Los madrileños dominaron pero sufrieron al no sentenciar. Por Diego García
Se engalanó el Vicente Calderón para acoger la traca que la fortuna le ha malquerido imponer al Atlético de Madrid en esta primera vuelta de la presente edición de la Liga española. El Valencia completaba los dos primeros meses de competición en los que la ribera del Manzanares ya había visto a Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Se desplegaba sobre el verde una
confrontación entre dos aspirantes a alternativa en el campeonato con diversos puntos de cocción en el desarrollo del proyecto institucional y deportivo. Desembarcó el bloque valenciano en la capital para medir la consistencia de un equipo con dificultad para mantener una inercia positiva en este inicio de ejercicio, inmerso en la tradicional turbulencia de vestuario. Los pupilos del
Cholo, por contra, disfrutaban de la opción adecuada para inyectar confianza a la reconstrucción de la idea de juego y ampliar la sensación de regularidad tras la marejada sufrida en el prólogo de calendario.
Diego Pablo Simeone apostó por mantener el esquema (4-4-2) y la intención de solidificar la cohesión defensiva, mostrada con excelencia en Anoeta, para morder en intensidad y a la contra. Así,
Carrasco entraba en el once pegado a la cal con Koke abrigando a la insustituible pareja Gabi-Tiago.
Jackson obtenía la titularidad como compañía fija y fijadora de la movilidad de Griezmann. Juanfran y Filipe se verían abocados a un esfuerzo exigente de ida y vuelta frente a homólogos tan dotados en la fase ofensiva como Gayá y Cancelo. La altura de la presión, eficacia en al coordinación de los movimientos y precisión en el manejo del cuero resaltaban como líneas rojas para el equipo que pretendía regresas a los escaños de acceso a la Liga de Campeones en esta misma jornada.
Nuno Spirito Santo eligió para afrontar esta salida la superpoblación de la medular. No quiso encerrarse sino bloquear las líneas de pase por acumulación y dotar de talento en la creación a su centro del campo para controlar el ritmo a través de la posesión. De este modo situó el técnico luso a Danilo como ancla, Enzo en pararlelo, como apoyo y primer elaborador, y Parejo y
André Gomes en el rol de interiores. El 4-4-2 quedaba culminado por dos delanteros flexibles como
Santi Mina, segunda punta, y Rodrigo, referencial. Los carrileros debían afanarse con sus interiores para sobrevivir en la búsqueda de superioridad por banda. La unidad en el repliegue y el cuidad del cuero marcaría la evolución de un examen de altura para la inestabilidad experimentada por los levantinos.
Arrancó el envite con un
ejercicio de personalidad del Valencia, que quiso domar el ardor inicial
colchonero a través del cuidado del balón. Subía líneas de manera radical el conjunto dirigido por Simeone y, sin el esférico, hacía lo propio el club visitante, quedando la exigencia de precisión elevada al grado sumo. Bajo este paraguas de intencionalidad se manejó el equipo
ché, que abrió fuego a través del remate no alcanzado por poco por Mustafi, después de una falta lateral painada en el minuto 3.
Con el ritmo disparado y la reducción de espacios reluciente, el riesgo a la espalda de los ambiciosos laterales quedó latente. El Valencia apoyaba su calma incluyendo a Gayá y Cancelo en la elaboración de la medular pero la vigilancia al espacio ofrecido tras pérdida se antojaba primordial ante un
Atlético cómodo en el repliegue y salida en este tramo inicial. Una pared en vuelo entre Koke y Filipe concluyó con el remate del canterano, en soledad y desde el centro el área, para la parada repleta de reflejos de Doménech. Ahondó Carrasco en el modelo tratando de ajustar al segundo poste el chut desde la frontal después de un despeje defectuoso en el 10.
Se tornó trompicado el duelo cuando los sistemas buscaban el avance vertical ante la imposibilidad de entrada por los colapsados carriles centrales. El esférico era levantino en circulaciones inocuas y el riesgo a la contra del combinado madrileño no cedía vigencia. No obstante, un robo que Gabi convirttió en transición fue cortado,
in extremis, por Mustafi en el 15. La intercepción rebosante de potencia derribó a Griezmann y el colegiado entendió la confrontacion como falta y cartulina para el condicionado central alemán.
El intercambio de imprecisiones tomó forma en el balcón de la primera media hora. Hubo tiempo en este intervalo de dominio valenciano, en la posesión sin respuesta, para que Rodrigo probara suerte en el 20. El delantero trazó una diagonal y lanzó desviado desde el pico del área tras un balón al espacio de Enzo. Parecían
empezar a hacer daño las asociaciones entre líneas entre Danilo y los interiores visitantes, que conseguían filtrar pases a la posicion de mediapunta ocupada por Gomes y Mina. Oblak conjugó la consiguiente llegada por centro venenoso de Cancelo en la primera elaboración en estático que desestabilizó el orden colchonero.
El Atlético reaccionó abandonando su postura de achique para elevar la altura de la presión al tiempo que arribaba el primer punto de inflexión: Rodrigo caía lesionado en solitario en el 22 de juego. Alcácer, un perfil de delantero distinto, ocupaba su escaño y restaba movilidad a la punta de lanza de las circulaciones valencianas. El avance de líneas local significó de manera instantánea superioridades por la banda derecha. No en vano, cosechó un córner Juanfran que lanzó Gabi y mandó a las nubes Giménez, en soledad, en el 23.
Se matizó la conversacvión por el dominio de la pelota en base a la deflagración de intensidad rojiblanca y se replegó el partido, desprovisto de una gestación sistemtica de llegadas. El equilibrio prevalecía sin dominador del
tempo en la medular en este intervalo y con el Atlético adelantando líneas para incomodad el temple asociativo visitante. El ascenso de revoluciones madrileñas, las posesiones enfangadas en la horizontalidad
ché y en la imprecisión en la transición local subrayaban lo complicado de romper por el centro. A estas alturas de envite tan
sólo se generaba peligro a través de las múltiples pérdidas en la circulación.Giménezrobóycedió envueloaGriezmann,quedisparó arriba desde la frontal en el 28.
Sobre este paisaje incierto, con un avance asimétrico de los vatios, la penalización de los fallos se esbozaba como decisiva. Y las consecuencias de este paradigma se atestiguaron con ferocidad. Un fallo en el despeje con protagonismo compartido entre Mustafi y Santos desencadenó una situación que convirtió en buena la presión de Jackson. El colombiano no mandó al limbo tan clara ocasión y definió el mano a mano con clase, ajustando su remate al poste izquierdo de Doménech. Se abría el marcador en el 31 de partido ante dos inercias de rendimiento contrapuestas. Había logrado la calma combinativa un Valencia en el primer capítulo, pero no encontraba la manera de recuperarla y los pupilos del Cholo olieron la sangre para propulsar un esfuerzo que no cedería una pulgada hasta el intermedio.
Se rompió la cohesión valenciana ante un esquema que encontraba agujeros por el centro con Koke y Griezmann escalonados. Un pase del canterano descubrió a Jasckson que, con oposición, remató para el despeje de Domenech en una exhibición de reflejos. El cabezazo de Godín al córner de Gabi que sacó bajo palos Gayá -en el minuto 34- mostaraba a un púgil noqueado, desprovisto de seguridad en el repliegue. La apnea de concentración visitante le podía costar el partido en el tramo final del primer tiempo ante un equipo que no quería horizontalidad en el manejo de la pelota sino abrasión en la mordiente sin balón y en transición. Sollozaban los de Nuno sin continuidad con la pelota para respirar en el preludio del segundo golpe local.
Carrasco aprovechó un robo a un Alcácer descontextualizado para derrumbar el físico de Enzo, que cubría el deficiente balance de Cancelo, amagar el pase para hacerse espacio y rematar ajustado al poste desde la frontal para ampliar la distancia y la cosecha. Arrasaba el Atlético en el cambio de ritmo, cómodo en el nuevo escenario, con el tercer gol consecutivo del extremo francés, cada vez más legitimado en la rotación.
Arrancó el descanso un Valencia aturdido. Emergía más intenso el Atlético, que había borrado del mapa la calidad de los creadores valencianos y ganaba por los desajustes defensivos de las piezas creativas, que no ayudaban y descuidaban el fluir del juego colchonero por los laterales y en contragolpe. La red de ayudas interiores rojiblancas cortocircuitaron la circulación visitante de manera definitiva y maniataron la influencia de la calidad en la hoja de ruta global.
Sin cambios se decretó el inicio del segundo acto. Ni de nombres, ni de sensaciones. El bloque entrenado por Simeone lucía superioridad en la ocupación de espacios y, ahora de manera tangible, en la posesión. El resultado no tardó en tomar forma y la cascada de ocasiones empezaron a rebosar el equilibrio valenciano ante el dominio sostenido e intenso atlético. Jackson alzó el telón con un remate desde la frontal que nació desviado por la zaga para el escorzo rectificado de Doménech, que sostuvo a los suyos en un esfuerzo que alcanzó el final del duelo. Mientras que Santos no recobraba el pulso competitivo, el Atlético profundizaba en su juego control aliñando a su circulación con cierta anestesia.
Con el combate virando hacia la guerra de guerrillas en el centro del campo Torres y Bakkali entraron en escena por Parejo -amaestrado por el cierre local- y Jackson -que no consigue romper con puntería su titularidad-. Buscaba Nuno recuperar la amenaza en vuelo -más adelante sentaría a Enzo Pérez para incluir en la fórmula el frenesí de Piatti- pero la pelota seguía teñida de rojiblanco por un equipo que, sin balón, seguía persiguiendo con ferocidad los intentos verticales del contrincante, ahogando los respingos. Griezmann no rubricó la sentencia de la gestión atlética por poco en el 68. Carrasco robó el esférico a Caneclo en el pico del área ajeno y el galo, que se adelantó a todos, remató lamiendo el poste. Sería ésta la última acción del extremo francés, sustituido por Óliver en un intento por construir más fluidez en el cuidado del cuero.
Navegaba en tranquilidad el partido cuando sobrevino el segundo punto de inflexión. Mustafi ejerció de sujeto pasivo de un penalti absurdo en el 71, cuando yacía arrinconado en la línea de fondo. Alcácer no perdonó la ocasión para reducir distancias y los desequilibrios quedaron matizados en un desenlace más ajustado de lo previsible.
Las imprecisiones locales alimentaron la trompicada fase de elaboración visitante. No cambió el rictus el Atlético, sin embargo, y mantenía el nivel combinativo aunque el cansancio comenzaba a complicar la finura en los envíos y en la vigilancia tras pérdida. Pero la superioridad local, si bien no se atisbaba matizada en lo relativo a lo táctico y lo espiritual, no se tradujo en la sentencia, regalando fe a los escurridizos visiantes. Tiago lo intentó en un disparo centrado desde la frontal tras combinación en banda en el 74 y, dos minutos más tarde, Doménech salvaba a los suyos al sacar el remate de Juanfran. Torres ejecutaría un testarazo desviado en la acción posterior como colofón a la relación de llegadas rojiblancas.
Entró, entonces, el partido en una recta final salpicada de tensión por lo incierto del resultado. Correa gozó de minutos por Griezmann pero no conseguiría ya el Atlético disfrutar de fluidez ni coherencia combinativa para cerrar los tres puntos. Alcanzaría la orilla el conjunto capitalino afianzando su cohesión entre líneas para negar las opciones de remate en juego a un Valencia abnegado en la creación que, sin embargo, dispuso de la pizarra para variar su suerte en tan estrambótico rendimiento. Oblak, que atajó el último centro al área, se erigió en el artífice final del autógrafo a una victoria más sufrida de lo que indicó el guión ofrecido por ambos contendientes en esta noche de domingo.
Sobrevivió el club dirigido por Simeone a las turbulencias inconexas de un Valencia inferior en su actuación colectiva e individual. Los guarismos al cierre del envite entregaron la razón a la profundización en la metamorfosis colchonera: ganó en la relación de opciones generadas (16 a 6), remates a puerta (8 a 1) y en la posesión (50,7 a 49,3 por ciento), quizá la variable que remarca la vehemencia en el intento por mutar la piel para enriquecer las soluciones en el intervalo final de ejercicio.
Ficha técnica:
Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín, Filipe; Carrasco (Oliver, m. 67), Gabi, Tiago, Koke; Griezmann (Correa, m. 81) y Jackson (Fernando Torres, m. 57).
Valencia: Domenech; Cancelo, Mustafi, Santos, Gayá; Parejo (Bakkali, m. 55), Danilo, Enzo Pérez (Piatti, m. 80), André Gomes; Rodrigo (Paco Alcácer, m. 23) y Santi Mina.
Goles: 1-0, min. 31: Jackson; 2-0, min. 40: Carrasco; 2-1, min. 71: Paco Alcácer, de penalti.
Árbitro: Gil Manzano. Amonestó a los locales Yannick Carrasco (m. 52), Juanfran (m. 80), Correa (m. 86) y Gabi (m. 93) y a los visitantes Mustafi (m. 15), Parejo (m. 52), Enzo Pérez (m. 64) y Andre Gomes (m. 84).
Incidencias: partido correspondiente a la novena jornada de la Liga BBVA, disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 54.000 espectadores.