Este domingo 25 de octubre se realizaron las elecciones presidenciales en Argentina. De acuerdo al ritual democrático que se repite desde hace poco más de tres décadas, cuando triunfó Raúl Alfonsín, los trasandinos fueron convocados a las urnas para definir su gobierno para los próximos años. Se trata del modelo que, en lo esencial, han seguido prácticamente todos los países de América Latina -con excepción de la dictadura de Cuba-, que ha tenido consecuencias en la alternancia en el poder y la irrupción de corrientes políticas y líderes que han dirigido los distintos países en el cambio de siglo.
Los comicios de Argentina tuvieron una interesante novedad: por primera vez habrá segunda vuelta presidencial. Hace algún tiempo existió esa posibilidad, pero Carlos Menem renunció a dicha competencia ante la certeza de su derrota, y finalmente resultó elegido Néstor Kirchner el 2003, iniciando una larga etapa al mando de la nación, donde fue sucedido por su esposa Cristina Fernández, quien hasta hoy sigue en la Casa Rosada. Pero hoy las cosas podrían cambiar, aunque el escenario es incierto, considerando además los errores en las encuestas, que daban al candidato peronista como seguro ganador.
Efectivamente, en un resultado que para muchos es una sorpresa, pasaron a segunda vuelta Daniel Scioli, continuador del régimen de los Kirchner, y Mauricio Macri, el alcalde de la ciudad de Buenos Aires. Como ha destacado Álvaro Vargas Llosa, esto podría ser “el fin del kirchnerismo”, más todavía considerando que seis de cada diez argentinos sufragaron por un candidato alternativo al oficialismo (La Tercera, Chile, 26 de octubre). Ya veremos cómo termina esta historia, que tiene fijada la fecha de definición para el próximo 22 de noviembre.
En lo personal, la elección me trajo algunos recuerdos, especialmente en relación a Mauricio Macri, a quien los seguidores del fútbol reconocíamos como Presidente del popular Boca Juniors, que obtuvo algunos títulos en esos años. En una ocasión asistí al estadio de la Bombonera y tuve ocasión de conocer al Presidente del Club argentino.
Sin embargo fue tiempo después cuando pude conversar con Macri algunos minutos. Debe haber sido a fines del 2001 o durante el 2002, si no recuerdo mal. Entonces fue invitado a la Universidad de Oxford, donde yo estudiaba. La reunión fue en el Latin American Centre, St. Antony’s College, donde asistieron profesores y estudiantes que estaban interesados por el proceso político que vivía Argentina, después de una crisis tremenda que había significado cambios de gobierno y problemas económicos e institucionales. Era la época, además, en que Macri decidió ingresar activamente a la política -en esa calidad participaba en el foro académico-, sin dejar sus intereses deportivos y sus labores empresariales.
Ahí nos contó que había decidido emprender un proyecto político que era a la vez de ideas y generacional. Se trataba de convencer a muchos argentinos -habló especialmente de personas del mundo empresarial y profesional- de la necesidad de comprometerse con el futuro del país, de no rehuir los compromisos públicos, convencido de que el potencial humano y las riquezas que todos reconocían en Argentina debían tener un correlato en instituciones sólidas, tanto en la economía como en la política.
Así nació el Compromiso para el Cambio y después el PRO, Propuesta Republicana, que ha ido creciendo y formando coaliciones con el paso del tiempo. Al final de la exposición de Macri me acerqué a conversar con él unos minutos. Le conté que había estado en la Bombonera en el partido mencionado y también le consulté sobre la viabilidad y posibilidades de su proyecto político, en medio de una sociedad que había privilegiado históricamente a los peronistas, y que tenía como segunda fuerza a los radicales, y donde se presentaba difícil la aparición de nuevas opciones partidistas.
Su respuesta fue deportiva y convincente: había que trabajar muy duro y convencer a muchas personas de la necesidad de contar con esa alternativa y, sobre todo, de impulsar las reformas necesarias. Con un realismo tan necesario en política, Macri agregó que se trataba de un proyecto de largo plazo, que había que ir definiendo paso a paso, pero con decisión. A los pocos años ya era jefe de gobierno en Buenos Aires y un precandidato presidencial que esperaba el momento oportuno para dar el salto a la Casa Rosada, que finalmente llegó este 2015.
Como suele suceder en las elecciones, más todavía cuando se presentan tan estrechas, el resultado está abierto. Es entendible el triunfalismo inicial de sus partidarios, así como la desazón y silencio de los gobiernistas, considerando que se trata de un terremoto político de proporciones. En distintos lugares de América Latina se mira con esperanza una eventual victoria de Mauricio Macri, para levantar una alternativa ante el populismo creciente que se da en algunas naciones del continente.
Quizá tiene razón Álvaro Vargas Llosa cuando adivina en los que hoy se inclinan a favor de Macri, que él puede lograr “la transición hacia un modelo de democracia liberal y relaciones internacionales no demasiado distinto del que prevalece en los países de la Alianza del Pacífico”. Sin embargo, todavía es muy temprano para anticipar tanto los resultados electorales como los de un eventual gobierno alternativo al kirchnerismo.
En cualquier caso, las noticias del domingo pasado en la noche fueron un aire fresco en la vida pública, cuyos efectos quedan pendientes por un tiempo. Pero ya es posible apreciar la fuerza de una generación joven que irrumpe en el escenario político con convicciones y decisión. Parte de eso se pudo apreciar en la victoria de María Eugenia Vidal para la Gobernación de Buenos Aires, así como las perspectivas del propio Macri en la elección presidencial de Argentina.