaba de mucha fama, y sus obras escritas destronaban sin miedo a los prestigiosos hombres de ciencia, si éstos contradecían los datos comprobados por la experiencia. La centuria ilustrada continuó la tradición inaugurada por Herrera con curiosos estudios: la Carta físico-médica, en la que se explica que es vino, sus principios elementales, su variedad, los efectos que causa.. (1784) del Dr. don Thomas de Aranguren y la Memoria sobre la viña, su plantación, propagación, reparación, conservación, enfermedades, accidentes, cultivo, y vendimia en el principado de Cataluña (1797), leída a la Real Academia de Ciencias Naturales, y ArtesÚtiles de Barcelona por Joseph Navarro Mas y Marquet.

Actualmente la larga tradición de la vendimia queda plasmada en una fiesta popular, pero sutil, a pesar de que la comilona del Oktoberfest, de poca tradición y ausente sutileza, le ha robado el protagonismo. Una pequeña venganza de los cohors germanorum contra las tradiciones romanas.