Llegas al mundo del vino con un hombre, tu padre, que es un símbolo en la revolución del vino de Rioja, ¿cómo lo vives?
Al llegar de Francia, donde viví y estudie mi carrera, entendí que me tenía que adaptar e integrar en un mundo tan diferente (salté de París al Logroño del año 1984). Humildad, empuje y entusiasmo me ayudaron a llevar la situación. Mi padre fue mi mejor ejemplo de tesón, esfuerzos y sacrificios. Su nivel de exigencia era muy alto y yo diría que su “revolución” era más bien una visión de futuro, razonada y meditada con planteamientos de negocio a largo plazo. El anticipar las situaciones y no dejarse llevar por objetivos cortoplacistas siempre fueron la base de la estrategia. Producir el más alto nivel de calidad y venderlo con su debido posicionamiento y reconocimiento fueron los pilares de nuestra política comercial. Por lo tanto, asumidos todos estos valores, medí su dificultad y total compromiso para responsabilizarme de los mercados de exportación. Mi mejor formación fue viajar por el mundo y aprender de las diferentes culturas para situar nuestros vinos lo mejor posible en ámbitos tan variados.
¿Pensaste en algún momento hacer Bordeaux en Rioja?
Jamás, sería renunciar a la singularidad y carácter de la Rioja y sus variedades cuya tradición tiene su recorrido. Es verdad que tomamos ejemplo en nuestra larga experiencia en Bordeaux al defender desde el principio el valor del terroir. Asimismo, contamos con unos viñedos de más de 35 años de rendimientos controlados y unas pequeñas parcelas situadas en terrazas a 400 y 600 metros sobre el nivel del mar y plantadas de muy viejas viñas de producción tan escasa (14 a 16 hls) que son la esencia de nuestros grandes vinos Gaudium y MC. A lo largo de los años desde la fundación de la bodega en 1970, adquirimos un profundo conocimiento del terroir, su suelo y subsuelo, exposición con el fin de realzar su identidad aplicando las técnicas de vinificación apropiadas.
Llegas a la cabeza de una gran compañía ejemplo de expansión e internacionalización. ¿Qué parte es tu obra?
Quiero puntualizar que, cuando llegué, la bodega estaba en la fase de iniciar su desarrollo comercial. Nuestros mercados se centraban en Europa y Estados Unidos, donde la rotación de nuestros vinos era tan baja que durante mis dos primeros años de trabajo en ese mercado me tocaba quitarles el polvo para darles otro aire. Es decir, la construcción de los mercados se hace paso a paso, piedra a piedra y con mucho trabajo. Por lo menos así fue nuestro caso, una carrera de fondo que llevé durante los 14 primeros años de mi incorporación a la bodega viajando 6 meses al año.
Con el paso del tiempo, la bodega ha ido creciendo paulatinamente, sin prisas ni pausas, mi obra ha sido sostenida por el equipo de la bodega, nuestros importadores y sus fuerzas de venta a los que teníamos que motivar e entusiasmar cuando pocos creían en el valor añadido de los vinos de Rioja y de Marqués de Cáceres.
Hoy hemos ganado un reconocimiento internacional y exportamos el 55 % de nuestra producción a más de 120 países. Este resultado no es un fin en sí mismo sino un mayor compromiso para enfrentarnos a un mundo cada vez más global y competitivo. Esto nos llevó, a raíz de la crisis, a ir a contracorriente seleccionando cada vez más los terruños, uvas y vinos y sacar unas ediciones limitadas que mantienen a la marca en su segmento de prestigio.
¿Cómo se vive a caballo entre España y Francia?
En realidad vivo más en España o en cualquier otro sitio que en Francia (si bien suelo pasar mis veranos en una casa que tenemos en la playa de la Bretaña francesa). No cabe duda de que tengo un bagaje cultural muy francés y un arte de vivir muy español. Tengo que confesar que me siento muy a gusto así, no tengo problemas a la hora de adaptarme a un país u otro. En España vivo feliz, me gusta su gente, la tipicidad del país tan diferente, su gastronomía, hoy admirada por muchos países. Falta, a mi modesto pensar, que España sitúe sus vinos donde se merecen, con el correspondiente valor y distanciarse del volumen y precios de ganga. Conviene mejorar esa asignatura al contar con una oferta a la altura de unos objetivos con tal ambición.
¿Piensas en francés y sientes en español o al revés?
Nuestro cerebro es una máquina que se mueve con sus emociones a la hora de hablar. Según las circunstancias, con quien o donde esté, no tengo ningún problema en hablar, soñar en cualquiera de esos idiomas. Eso sí, no perdí mi acento (irremediablemente francés). A estas alturas de mi vida, ya no hay esperanzas en mejorar la situación. En realidad, tiene ventaja y coherencia: somos la marca de Rioja con mayor influencia francesa (siempre hay que buscar la parte positiva).
Eras más gerente que enóloga, ¿has cambiado algo en el funcionamiento de la bodega?
Tengo la responsabilidad de la presidencia ejecutiva de la bodega: planteamientos y estrategias de futuro, definición de las políticas más apropiadas para nuestra marca, comunicación, relaciones comerciales… son algunas de las principales parcelas, existen muchas más tareas a la sombra de todas esas áreas. En todo caso, en nuestra actividad imperan la coherencia, consistencia de las calidades año tras año, seriedad en nuestros compromisos. Es el legado que nos dejó mi padre y, 45 años después, recobra toda su fuerza y más en las circunstancias actuales cuando se averigua que “todo NO vale”.
En los años de crisis hemos centrado nuestra actividad en mayores selecciones parcelarias y mucho rigor en todos los procesos de vinificación, envejecimientos y afinados en botella. Nuestra producción en Rioja se limita a un estándar cada vez más alto de calidad, en cualquier categoría de vinos que producimos. Así vendemos cada año en el mercado de Rioja todos aquellos vinos que no entran en la selección final de nuestros ensamblajes.
Hemos completado nuestra gama de vinos tradicionales (blanco joven, rosado, semi dulce Satinela, Crianza y Reserva) con una gama de vinos producidos en las mejores añadas y en ediciones limitadas como es el caso de nuestro Gaudium, Mc, el Antea blanco fermentado en sus lías, el Gran Reserva, la gama Excellens, producida a partir de viñedos únicos que recogen condiciones muy variadas al disfrutar de altitudes y exposiciones diversas que dan una gran amplitud de expresión.
Hemos confortado nuestra gama de vinos blancos de Rioja con nuestro albariño, Deusa Nai, y los vinos de Rueda producidos desde nuestra propiedad de 125 hectáreas situadas en la cuna de la apelación. Este año lanzamos nuestro verdejo de Marqués de Cáceres y el sauvignon blanc. Nos motiva mucho la acogida que han recibido y sus excelentes puntuaciones. Ha sido un proyecto que levantamos gracias a los extraordinarios esfuerzos de todos y con un objetivo muy claro para amparar nuestras voluntades: calidad. Pensamos que Rueda tiene potencial para ello y así queremos demostrarlo.
En las visitas a tu bodega se siente la mano de una mujer. ¿Eres consciente de ello?
Contestaría que es inevitable, porque las mujeres tenemos una sensibilidad y creatividad diferentes. Vemos el aspecto estético pero también, y es importante, el práctico. Los pequeños detalles tienen su importancia, su lugar, a la imagen de los grandes vinos. Desde el año pasado iniciamos un proyecto de enoturismo donde defendemos el vino como único protagonista. Por lo tanto, se trata de una visita y catas didácticas dirigidas a todos aquellos amantes del vino o consumidores interesados en descubrir ese mundo tan amplio que abarca muchas emociones.
¿Cómo crees que te ven los riojanos?
Cuando llegué a Rioja me hacía gracia que a mi padre le llamasen “el francés”, y eso que hablaba castellano sin ningún acento, cuando en Francia era “el español”.
Resulta que hoy me pasa lo mismo. Al final, somos nuestras raíces. Que cómo me ven los riojanos, seguro que con una visión bastante diferente de la real. Soy una persona sencilla, pausada y expresiva a la vez, sin tanto glamur. Lo mejor, quizá, hacerle esta pregunta a los riojanos.