El presidente de Bolivia no pierde ocasión de autobombo, cantando todas las bondades de su régimen y lo mucho que ha progresado su país bajo su mandato. Se comprende así que Evo Morales no quiera privarle de seguir avanzando, gracias a sus virtudes de aventajado dirigente bolivariano. Ante esa gran meta, claro está, en beneficio de su pueblo, no va a detenerle la minucia de que la Constitución le impida presentarse a una nueva reelección. La solución es bien sencilla: se reforma la Constitución. Aunque para eso hay que pasar por el trámite de convocar un referéndum sobre si la ciudadanía respalda o no ese cambio.
Pero esto tampoco es problema. Acaba de promulgarse una ley para que dicha consulta se celebre el 21 de febrero de 2016 con la pregunta: ¿Está usted de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución para que la Presidenta o Presidente y la Vicepresidenta o Vicepresidente del Estado puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua? Una consulta que con bastante probabilidad tendrá un resultado positivo para Morales, que maneja con habilidad el discurso populista y no duda en ofrecer toda una panoplia de promesas -otra cosa es que las cumpla- a un electorado predispuesto y necesitado de crearlas. Para abrir boca, el presidente del Senado, José Alberto Gonzáles, conocido como “Gringo Gonzáles”, ya ha dicho que “insta a todas las personas que aman esta patria” a votar por el sí, pues, ha añadido “nos jugamos poco menos que la vida. El futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos”.
La oposición considera que Morales utiliza las leyes en su propio beneficio y que recurrirá a instancias internacionales. Algo que no parece importarle lo más mínimo al mandatario boliviano que ya consiguió, para poderse presentar a los comicios de 2014, que el TC avalara que no se contabilizase su primer mandato, de 2006 a 2009, con el “argumento” oficialista de que Bolivia se había refundado como “Estado plurinacional” en 2009. O sea, que había que empezar a contar desde ahí. De esta forma, Morales lleva en el poder desde 2006 y estará en él hasta 2020. Pero a este rendido admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez le parece poco. Aspira a presentarse a unas próximas elecciones que, de ganarlas -y lo tiene fácil con una oposición débil y fragmentada, un dominio de todos los resortes institucionales, y un gran control de los medios de comunicación-, le mantendrían como presidente hasta 2025. Y seguro que después buscaba la manera de seguir proporcionando “progreso” a Bolivia.