Opinión

Una relación liberal

TRIBUNA

Nacho López | Sábado 07 de noviembre de 2015

“Cuando la mente no tiene nada que ver con el sexo, entonces es sexo puro, inocente, virgen". Osho

¿Quién no ha soñado alguna vez con tener una relación liberal? Antes de emparejarse uno se permitía estar con quien quería y hacer lo que deseaba casi a cada momento, pero la cosa cambia radicalmente en cuanto uno se empareja, se casa o tiene familia. ¿Por qué no podemos seguir satisfaciendo nuestros sueños más exóticos y estar con quien más nos place, aunque solo fuera un día a la semana o un fin de semana al mes?

He de confesarles que yo tengo “una relación liberal”. Mi pareja y yo hemos decidido que sólo se vive una vez y que lo mejor que podemos hacer es disfrutar de la vida lo máximo posible. Si compartir nuestro tiempo libre con otras personas es lo que nos hace felices, adelante. En el fondo nada ha cambiado y muchas cosas han mejorado: antes de conocernos éramos libres de hacer lo que queríamos y ahora también cumplimos esa norma. Además, tenemos lo mejor de los dos lados, juntos y separados, aunque muchas veces el otro no esté de acuerdo con lo que uno hace. Ese es el precio de la libertad.

En un libro sobre escritura de guiones se habla sobre cuatro diferentes “dimensiones” de los personajes: 1- Dimensión pública (lo que todo el mundo sabe de él). 2- Dimensión privada (lo que solo algunos saben de él). 3- Dimensión secreta (lo que sólo él sabe de sí mismo). 4- Dimensión oscura (lo que ni siquiera él sabe de sí mismo). Cuatro capas muy diferenciadas por cada ser humano que habita el planeta. Las dos primeras son conocidas y relativamente accesibles, la tercera puede resultar excitante pero la cuarta llega a ser reveladora cuando se desvela, ya que descubrir lo que se esconde tras la máscara de cada uno de nosotros nos impactaría muchísimo.

Es curioso observar cómo casi todos mis amigos y amigas separados (muchos con hijos) disfrutan de su libertad, y una parte de su vida secreta, como no lo hacían en años. Si han llegado a un acuerdo económico y de custodia decente y se llevan bien con su expareja, la cosa pinta muy bien. Tienen tiempo para sus hijos pero también tiempo para ellos mismos. Reciben toda la atención de sus hijos cuando están solos con ellos y evitan discusiones, desavenencias y demás malos rollos. Cuando les toca al otro padre, disfrutan de su libertad y hacen y están con quien desean. Es como vivir una segunda juventud. En muchas ocasiones tienen libres un par de días a la semana, dos fines de semana al mes y la mitad de las vacaciones; al principio les cuesta desapegarse de sus hijos y delegar, pero en cuanto llevan un tiempo así, la mayoría lo agradece, repito, siempre y cuando haya una buena relación entre las partes (situación difícil pero no imposible). Después de mucha investigación sobre sus nuevos estilos de vida, la pregunta que me surge es: ¿no podría una pareja -con o sin hijos- llevar una relación liberal de este tipo que les permitiera esto mismo? Es decir, un par de tardes a la semana cada uno hace lo que quiere y lo mismo para, ya no dos pero quizás, un fin de semana al mes y una parte de las vacaciones. Imaginen por un momento que pudieran hacer lo que deseen dentro de esos plazos, ¿creen que estarían satisfechos? ¿Podrían compenetrarse con su pareja?

Cuando hablo de una relación liberal, me refiero a una relación no convencional, sin connotación sexual. Creo fielmente que las parejas tienen que tener su independencia y su vida paralela satisfecha. Salir con amigos muy de vez en cuando sin su pareja -ni sus hijos-, irse de vacaciones o de fin de semana, sin su pareja -ni sus hijos-, hacer actividades o tener amigos, sin su pareja, etc. Una relación liberal donde cada uno hace lo que quiere hacer, sin chantajes, deudas emocionales ni reproches. Si mi pareja no quiere venir a la fiesta de cumpleaños de mi padre, que no venga, aunque me fastidie; si quiero pasar una semana de viaje con mis amigos, adelante, ella pasará otra con las suyas. Vivir en pareja no tiene por qué ser vivir en un constante compromiso. Si bien el compromiso les puede unir como compañeros a largo plazo, muy diferente es convertirse en esclavos para toda la vida. Pan para hoy y hambre para mañana.

Mi propuesta es muy sencilla: disfruten de la vida mientras puedan y hagan lo que les place, y si a los dos no les gusta tener responsabilidades e ir a su aire todo el día, hagan turnos. Podrán ser libres a tiempo parcial, como muchos de los padres separados que han renacido después de su separación. Pasen sus vacaciones con quien más les apetezca, disfruten de sus escapadas nocturnas con quien les haga reír o disfrutar, pasen tiempo con quien les aporta y el resto del tiempo, pásenlo con su compañero de viaje, que aún será mucho. ¡Libérense! De convencionalismos y zarandajas, y sobre sexo mejor no hablemos, ya que la vida secreta de cada uno… es precisamente eso: secreta;-)

“No sientas envidia de la felicidad de los que viven en el paraíso de los necios, ya que tan solo un necio pensará que eso es la felicidad”. Bertrand Russell