Lucía Nieto | Martes 03 de junio de 2008
Y el final de la historia de Manuel Marulanda, alias Tirofijo, no podría haber sido distinto. El guerrillero más viejo del mundo, murió de viejo. Tras su larga aventura de rebeldía campesina, vivió atrapado en la guerra y formó a sus seguidores en esa actitud: dureza, tenacidad, convicción y conducta. La muerte no le sorprendió, por lo que es previsible pensar que no sólo designó a su sucesor, sino que hizo lo posible por dejar un grupo sólido como responsable de su legado. Con su muerte, y dado el escenario actual de debilitamiento de las FARC, puede que, como muchos analistas sugieren, el final de las FARC esté cercano. Sea así o no, lo que sí se inicia es una nueva y convulsa etapa para estos insurgentes marcada por la necesidad de fortalecerse militarmente y de arreciar la lucha y esto, unido al inevitable aumento de la presión del Estado colombiano, agravaría las consecuencias de la situación de violencia que llevamos viviendo durante más de 40 años a causa del conflicto armado y, entre estas consecuencias, la más sensible e importante: la vulnerabilidad de cerca de 500.000 niños a causa del desplazamiento forzado, la pobreza, el hambre y su vinculación y reclutamiento ilícito a los grupos alzados al margen de la ley.
Los grupos armados ilegales -FARC, ELN y AUC, principalmente-, en aras del logro de sus objetivos, no han ahorrado esfuerzos tanto para su supervivencia, como para el éxito de su estrategia de guerra. Y, lamentablemente, un recurso inestimable, dadas las dimensiones que presenta el problema, ha sido el uso de niños para sus fines. Estos niños son usados como correos, hacen labores de inteligencia, son parte del primer anillo de seguridad de los frentes con lo cual se convierten en escudos humanos, hacen el rancho, trabajan en toda la cadena productiva de la coca y son víctimas de abusos sexuales, sus vidas en la guerra están marcadas por la tristeza y la humillación.
Según un estudio de reciente publicación de la investigadora Natalia Springer -febrero de 2008- sobre los niños en las filas de los grupos armados en Colombia, realizado para la Organización Internacional para las Migraciones, cerca de 40.000 niños son parte de las filas de estos ejércitos irregulares y, desafortunadamente, se han encontrado casos en los que también son usados por el Ejército colombiano. Cerca del 42,16 por ciento de las FARC, del 45,25 por ciento del ELN y no menos del 30 por ciento de la tropa de las AUC, están compuestos por niños y adolescentes, o adultos que ingresaron en las filas cuando aún no habían cumplido la mayoría de edad. Ni uno solo de esos niños y adolescentes se vinculó voluntariamente. Los niños se van para la guerra porque se da en su entorno, por el gran impacto del conflicto armado en sus regiones y porque su vinculación a estos grupos forma parte de una estrategia de supervivencia familiar.
La grave problemática está ahí y los riesgos para su agudización e incremento son evidentes. Ya sea por la desmovilización, como estamos viendo con los paramilitares con el proceso de rearme y de nuevas bandas emergentes o, en el caso de las FARC, por necesidad de fortalecerse o por el esperado proceso de desestructuración de la organización, puede haber una atomización de frentes con evidente falta de control. Esto exige actuaciones decididas del Estado mediante el fortalecimiento de las estrategias y políticas de prevención de la vinculación de niños a los grupos armados ilegales y, de optimización de la atención a quienes ya se han desvinculado, garantizando los derechos de los niños y asegurando el alejamiento efectivo de niños y adolescentes del conflicto y de sus consecuencias. Políticas que han venido siendo desarrolladas por diversos organismos del Estado y apoyadas y fortalecidas por organismos internacionales.
Puede que en un futuro no muy lejano, la desmovilización de los paramilitares y la muerte de un líder, que ingresó a la guerrilla con 20 años, den apertura a la posibilidad de finalización del conflicto y que, en dos generaciones como mínimo, nuestros niños tengan opciones de libertad, tranquilidad, felicidad y derecho a una vida digna.
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