El secretario de estado norteamericano, Jonh Kerry, confirmó ayer en el transcurso de su vista oficial a España que iba a realizar “labores de mediación” entre Israel y Palestina. No es éste un campo en el que la administración Obama haya obtenido progreso alguno en los últimos tiempos. De hecho, la sintonía entre el líder estadounidense y Benjamin Netanyahu es ciertamente mejorable, por no decir pésima.
Además, esta vez la tensión tiene un origen y un desarrollo diferentes. Así, la llamada Intifada de los cuchillos es una variante desconocida hasta la fecha: no hay un grupo concreto que reivindique u organice -pese a que algunos de los atentados hayan sido perpetrados por miembros de Hamas o de los Mártires de Al Aqsa-. Por contra, supuestos “lobos solitarios” atacan en cualquier momento tanto a militares como a civiles desarmados, convirtiendo cualquier rincón de Israel en un objetivo potencial de ataque.
No ha habido, pues, actuaciones bélicas al uso entre el ejército israelí y milicias palestinas, sino una oleada de atentados contra ciudadanos israelíes. Más que mediación, lo que debe hacer Kerry es instar a la Autoridad Palestina a que controle a los suyos y ponga fin a una dinámica cuyas consecuencias pueden ser muy negativas.