Luis Alejandre | Martes 03 de junio de 2008
Tras conocerse, a finales de Mayo, la muerte aún no aclarada del todo, del fundador y líder indiscutible de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, Manuel Marulanda (a) Tirofijo, el conflicto que vive Colombia desde hace más de cuarenta años, ha vuelto a ser tema de actualidad. Por supuesto, la noticia tiene una enorme importancia para nuestra querida República hermana, pero también la tiene a este lado del Atlántico.
Marzo, fue un mes terrible para las FARC, ahora que se ha sabido también que Tirofijo murió durante este mes. Se añadió esta muerte, a la de Raúl Reyes fallecido en combate en su santuario ecuatoriano el día uno. El acceso a su ordenador se ha convertido, desde entonces, en una fuente inagotable de informaciones, las últimas fechadas en Febrero e este año. Su previsible manipulación nos obliga, no obstante, a ser prudentes y cautos en nuestros juicios.
Pero, deja clara la relación del grupo terrorista, que quiere pasar por insurgente al margen de la ley, con dirigentes venezolanos y ecuatorianos y define la personalidad del sucesor de Marulanda, Alfonso Cano. Es curioso releer ahora los documentos buscando la personalidad de este antiguo estudiante de antropología, devenido en especie de filósofo del grupo, pero cuya dureza se encuentra ya en la documentación de Reyes, dureza e intransigencia que ya esgrimió en el Caguán cuando Andrés Pastrana llegó a permitir la ocupación de mas de 40.000 kilómetros cuadrados de su territorio en busca de una solución al viejo problema.
También sabemos ahora que planificó atentados en Madrid. Menos sorpresa ha sido el constatar que, precisamente bajo el mandato de Pastrana, ETA y las FARC organizaron “maniobras conjuntas”. La primera se sentía ahogada sin santuarios posibles en España y en Francia y acudió a sus camaradas de las montañas de Colombia.
Por supuesto nos afecta el tema. No sólo por los esfuerzos diplomáticos y de nuestros servicios de inteligencia llevados a cabo desde hace años, especialmente desde la época de nuestro buen embajador Pico de Coaña, sino también por la presencia entre nosotros de una amplia y querida colonia de colombianos. Nos duele que se planifiquen atentados en Madrid, tanto como deseamos la aniquilación de ETA. Pero, diría más. Nos preocupa el futuro, más o menos inmediato, de estos actuales combatientes de las FARC, que puedan reinsertarse si, finalmente, se cierra el capítulo de su lucha armada.
No soy el único que cree que las FARC tienen sus meses contados. A la eficacia política y militar de Uribe, se une el hueco de liderazgo dejado por Marulanda. Añádase a estos factores la errónea política de internacionalizacion del conflicto desarrollada por el Grupo. Los éxitos iniciales de alianzas con sus vecinos venezolanos, ecuatorianos y nicaragüenses les llevó a un falso optimismo mediático, que abrió su hermética disciplina de grupo, que puso en contacto a sus combatientes con otras culturas democráticas, y que a la larga se ha convertido en su caballo de Troya. Quizás estemos hablando, en resumen, de un momento sin retorno, de un punto final.
Decía que me preocupaba la reinserción de sus actuales combatientes, que en gran parte permanecerán en Colombia. Pero debería diseñarse un amplio plan de inteligencia que sirviese de filtro para prevenir su presencia entre nosotros. Gentes acostumbradas a emplear el arma como argumento, pueden aumentar nuestros índices de inseguridad, ya elevados por la presencia de bandas procedentes de países del Este.
Por supuesto deseamos que acabe para Colombia la lacra de este viejo conflicto interno. Por supuesto, también nos preocupan sus consecuencias para España.
TEMAS RELACIONADOS: