Opinión

El bautismo civil de la Mula Francis

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Martes 27 de octubre de 2015

Entre septiembre y noviembre los musulmanes celebran Aid al-Adha, más conocida como Fiesta del Sacrificio. Degüellan corderos en plena calle para festejarlo, y bien orgullosos que están. Los judíos, por su parte, utilizan también un cuchillo -algo más pequeño, eso sí- en el Berit Milá o pacto de la circuncisión; no creo necesario entrar mucho en detalles.

Están en su derecho, faltaba más. Mas, ay, si alguna celebración católica consistiera en cortar pellejitos humanos o gaznates animales, aquí ardía Troya. Viene a colación del nuevo pueblo español -Rincón de la Victoria, en Málaga- que se ha sumado a la moda de los bautismos y comuniones “civiles”. En el caso de los recién nacidos se trata de darles la bienvenida a la comunidad con un papel que acredita su flamante “ciudadanía”, mientras que la comunión civil festejaría el paso de la niñez a la pre adolescencia.

En honor a la verdad, lo que llaman bautizo civil sí tuvo un precedente en la Francia revolucionaria, aunque no pasó de una mera anécdota y nunca llegó a cuajar. Lo otro, directamente, no se sostiene. En cualquier otro país, algo así no sucedería por dos razones básicas: la primera, somos especialistas en perder el tiempo con estupideces semejantes; la segunda, somos también muy cainitas, y nos encanta atizarnos en lugar de entendernos.

Como católico, sinceramente, todo este asunto me la trae al pairo. Hasta me divierte. Respeto y soy respetado, tanto por no creyentes como por musulmanes cuyo denominador común es que son amigos míos. En cambio, me hacen menos gracia las chinitas constantes que desde la izquierda en su conjunto -cada vez más imbuida de un radicalismo bobo e irracional- nos tiran a los que queremos vivir nuestra fe. Entiendo que un ateo no quiera que a sus hijos les impongan en la escuela pública la moral cristiana, pero sí creo que es importante que se les de una formación integral. Formación que pasa por conocer los orígenes de Europa, sus pensadores, su arquitectura, aportaciones positivas y no tanto, etc. Nadie puede entender la mayor parte de obras del Museo del Prado sin una formación religiosa. Es, simple y llanamente cultura.

Sería ridículo que allí donde gobierna la izquierda se articulasen mecanismos para celebrar circuncisiones o sacrificios rituales “civiles”, ¿Verdad? Pues esto es igual. Una de las festividades judías más entrañables es la de Sucot o Los Tabernáculos, y no por ello los que no practicamos el judaísmo debemos exigir a nuestro ayuntamiento que nos busque una alternativa “civil”. ¿De verdad que no hay nada más importante que hacer que seguir perdiendo el tiempo con estas mandangas? A este paso vamos a acabar yendo al Corte Inglés a consultar la lista de regalos del bautismo “civil” de la Mula Francis, no vaya a ser que los animalistas se sientan discriminados.

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